Por Nicolás Preuss
Camarada DC,
Magíster en economía aplicada, ex concejal y director del Injuv
Iskra en ruso, o simplemente “La Chispa” en español, fue el nombre que eligió Vladimir Lenin y otros militantes del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia -antecesor de mencheviques, bolcheviques y del Partido Comunista de Rusia- eligieron para denominar al más importante de sus diarios militantes.
En la rusia zarista, los diarios políticos constituían una de las principales fuentes de expansión política y social de la naciente clase política, ilustres como Trotsky, Pléjanov y otros también referenciaban su accionar político y social a través de estos medios.
“La Chispa” proviene de un poema dedicado a los prisioneros políticos anti-zaristas recluidos en Siberia, el lema del periódico se extrajo de aquel poema, y versaba así: “De una chispa el fuego se reavivará”, en una clara alusión al momento en el cual las condiciones sociales permitirían la revolución en la rusia de los zares Romanov.
Hoy, pocos dudarían en hablar de estallido social para catalogar los hechos acaecidos en los últimos días, algunos han realizado analogías como las del estallido de una olla de presión, el alfiler que revienta un globo y otros de similares características. Sin embargo, tanto los estallidos sociales como la analogía a la olla de presión suelen ser explosiones con poca sintomatología, fulminantes y repentinas.
La situación que vemos hoy en nuestro país dista de tener esas características, más bien, responde a un largo proceso de agotamiento de las condiciones sociales presentes en las últimas décadas, hemos construido un país de castas con nula movilidad social, un país donde la distribución del ingreso muestra un GINI de 0,48 siendo el segundo país más desigual de América Latina, un país donde los aranceles universitarios son más altos que los de muchos países europeos, un país que depende del IVA para recaudar el 54% de los tributos, y del cual las familias pagan casi el 80%, representando uno de los impuestos más regresivos del mundo. Construimos una sociedad aspiracional en lo material, porque durante años la forma de movilidad socialmente aceptada ha sido la consecución de objetivos materiales, la obtención del estatus se ha obtenido mediante la ostentación material de la cual se desprenden las relaciones familiares, amistades, laborales y sociales.
Pero todo fuego que se reaviva necesita una “chispa”, y la acumulación de cenizas, en forma de colusiones del confort y farmacias, evasión de contribuciones del propio presidente de la república, los llamados a comprar flores, la desidia de llamar “reuniones sociales” a las necesidades médicas de la población, los llamados a rezar para que las cosas mejoren y decenas de situaciones similares, encontraron su “chispa” en las palabras del Ministro Fontaine, y su lamentable llamado a que la ciudadanía asumiera el alza del coste del transporte público adelantando el horario de su despertar y el viaje a sus lugares de trabajo.
“La Chispa” encontró su fuego, halló sus cenizas y avivó el fuego del malestar ciudadano, pero cuando el día de mañana nos preguntemos por qué llegamos hasta aquí, no olvidemos que cada ceniza, fue una chispa que aportó al fuego. Y por sobre todas las cosas, no olvidemos que apagar las cenizas, implica pensar en un nuevo modelo que no sucumba ante nuevas “chispas”.







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