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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columna

Seamos Realistas; pidamos lo imposible

noviembre 9, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Juan Pablo Reyes, sociólogo

En la “revolución de mayo”, en Francia, en 1968, cuando los estudiantes primeroy, luego, en compañía de los obreros y la mayoría de los ciudadanos, el país se movilizó, en contra del sistema, se escribieron muchas frases que se han usado, por décadas, en otros movimientos, en diferentes partes del mundo.

Una de esas frases, escrita en los muros de Nanterre fue: «No puede volvea dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos»

En las actuales manifestaciones, por el cambio del modelo de desarrollo, que ha agobiado a la mayoría del país, desde la vuelta a la democracia, los chilenos hemos usado, como la frase más convocante, la de “Chile despertó”.

El gobierno y, algunos desde el otro lado de la mesa, no son capaces de entender la profundidad de esta sentencia.

Buscan y rebuscan la manera de “aplacar la protesta”, o, dando la mayor muestrade no entender de que se trata, intentan “volver a la normalidad”, lo que para ellos es, la vuelta a como era el país hace un mes.

Ello no solo demuestra la falta absoluta de comprensión de lo que está pasando pero, más complejo aún, muestra que, aunque la inmensa mayoría “despertó”, aquellos que ocupan posiciones en la institucionalidad política del país, parecen seguir durmiendo o, perplejos con lo que ven al despertar, vuelven a cerrar los ojos, esperando que esa visión solo sea producto de un mal sueño, que ya pasará.

¿Cómo hacerlos entender que esto no pasará? No es fácil, desde el retorno a la democracia se fue gestando una casta política que se entendió, sin mucha dificultad, sobre la base “de la medida de lo posible”, lo que terminó por favorecer la peor desigualdad del planeta, que tiene a Chile como el país más desigual, entre los países de ingresos medios, de acuerdo a cifras del Banco Mundial y el paraíso para el sector empresarial, que goza de ventajas tributarias inexistentes en el mundo moderno, lo que consolida una muy vasta proporción de la población, cuyos salarios ya no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas y, al tener que utilizar más del 70% de sus ingresos para pagar deudas, ha preferido salir a las calles, las que no serán abandonadas fácilmente.

Entonces, los satisfechos esperan que los demás se cansen, como en otras ocasiones. Eso, al parecer, no será tan fácil. Hoy, en la conducción del Estado, se encuentra un Presidente que representa, sin vacilación, todo aquello por lo que las personas han decidido movilizarse: la consagración de un modelo, cuyo nivel de injusticia es tal, que, pareciera ser, que le ha llegado el momento de ser enfrentado, por una población que ya no puede soportar, no solo una vida miserable, sino que abusos, en cada una de las relaciones que tienen que sufrir, día tras día, durante décadas.

Un gobierno sin base de apoyo, una oposición profundamente dividida y un parlamento en el peor nivel de desprestigio, no es un buen mix para enfrentar la crisis.

Lo que no perciben los que debieran avanzar en soluciones a la demanda, que no es por unos pesos más o menos, sino por modificaciones significativas a un modelo demasiado injusto es que, los que ahora marchan, llevan en la conciencia otro referente de las protestas en la Francia del 68, que se escuchaba por calles y fábricas: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.

Eso es lo profundo de esta crisis. “Chile despertó”, por eso no bastará “dar” algo más de esto o aquello, como majaderamente pretende el gobierno, ni el “poquito más”, que responde la oposición que dialoga con el ejecutivo.

En ese marco, el Presidente convoca al Consejo de Seguridad Nacional, para un tema de seguridad interior, lo que solo reafirma la intención de proteger el modelo de injusticia. A balazos, si es preciso.

Desde el mundo de los satisfechos, el mundo empresarial, por cierto, no se da ninguna señal de receptividad de las demandas, confiados, una vez más, en que los políticos, no solo de derecha, los protegerán pues, claro, ello es parte del pacto, que ellos han financiado generosamente.

Mientras esta situación se alarga, más difícil será la solución. Entonces, se requiere, por cierto, que surjan algunos liderazgos que entiendan la situación actual y reemplacen a los que no dieron el ancho y a un gobierno que no cambiará pues, su compromiso, ideológico y comercial, es más fuerte que el Bien Común.

Hay que romper este statu quo, que amenaza con un período largo de inestabilidad. Eso implica ir por el cambio, de las cuestiones más urgentes (pensión; salarios; precios de los medicamentos; congelamiento de tarifas; eliminación del Dicom y el CAE, etc.) y, estas reivindicaciones, deben ir en la dirección de los temas de resolución para el mediano y largo plazo (cambio del modelo y de la Constitución).

Los satisfechos repetirán “Seamos realistas”, esperemos que aparezca el líder que grite “Pidamos lo Imposible”.

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: columna, Crisis en Chile, Manifestaciones sociales

Hacia una nueva Constitución: La «Quinta papeleta» y la casa de todos

noviembre 7, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Roberto Gatica
De tan complejo los problemas es que creo que las soluciones deben ser simples. De tan profundos los problemas, que su transformación o corrección debe ser gradual.
Todo esto no significa ausencia de urgencia, por el contrario, los primero pasos deben ser muy pronto y significativos.
Pronto, en el corto plazo, adoptar los cambios administrativos, legislativos que vayan en el cumplimiento de las medidas más demandadas y de tipo inmediato, algunas más de imagen que de fondo, como la rebaja de la dieta (y de las asignaciones?) hasta la reforma previsional del aumento de cotización y pensión básica.
De estas medidas, varias ya están en proceso y debemos acelerar su resolución e implementación. (voto obligatorio, mejoras al sistema de salud, etc.)
En el otro ámbito, la convocatoria a un plebiscito para el mes de enero de 2020, en el que el país ratifique o no su deseo de un nueva Constitución, con ese resultado, (eventualmente) debemos agregar la «Quinta Papeleta» en el mes de octubre sobre la forma en que implementaremos la preparación de la Nueva Constitución, sea por medio de una Asamblea Constituyente, una Constituyente que incorpora a ¿Parlamentarios?, ¿Alcaldes?(recién electos) y delegados constituyentes (en un 60%), alguna figura que permita la mayor y mejor participación de los ciudadanos.
Sobre lo demás, los detalles y lo que falte que siga el debate, se puede instruir un sistema formal que recaude información y opiniones desde los colegios, alumnos y apoderados, juntas de vecinos, clubes deportivos, sindicatos, universidades, toda organización que agrupe formalmente a la mayor cantidad de personas. Retomar el trabajo avanzado por el Gobierno de la Presidenta Bachelet, es decir comenzar a caminar decididamente y sin detenciones. Todos construimos la «Casa de Todos».//ELF

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Asamblea Constituyente, columna, Editorial, Nueva Constitución, Roberto Gatica

Responsabilidades que asumir

noviembre 4, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

 

Por Cecilia Valdés

Camarada DC

Hemos visto estas semanas como el pueblo de Chile se ha expresado en las calles, cansados y agobiados por un sistema fracasado y que no cumple con los derechos sociales y humanos. En este clamor el mundo político tratamos de interpretar lo que ya no fuimos capaces de hacer. La Democracia Cristiana es quizá un ejemplo de lo mal que se encuentran los partidos políticos de la oposición.

Claro está que no se puede borrar lo que ya hizo, y en eso hay responsabilidades políticas de dirigentes de un partido que se conduce a la deriva sin tener coherencia ni con su historia ni con sus raíces.

Señalo “dirigentes” y no partido porque reivindico a esa base social y política que en regiones y comunas hacen esfuerzos por dar explicaciones y desmarcarse del actuar de sus dirigentes , desde Reforma Tributaria, dándoles privilegios a los más ricos con mínimas compensaciones que en nada se condicen con acortar las brechas groseras de desigualdad, hasta una Reforma Previsional en donde no se cuestiona el sistema sino por el contrario se Fortalece, sin tocar ese 10% por el cual la rentabilidad de las empresas que lucran con la vejez siguen en aumento.

Estamos frente a un suicidio político, de un partido que gracias a sus Dirigentes y la élite se ha tornado poco confiable porque no cumple con representar esa explosión social manifestada espontáneamente en las calles hace ya 15 días y que no va a parar sino existen respuestas que tengan relación con la desigualdad y los abusos del cual son objeto la mayoría de los ciudadanos.

Nos culpan, con justa razón, de traicionar a la gente. Esto ha puesto a los Parlamentarios y representantes populares en tela de juicio frente a sus electores, quienes les piden explicaciones y los emplazan a representar sus demandas.

La autocrítica inexistente, hace que la rabia del ciudadano con la política se acreciente y peor aún ha hecho que la política no pueda, porque perdió credibilidad, representar y canalizar las demandas, conduciendo a una solución. Ese rol lo perdió, y difícilmente lo podrá recuperar, salvo que se vuelva a conectar con la realidad estando dispuestos también a renunciar a sus privilegios. Los que han sido parte del problema deben entender que es necesario que den un paso al costado porque tienen responsabilidad de sus decisiones, de sus acciones y omisiones.

La solicitud de una Asamblea Constituyente para una nueva Constitución, es una muestra nítida de que los cambios que exigen los chilenos y chilenas son Éticos y no cosméticos, ya está bueno de insultar la inteligencia de los Ciudadanos.

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Cecilia Valdés, columna, DC, Democracia Cristiana

La revuelta de octubre: ¿Una crisis de la subjetividad neoliberal chilena?

noviembre 1, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Si bien parte importante de las reivindicaciones y salidas de la crisis se asientan en el trabajo (las pensiones, los ingresos, las prestaciones de salud), el debate social no ha estado focalizado directamente en el trabajo, por ejemplo en el modelo de organización vía redes flexibles y precarias de subcontratación, las condiciones de trabajo y empleo, las relaciones de autoridad o el desgaste.

Por Álvaro Soto Roy

Durante los últimos años, si no décadas, los investigadores de las ciencias sociales, y particularmente los investigadores del trabajo, venimos retratando una cierta “subjetividad neoliberal chilena”, la existencia de ciertas formas compartidas de entender(se), de vivenciar, de justificar y de actuar dentro de la vida social, que de alguna manera son coherentes y funcionales al “neoliberalismo avanzado” que marca tan fuertemente a nuestra sociedad desde hace ya décadas.

Una subjetividad que es el resultado del orden neoliberal, pero al mismo lo reproduce, ofrece buenas razones –éticas, prácticas, existenciales- para actuar dentro de él. Una suerte de equilibrio y correspondencia entre un eje simbólico y un eje material dentro del orden social.

¿Qué representa en este marco el estallido social de 2019? ¿Qué está pasando con aquella “subjetividad neoliberal chilena” detrás de la profunda manifestación de descontento y hastío, de las múltiples demandas que comienzan a esbozarse?

Algunas precauciones antes de intentar describir a ese “sujeto neoliberal” de la postdictadura chilena. La subjetividad que describiremos no corresponde a un sistema ideológico altamente coherente y aceitado, sino más bien a significaciones y disposiciones comunes dentro de prácticas y discursos dispersos y heterogéneos, que los individuos tienden a asumir en diversas esferas de la vida social, y del cual a ratos toman distancia.

Luego, estamos hablando de una subjetividad neoliberal “global”, que tiene expresiones diversas en función de las particularidades históricas, estructurales y culturales en que se desarrollan. De hecho es posible suponer múltiples “subjetividades neoliberales chilenas”, dependiendo de los territorios y las posiciones sociales en que se construyen los actores sociales.

Diversos estudios de las ciencias sociales han permitido construir entonces una descripción de esta “subjetividad neoliberal chilena”, compuesta obviamente de ciertos contenidos virtuosos sobre el sentido de la acción (bastante en sintonía con el sujeto neoliberal “global”), pero que porta también de un cúmulo de vacíos y contradicciones, ciertamente vinculadas a las propias contradicciones económicas, políticas y sociales de cada sociedad (ver Boltanski y Chiapello, 2002; Bröckling, U. 2015; Durand, 2019; Rose, 1990; Walkerdine y Bansel, 2010).

El sujeto neoliberal chileno ha sido descrito, en primer lugar, desde su profunda individualidad. Ante todo valora y enfatiza su propia autonomía, su distancia de pertenencias o ataduras colectivas. En ese sentido es un sujeto despolitizado. Nuestros estudios en el mundo del trabajo dan cuenta de una fuerte autoexigencia por construir un proyecto propio, para el cual la clave está en la capacidad de autogestionarse, de administrar el propio “capital” de competencias.

La vida social y laboral constituye un espacio estratégico en el que me desenvuelvo solo/a, y mucho depende de mi responsabilidad y mi personalidad. Coherentemente, el sujeto neoliberal es profundamente activo, en permanente movimiento. Quienes investigamos el mundo del trabajo hemos constatado en diversas ocupaciones y lugares, individuos muy concentrados en “emprender”, en sus múltiples y flexibles traducciones: estar incansablemente atentos a nuevas oportunidades, hacer crecer las propias redes, demostrar compromiso, desarrollar la propia empleabilidad.

El sujeto neoliberal chileno se concibe a sí mismo en movimiento, en camino a algo mucho mejor, en el que el mérito se transforma en un valor fundamental. Nuestras investigaciones muestran que muchas personas dan sentido a su esfuerzo presente apostando a un futuro distinto, si bien esto no necesariamente implique un plan concreto en el que se esté inmerso.

El sujeto neoliberal, además, vive permanentemente enfrentado a pruebas en las que debe mostrar su valor. El corto plazo inunda la experiencia del sujeto neoliberal chileno, no sólo por el deber de mostrar logros, sino porque en esa dimensión busca además el goce. El consumo se hace central, no sólo porque sostiene el desafío de construir un estilo de vida propio y hedonista, sino porque ofrece una suerte de igualdad social, de ciudadanía.

Pero la investigación de las ciencias sociales también ha logrado identificar tensiones y fisuras de esta subjetividad neoliberal chilena, situadas fundamentalmente en la fuerte desigualdad de la sociedad y en la privatización de las condiciones de vida de los chilenos (Araujo y Martuccelli, 2011, 2012; Ruiz y Boccardo, 2014).

El sujeto neoliberal chileno está inmerso en una experiencia permanente de desgaste, de “desmesura laboral”, al límite de sus esfuerzos, sobreexigido. Se siente permanentemente en riesgo, tanto de no responder, como de que se derrumbe la posición que ha alcanzado. La deuda funciona como cortina de fondo de la experiencia, el eventual fracaso tensiona la experiencia. En investigaciones propias hemos constatado cómo los trabajadores y trabajadoras se presentan como una suerte de “personajes”, siempre desafiados, siempre coherentes a su estilo de vida y a sus convicciones, pero que rápidamente dan luces de una profunda ansiedad respecto del presente y del futuro.

El sujeto neoliberal chileno es un sujeto tensionado. Su apuesta por el mérito se da de bruces con la evidente desigualdad de oportunidades que constata día a día. Su expectativa de horizontalidad en las relaciones sociales se enfrenta a experiencias cotidianas de autoritarismo o abuso, que vive como un agravio a su dignidad personal, como menosprecio, como abuso de poder (Araujo, 2013, 2015, 2016).

Las actuales jornadas de movilización social dan luces de una olla a presión que si bien se presumía encendida, no anticipaba un estallido tan categórico. Lo que se denuncia y demanda en la calle estos días gira precisamente en torno a la dignidad, al rechazo del abuso, al reconocimiento. Todas las causas caben, en cuanto denuncien la obstrucción al sujeto, a su esfuerzo.

¿El actual escenario informa de un giro radical de la subjetividad neoliberal chilena o es más bien una explosión puntual por acumulación en una de tensión acumulada? ¿Se deshacen progresivamente los pilares subjetivos de la autonomía individual, la puesta a prueba, la movilidad, el logro y el goce de corto plazo, o más bien éstos se abren y moldean a nuevos idearios de igualdad y horizontalidad?

Los investigadores e investigadoras del trabajo estaremos atentos a esta evolución. Si bien parte importante de las reivindicaciones y salidas de la crisis se asientan en el trabajo (las pensiones, los ingresos, las prestaciones de salud), el debate social no ha estado focalizado directamente en el trabajo, por ejemplo en el modelo de organización vía redes flexibles y precarias de subcontratación, las condiciones de trabajo y empleo, las relaciones de autoridad o el desgaste. Debates que politizan al sujeto neoliberal chileno.

Mientras tanto, es fundamental atender a las vivencias y reivindicaciones de la movilización social, a las nuevas expresiones de esa subjetividad neoliberal chilena que ha estallado de hastío. Y observar desde ahí el potencial impacto de esta transformación de la subjetividad en los ejes estructurales del orden neoliberal chileno.

Alvaro Soto Roy es investigador del Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías del Poder.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Manifestaciones sociales

Se llenó el vaso: La ceguera de la clase política

octubre 28, 2019 by Roberto Gatica Deja un comentario

Por Roberto Gatica

La Marcha Social, no es una sorpresa, no es nada nuevo, se fue gestando casi como un proceso natural de maduración.

He visto listas de abusos, de injusticias del sistema, nóminas de responsables, todos sumados como si los antiguos abusos los tocara hoy en el recuerdo y en el presente.

Tal vez lo que más maravilla es quienes son los que están en la calle y en las plazas, esos los que no votan, pero no porque si, sino aquellos que nos convino tener fuera, no los motivamos, ni los invitamos, solo los dejamos fuera.

¿Para qué hicimos eso?, ¿Con el objeto de mantener el sistema?, ¿El modelo de SOCIEDAD? Si hasta tuvimos slogan de «rectificar el modelo». No nos gustan las AFP, pero hubo varios que estaban felices en sus directorios. No estamos felices con las Isapres, pero si puedo arrancar de Fonasa y desprestigiar el sistema público, lo hago.

Nada de lo que vemos es nuevo, solo que ahora se llenó el vaso.

Les acusarán de «millennials buscando una épica», de «izquierdistas oportunistas», de «comunistas sin Marx», los acusaran de todo, los denostarán, incluso muchos de los que antes fueron hermanos en las luchas.

A nosotros nos dirán que «inventamos nuevas peleas» porque somos políticos derrotados, a nosotros la derecha nos derrotó dos veces, a nosotros no nos motivó nuestro propio gobierno. Fuimos condescendientes con nosotros mismos, tal vez flojos, aburridos. Dejamos que otros ocuparan los espacios de liderazgo, nos dividimos, incluso nos peleamos.

Aún queda algo de eso, aún se escuchan quienes no han entendido que NO SON EL CENTRO, aún nos dicen «yo lo dije», «yo advertí», «yo propuse hace mucho esto», yo, yo, yo… antes que nada ni nadie, ellos y ellas no logran ver, porque no pueden ver si no cambian, se les ha obligado a bajar su renta de privilegio, pero no todos sus privilegios, no han entendido aún, y no se si lo lograrán entender. Tratan de cubrir sus pobres actuaciones con palabras de comunitarismo, de unidad, apelan a la historia y a los antiguos, pero siguen poniéndose ellos delante.

La realidad que veo es otra, si fueron a las marchas/concentraciones no fueron importantes, si fueron a un cabildo de amigos creyéndose en una reunión de partido, no fueron escuchados, si fueron de analistas a radios o programas de TV, no ha sido importante.

Ellos y ellas ya no son un aporte, deben caminar por la ruta del silencio, creo que eso les haría muy bien.

Nosotros, solo debemos apoyar, incorporar opiniones, tal vez hasta algunas ideas como reacción a lo que escuchamos, pero lo principal Escuchar y aprender.

Luego viene el momento de construir y en eso de reconocer lo que hemos hecho bien y mal, sin justificarse, solo esta hecho. Construir sin protagonizar, construir propuestas y construir una nueva forma de relacionarse.

Se llama ahora un «Nuevo Pacto», «Nuevo Acuerdo Nacional», como se quiera, creo que estamos iniciando un nuevo rumbo, ya no va hacia el norte, ahora regresa hacia nosotros mismo. Chile puede ser un país, puede construirse como una comunidad de hermanos, como un sociedad diversa e inclusiva, tendrá que golpear fuerte el suelo, tendrá que sufrir un poco más, todo esto escuchando y proponiendo, sumando ideas y restando otras, incluso las propias.

¡Aún no hemos conseguido nada!

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: columna, Comentario, Crisis social, Manifestaciones sociales, Opinión, Roberto Gatica

La chispa

octubre 24, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

 

Por Nicolás Preuss

Camarada DC, 

Magíster en economía aplicada, ex concejal y director del Injuv

En La Fontana

Iskra en ruso, o simplemente “La Chispa” en español, fue el nombre que eligió Vladimir Lenin y otros militantes del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia -antecesor de mencheviques, bolcheviques y del Partido Comunista de Rusia- eligieron para denominar al más importante de sus diarios militantes.

En la rusia zarista, los diarios políticos constituían una de las principales fuentes de expansión política y social de la naciente clase política, ilustres como Trotsky, Pléjanov y otros también referenciaban su accionar político y social a través de estos medios.

“La Chispa” proviene de un poema dedicado a los prisioneros políticos anti-zaristas recluidos en Siberia, el lema del periódico se extrajo de aquel poema, y versaba así: “De una chispa el fuego se reavivará”, en una clara alusión al momento en el cual las condiciones sociales permitirían la revolución en la rusia de los zares Romanov.

Hoy, pocos dudarían en hablar de estallido social para catalogar los hechos acaecidos en los últimos días, algunos han realizado analogías como las del estallido de una olla de presión, el alfiler que revienta un globo y otros de similares características. Sin embargo, tanto los estallidos sociales como la analogía a la olla de presión suelen ser explosiones con poca sintomatología, fulminantes y repentinas.

La situación que vemos hoy en nuestro país dista de tener esas características, más bien, responde a un largo proceso de agotamiento de las condiciones sociales presentes en las últimas décadas, hemos construido un país de castas con nula movilidad social, un país donde la distribución del ingreso muestra un GINI de 0,48 siendo el segundo país más desigual de América Latina, un país donde los aranceles universitarios son más altos que los de muchos países europeos, un país que depende del IVA para recaudar el 54% de los tributos, y del cual las familias pagan casi el 80%, representando uno de los impuestos más regresivos del mundo. Construimos una sociedad aspiracional en lo material, porque durante años la forma de movilidad socialmente aceptada ha sido la consecución de objetivos materiales, la obtención del estatus se ha obtenido mediante la ostentación material de la cual se desprenden las relaciones familiares, amistades, laborales y sociales.

Pero todo fuego que se reaviva necesita una “chispa”, y la acumulación de cenizas, en forma de colusiones del confort y farmacias, evasión de contribuciones del propio presidente de la república, los llamados a comprar flores, la desidia de llamar “reuniones sociales” a las necesidades médicas de la población, los llamados a rezar para que las cosas mejoren y decenas de situaciones similares, encontraron su “chispa” en las palabras del Ministro Fontaine, y su lamentable llamado a que la ciudadanía asumiera el alza del coste del transporte público adelantando el horario de su despertar y el viaje a sus lugares de trabajo.

“La Chispa” encontró su fuego, halló sus cenizas y avivó el fuego del malestar ciudadano, pero cuando el día de mañana nos preguntemos por qué llegamos hasta aquí, no olvidemos que cada ceniza, fue una chispa que aportó al fuego.  Y por sobre todas las cosas, no olvidemos que apagar las cenizas, implica pensar en un nuevo modelo que no sucumba ante nuevas “chispas”.

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, DC, Democracia Cristiana, La Chispa, Nicolás Preuss

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