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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

La crisis de la Democracia Cristiana: ¿Qué nos dirían Frei, Leighton y Tomic?

octubre 19, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Luis Ruz Olivares

Licenciado en Ciencias Políticas, Administrador Público de la Universidad de Concepción

La Democracia Cristiana nació 1957 a la vida política como una fuerza transformadora que vino a romper la lógica tradicional de derecha e izquierda. Fue precedida por la ruptura de la Falange Nacional con el mundo conservador. Aquello demostró en un puñado de jóvenes una profunda convicción de cambio. Por ello, el presidente Eduardo Frei Montalva siempre pensó en un partido nacional y popular.

Esa impronta ha marcado el derrotero durante más de 60 años. Junto con otros grandes prohombres, como Leighton y Tomic, configuraron un partido que desde su nacimiento ha impulsado cambios sociales, pero siempre desde el principio de la libertad, el respeto a la persona y la promoción de la democracia.

Muy pocos partidos políticos pueden lucir un accionar tan fecundo. La historia del PDC tiene a su haber a tres grandes presidentes de la República, una destacada y variopinta lista de parlamentarios/as y Ministros/as de Estado, insignes dirigentes sindicales, estudiantiles e intelectuales, alcaldes y concejales de gran valer y numerosos hombres y mujeres líderes a lo largo del país. En distintos momentos de la historia republicana de las últimas décadas, el PDC ha sido un actor protagónico en importantes pasajes históricos para los chilenos. Ahí está la “Revolución en Libertad”, el testimonio por la recuperación de la democracia en plena dictadura y también la capacidad de conducir la transición política con eficacia, garantizando estabilidad social y también crecimiento y progreso económico. Es una historia prodigiosa en ideas, acciones y personas que está gravada en la historia grande de Chile.

Sin embargo, debemos reconocer que el presente del PDC es más bien la de un partido fatigado, con escasas ideas y pocos sueños de futuro. Es un presente donde parece primar más los proyectos políticos individuales, más que la fuerza movilizadora de una comunidad política que va más allá de un liderazgo específico. Por cierto, es una responsabilidad compartida que implica una autocrítica que nos debemos hacer todos.

Por esta y otras razones, hoy muchos sostienen que la hora de la Democracia Cristiana llegó a su fin. Que la validez de un partido que nació en una época dominada por la Guerra Fría y la lucha ideológica entre los proyectos capitalistas y marxistas hoy ya no tiene justificación y cabida. Que este partido tradicional de la política chilena ya cumplió su ciclo y que dejó de ser un proyecto de futuro. A esta mirada crítica, se suma una profunda crisis de convivencia interna.

¿Debe morir la Democracia Cristiana? ¿Sus múltiples crisis son insalvables? ¿Debe transformarse como Partido, para dar vida a uno nuevo? Son preguntas que todos nos hemos hecho en estos días de bruma. Pero como cristianos en política, miramos la vida desde la esperanza. En palabras de Charles Péguy, es “nuestra pequeña esperanza que se levanta todos los días”. Aquello nos impele a reflexionar y actuar desde la convicción que una comunidad que le ha dado prosperidad económica, estabilidad social y gobernabilidad política a Chile durante las últimas seis décadas, no puede desaparecer como cualquier instrumento funcional. Esa cultura de lo desechable no aplica a una tradición que se sostiene sobre el valor de la comunidad y la persona que trasciende hasta lo imperecedero.

Por lo dicho, pensamos que la Democracia Cristiana tiene una oportunidad si hace bien, a lo menos, dos cosas: la primera es escudriñar bien la actual composición social de Chile. Es fundamental conocer a este nuevo Chile que anhela cambios, pero en paz y progreso. La segunda es de orden interno. Esta significa revisar un conjunto de ámbitos de su estructura. Son cuestiones que van desde lo organizacional hasta los asuntos estratégicos. Pero existe una cuestión más importante que todas. Y esta tiene que ver con la convivencia y la capacidad de volver a ser comunidad política. Se trata de encontrar la manera de resolver las diferencias desde la fraternidad y lograr actuar en unidad de propósitos. La Democracia Cristiana tiene que recordar que la política es, por sobre todo, una tarea comunitaria y nunca un ejercicio individual. Más aún en un partido que defiende la idea del valor de la comunidad. Como nos enseñó Hannah Arendt al definir que “la política trata del estar juntos y los unos con los otros…”

Si existe real voluntad de superar este momento, cabe la pregunta que todos los democratascristianos debemos ayudar a responder ¿Qué hacer para superar esta crisis y volver a poner a la Democracia Cristiana en el debate sobre el Chile de las próximas décadas? La respuesta es muy simple, pero compleja a la vez. Y tiene que ver con responder, con toda honestidad y convicción, si la Democracia Cristiana sigue siendo un partido necesario para servir a los sueños de los chilenos y chilenas de esta época.

Termino esta reflexión realizada en medio de la tempestad que azota al PDC acudiendo a las raíces, particularmente de aquellos que dieron forma a este movimiento político hace varias décadas. Son tres lecciones que vale la pena recordar.

Primero, Tomic y el valor de la sencillez de los militantes y hombres de Estado. En 1969 Tomic, hizo la siguiente reflexión: “Por lo que toca a mí, declaro con sencillez que todo lo que he sido en la vida pública – diputado, senador, embajador, presidente del partido – se lo debo a mi condición de democratacristiano”.

Segundo, Frei y el valor de la lealtad partidaria frente a las tareas comunes. En 1970 Frei Montalva, al despedirse del gobierno, refiriéndose a sus camaradas parlamentarios, señaló: “Quiero expresar también mi gratitud al Partido Demócrata Cristiano, sin cuyo apoyo no habría podido gobernar. Como entidad política joven ha sufrido el duro choque de la responsabilidad del Poder; y muchas veces el país ha visto más sus fallas que sus virtudes. En los hechos ha demostrado mayor disciplina y unidad para asumir las responsabilidades que muchos de los que lo critican; y, en definitiva, ha sido siempre leal al país, al pueblo y a su gobierno”.

Tercero, Leighton y el valor del esfuerzo y la construcción comunitaria. En 1971 Don Bernardo Leigthon, cuando algunos se retiraron del partido, señaló que: “… Cuando los que se fueron sostienen que el Partido es un instrumento que no sirve, no saben, parece, lo que ha costado formar este instrumento. Años y años; miles y miles de hombres y mujeres; viejos y jóvenes sacrificándolo todo, desde el tiempo restado a sus labores o a su hogar, a su mujer o a sus hijos, a sus padres, hasta bienes materiales que se perdían, sentimientos que se callaban, esfuerzos que se aunaban. Para formar un partido de esta magnitud, amigos míos, ha habido mucho esfuerzo humano acumulado…”

Tomic, Frei y Leighton vuelven a resonar con notable vigencia en medio de la crisis del partido que ayudaron a construir. Ojalá los democratascristianos volvamos a escuchar sus voces para enmendar el rumbo. Aún estamos a tiempo. //ELF

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Una década de cambios: El proceso hacia lograr una nueva constitución para Chile

octubre 3, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reyes

Administrador Público, con estudios de Magíster en Ciencias Políticas y Educación.

Es necesario convertir literalmente a la última década, en el verdadero “hecho político”, el clivaje real que marca la transición hacia una nueva democracia

Es la razón que da épica política al sentido del cambio, porque es la década en que se quebraron los pactos que permitieron dar gobernabilidad al país del 90 hacia acá, quebrando también con ello el sistema político institucional que de ahí surgió, dejando políticamente a la chilenidad sin referentes claros que seguir, quitando esperanzas y poniendo la confianza social en los niveles históricos más bajos que se conozcan

Por tanto, asumir una tesis de mayor anchura histórica se hace necesario, ya no como la certeza de lo que es, a la vieja usanza de las ideología en la “guerra fría”, pero sí como la convicción de una época, para hacer nacer una idea de futuro que sustente la confianza país, para que la paz social sea una realidad necesaria, buscada por todos.

Yo esto lo entiendo así, pues sé que a mí y a otros nos ha dado vuelta la idea, en la necesidad de crear una línea de fuga o de inicio, que permita ver el “big bang” de la estructura socio política chilena del futuro

Hay ventajas de esto y más de una, incluyendo el hecho de construir una visión de país, lo cual es una base firme por sí misma. Pero es que además permita hacer convivir el milagro de supervivencia de la institucionalidad de Pinochet, cosa que no tiene sentido seguir discutiéndole, en su “chapa” de inmortal, porque si algo dijo el 62% y dejó bien claro, es que prefiere el empate a una texto mal hecho y que la confianza no está en las instituciones

Esto es algo que no se puede explicar, diciendo que “caímos en una borrachera octubrista”, haciendo una apelación simplista y básica (bien fascista y espantosa), pues lo que necesitamos es un marco de análisis de mayor calado histórico y explicativo. Siguiendo esta línea se permiten hacer eficaces lo llamados políticos, apuntando a los miedos y a la inseguridad que está asociada siempre a los cambios

Es necesario hacer presente el punto histórico del inicio del cambio, como proceso social, con puntos y datos a la vista, sin dañar los eventos de la década, como mera circunstancia desconexa de otros eventos, sino como una completitud, que da aviso de que está ocurriendo dentro del presente continuo del andar de la nación, que se reveló iniciáticamente, con toda su magnificencia y gracia el 2011

Por tanto, los chilenos han dicho claramente el 4 de septiembre:

“la alternativa que me ofreciste fue mala y pa` juera no má”,

Pero no dijeron que no quieren cambios, no dijeron que le gusta la “C80”, no dijeron “nos gusta vivir así”, éste es un punto que hay que hacer con denuedo y voluntad, porque es inteligente, le da mérito a la nueva generación, pues se les reconoce haber entendido la necesidad de la mayoría que quiere cambios y que la política de hoy es hacer esos cambios.

Lo que estamos proponiendo entonces, es ampliar la tesis del malestar, como factor político, de una generación, de una década, cuyos avances políticos son evidentes, esa es, creo yo, la tesis que hay que sostener

Es importante y necesario, porque es un punto que lo podemos convertir en hito y como si eso fuera poco, también libera a la generación concertacionista de sentirse maltratados, porque esta tesis prueba que los “pisos” que puso la Concertación fueron buenos y justamente es el éxito de esta generación, lo que lo demuestra.

Para ver la línea histórica que permita hacer la trazabilidad de la demanda social hacia la política, es necesario relevar todos los levantamientos juveniles, incluso los anteriores al 2011, como los del 2001 y 2006, hasta el 2011, puesto que los serios y grandes levantamientos populares del 2019, no son entendibles sin éstas agitaciones anteriores, que nos permiten reconocerlo como partes de un proceso político social y que fueron el final espaldarazo de todos los chilenos a la acción de los estudiantes, primero desde las organizaciones de mujeres hasta llegar a todas las fuerzas sociales orgánicas de la comunidad, que nos pusimos detrás de esta nueva generación de líderes y la llevamos hasta donde están hoy, gobernándonos ni más ni menos, pues como haya sido y es hoy, hay que reconocer que quienes nos gobiernan, tuvieron el talento y la fuerza para ganar la tesis, la calle y los votos

Entonces, ¿Qué es lo que el 62% significa? En mi opinión, dice algo que al parecer está en pocos cálculos, esto es la reafirmación y la convicción de los chilenos, en la conciencia social de que posee el poder originario, como que es cada chileno, el legítimo poseedor de la soberanía, de poder darla y de poder quitar la “representación” aunque eso sea quedar en el “status quo” (como ocurrió), lo que demuestra que los chilenos somos más conservadores de lo que verdaderamente estamos dispuestos a confesar

Finalmente, al gobierno le corresponde administrar la política contingente y en esto, me parece que lo que se releva hoy es el Senado (el cual estuvo para desaparecer) como interlocutor válido junto a la Cámara, pues son quienes disponen de la legitimidad en la “C80”, para encauzar la forma que de origen una nueva constitución, surgida del mandato ciudadano original, el cual quedó suspendido en razón del rechazo del 4 de septiembre.//ELF

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Los cuestionamientos a la democracia representativa de la Democracia Cristiana

septiembre 13, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Javier Igor Ascencio

En una democracia representativa como la que tenemos, nuestra participación en la toma de decisiones es indirecta. Se limita a elegir a alguien para que nos represente en las instancias de poder. Y cada cierto periodo, podemos renovar o revocar a ese representante. Pero nunca participamos directamente en la toma de decisiones. En él otro extremo tenemos una democracia directa, donde todos participamos siempre en todas las decisiones. Parece una democracia ideal, pero es poco práctico. Y tenemos la democracia participativa, que es la democracia en la que los ciudadanos tienen mayor participación en la toma de las decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa.

En estos tiempos la democracia representativa está quedando obsoleta, solo pongamos por ejemplo la decisión tomada por la última junta nacional, en relación al apruebo o al rechazo, donde la decisión tomada por nuestro órgano representativo, la junta nacional, fue fuertemente cuestionada. De fondo y de forma se cuestionó que hubiese sido una decisión representativa y no una participativa.

La junta nacional lo integraban 405 camaradas, si consideramos que en la segunda vuelta de la mesa nacional votaron 11.539 militantes, la junta nacional representa el 3.5% de los militantes activos.
Por otro lado el consejo nacional está integrado en total por 51 camaradas, o sea representan el 0,4% de los militantes activos. Entre estos miembros, la junta elige a 18 consejeros (as) nacionales de libre elección, que son electos por la junta nacional, que se transforman en la práctica en representantes de los representantes. Además el 81,2% de estos consejeros (as) son de la Región Metropolitana.

La democracia representativa del PDC va en directa relación con los bolsones de votantes, por ejemplo la región metropolitana tiene el 25% de los integrantes de la junta nacional y diez regiones suman entre todas los mismos 25% de representantes en la junta nacional. (Arica y Parinacota 1,75%; Antofagasta 1,75%; Magallanes 1,75%; Aysén 2,00; Atacama 2,75%; Tarapacá 3,25%; Los Ríos 3,25%; O’Higgins 4,0%;
Ñuble 4,5% y Coquimbo 5,0%)

La Ley Orgánica de Partidos Políticos, exige que exista un órgano ejecutivo, que en nuestro caso es la directiva nacional, un órgano intermedio, que en nuestro caso es la junta nacional. La figura del consejo nacional es solo una definición nuestra.

En resumen creo debemos al menos reflexionar sobre nuestra democracia representativa principalmente nuestras estructuras partidaria, composición y elección de nuestros órganos representativos.
Y definir con claridad los temas donde participara directamente la militancia.

Los tiempos han cambiado, somos pocos los militantes activos y la tecnología vigente permite una participación real y efectiva. No insistamos en la democracia representativa, sino los militantes seguirán exigiendo libertar de conciencia y acción. //ELF

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Recuperación ambiental y social

septiembre 12, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Canals

Exsubsecretario del Medio Ambiente

Entre las primeras reacciones a los resultados del plebiscito del 4 de septiembre, llama la atención el debate en torno al 56,11% de votos que obtuvo la opción Rechazo en la comuna de Petorca. Una paradoja para un sector de nuestro país que ha padecido la escasez hídrica por años y que, supuestamente, el pasado domingo perdió una gran oportunidad, ya que el nuevo texto constitucional garantizaba el derecho de acceso al agua de todos los habitantes del país, y un nuevo estatuto constitucional que priorizaba el consumo humano por sobre los usos productivos. Una comuna símbolo de aquello que una nueva Constitución podía cambiar.

Probablemente las razones del resultado sean múltiples. Algunos hablan de miedo, falta de información, o derechamente de un intento consciente de difusión de fake news. Más allá de las estimaciones de los expertos electorales, es indudable que, desde el prisma medioambiental, las temáticas relativas al cuidado de los elementos de la naturaleza (de “recursos naturales”, en un lenguaje más convencional) exigen, más que nunca, una mirada multidimensional, que aliente una discusión intelectualmente honesta por parte de todos los actores involucrados. Esa discusión debe ser ahora.

Este necesario espíritu cobra aún mayor relevancia en el contexto posplebiscitario y el reciente ajuste ministerial. Si en semanas previas vimos al Presidente Boric y al ministro de Hacienda con una nutrida agenda pro inversiones, los esfuerzos ahora deben redoblarse con foco en la reactivación de nuestra economía, en un contexto internacional y local adverso. Si hasta hace unos meses las definiciones sobre proyectos medioambientales en evaluación podían esperar, hoy no parece adecuado dilatar esas decisiones.

Hace unos días, se esperaba la sesión del comité de ministros para abordar dos proyectos: el de saneamiento ambiental de un paño en Las Salinas, Viña del Mar, y una central hidroeléctrica de pasada en La Araucanía. La coyuntura del cambio de gabinete, que incluyó dos nuevos ministros integrantes de dicho comité, obligó a su postergación. En adelante, el comité tiene otros proyectos por abordar y, si bien se espera de las autoridades un alto nivel técnico en sus definiciones, también se les pide oportunidad y sentido político en su accionar. Cual sea su pronunciamiento de las iniciativas que deba evaluar, el país, las comunidades, los especialistas y académicos, los inversionistas y titulares, esperan señales concretas, que junto con la aplicación de estándares ambientales, permitan despejar las dudas e incertezas instaladas en estos primeros meses. Ello exige claridad de los actores, honestidad en su legítima defensa de los intereses de sus representados y derribar los mitos instalados, para, a partir de los antecedentes científicos y técnicos, avanzar a una nueva y mejor institucionalidad de evaluación ambiental de proyectos.

En el caso de Las Salinas, por ejemplo, se cuestiona la decisión de la institucionalidad ambiental que aprobó la aplicación de un método de biorremediación seguro, validado por científicos regionales y la experiencia internacional de más de 40 años, por una controversia asociada más bien por el destino del terreno luego de su limpieza. Con la evidencia que se encuentra en el propio expediente de tramitación ambiental, no hace sentido mantener un terreno contaminado cuando la solución para su saneamiento puede comenzar ahora.

Esta necesidad de poder avanzar debería ser el propósito de la institucionalidad, frente a la eterna pausa en que se encuentran muchas zonas de sacrificio o comunidades injustamente expuestas a los riesgos ambientales, donde el tironeo sostenido entre algunos activismos y empresas redunda en seguir desperdiciando territorios que podemos y debemos recuperar ambiental y socialmente.

Podemos seguir avanzando en estos desafíos robusteciendo nuestra institucionalidad ambiental, profundizando la participación ciudadana al alero del Acuerdo de Escazú, para transitar hacia un desarrollo sustentable, con participación de la comunidad con transparencia y visión crítica. En definitiva, que no minimice ni olvide los dolores y miedos de la gente de Petorca y de tantos otros en Chile. //ELF

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Es urgente impulsar un plan para reactivar la economía

septiembre 9, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Yasna Provoste 

Senadora DC

Este miércoles se conoció la decisión del Consejo del Banco Central de elevar la TPM a 10,75% alcanzando un peak, que busca bajar la inflación anual que ha subido persistentemente en los últimos meses.

Combatir la alta inflación es una tarea que debemos respaldar para que recuperemos los niveles inflacionarios de 3% en 24 meses más como proyecta el Banco Central.

La inflación especialmente de alimentos afecta principalmente a las familias vulnerables y de clase media; por tanto reducirla en el mediano plazo requiere prudencia con el manejo de la TPM (Tasa de Política Monetaria).

Estamos ya en los niveles máximos y nuevos aumentos probablemente pueden provocar efectos negativos en la recuperación de la economía. Aquí una elevada tasa de la TPM puede generar efectos perversos en la economía y ralentizar en demasía la necesaria reactivación.

El panorama para 2023 es muy preocupante porque las proyecciones de hoy son más negativas que las de junio y el Banco nos informa que para el próximo año proyecta una caída de -1% del PIB.

O sea los próximos 18 meses tendremos números rojos en materia de crecimiento, subsistirá una alta inflación y es necesario entonces impulsar un plan que apunte a la reactivación de la economía de manera sostenible.

Hace ya varios años que nuestra economía está estancada, ha ido perdiendo capacidad de crecimiento, no hay nuevos motores de desarrollo, la inversión en Innovación Productiva y Ciencias sigue en apenas 0,34% del PIB, no hay apoyos productivos a las PYMES, no hay planes de mediano plazo para dar valor agregado a lo que producimos y exportamos, la estrategia de apertura comercial y abrir nuevos mercados está paralizada y pareciera que solo importara el equilibrio de las cuentas fiscales.

La responsabilidad fiscal es una condición necesaria, pero se requiere más, el país requiere una estrategia de crecimiento sostenible en el tiempo que sustente los avances sociales, en materia de derechos sociales.

 

Algunos dirán primero superemos esta crisis inflacionaria y después veamos estos otros temas.

Soy de las que pienso que en las crisis hay oportunidades para salir del atolladero, con políticas de mediano plazo. Es hora de elevar la mirada y buscar consensos que mejoren las capacidades del país a mediano plazo.

Estoy convencida de que estos meses de crisis económica aguda requiere debatir una hoja de ruta común para los próximos meses donde se combinen las medidas de estímulo fiscal con estrategias de crecimiento sectorial que apunten a recuperar la capacidad de Crear empleos que se ha perdido en los últimos meses producto del ajuste provocado por las alzas de la TPM (tasa Política monetaria).

Requerimos para 2023 una política fiscal expansiva, anti cíclica, un presupuesto fiscal contra cíclico con un importante incremento en la inversión pública, pero superemos los problemas de gestión que nos tienen con bajas ejecuciones en regiones, en el MOP, en Salud; pero también se requieren políticas sectoriales que aceleren la recuperación de sectores económicos importantes en turismo, en fortalecer la industria de alimentos, en la minería de cobre y de litio.

Hace algunas semanas CODELCO informó que su producción anual caería en 100.000 a 150.000 toneladas de cobre, eso es una mala noticia para la recuperación económica, pero debiéramos conocer porque está caída de producción y cuales son las medidas remediales que está impulsando la minera estatal.

Debemos exigir para 2023 una potente inversión pública en Innovación productiva para desarrollar nuevos sectores productivos y espero que nueva ministra de Ciencias traiga a este Parlamento esas señales de recuperación productiva.

Esta en nosotras y nosotros como actores políticos transformar ese estancamiento económico de años en progreso sostenible, que sustente el desarrollo con equidad que hace décadas estamos buscando y que avanza tan lentamente.

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¿Y después qué? Escenarios posplebiscito

septiembre 2, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Christian Torres Castro

Director de la Corporación de Promoción Universitaria

El Gobierno debe transformarse con rapidez en el articulador de la continuidad del proceso constituyente, con Rechazo o con Apruebo. De ser el Rechazo, debe articular una nueva fórmula que dé cauce a la construcción de una nueva propuesta constitucional. De ser el Apruebo deberá conducir, primero, las reformas a la nueva Constitución y, en paralelo y después, la legislación de bajada.

Nada de esto es posible sin un gabinete empoderado y capaz de actuar ordenadamente. Se ven tareas difíciles, más aún para un Gobierno que no ha demostrado particular destreza política ni de gestión.

Conforme se acerca el 4 de septiembre, se afianza la idea de que el resultado del plebiscito será estrecho, sin que todavía sea posible prefigurar con plena certeza ese resultado.

Aun así, es posible proyectar algunos escenarios posplebiscito:

De triunfar la opción del Rechazo, una alternativa es avanzar en reformas a la Constitución del 80. Esta idea, sin duda favorita en amplios sectores de la derecha, es lo más parecido al aquí no ha pasado nada. Pareció instalarse con la propuesta de Rincón-Walker de modificar el quórum de reformas a 4/7, pero el peso de la realidad la va enterrando cada día más. Esta opción ya no parece viable, pues generaría un alto nivel de conflicto político y social difícil de canalizar institucionalmente.

Una segunda alternativa es que el Presidente Boric convoque a una nueva elección de convencionales y defina un calendario constitucional sobre la base de la reforma que dio origen al actual proceso. Esta alternativa acotaría los tiempos. Sin embargo, más allá de los deseos del Mandatario, también parece inviable, pues sería fuertemente cuestionada, probablemente objeto de recursos ante el TC y con un Gobierno tratando de imponerla desde una posición de derrota.

La tercera alternativa, que parece la más realista, es que el Gobierno convoque a un plebiscito para resolver el mecanismo de elaboración de una nueva propuesta. Asumiendo que se da por hecho que la decisión de una nueva Constitución es caso cerrado.

Sin embargo, vale consignar que esta alternativa significa embarcarnos en un nuevo proceso desde cero y que implica al menos: plebiscito inicial, 3 a 6 meses; elección de constituyentes, 3 a 6 meses; construcción del nuevo texto, 12 a 18 meses; plebiscito de salida, 2 meses. Para los que han hecho de la incertidumbre el principal fantasma del país, este camino implica al menos casi dos años más de incertidumbre hasta contar con un nuevo texto.

De imponerse el Rechazo, veremos con rapidez cómo desaparece el egótico protagonismo de algunos expersoneros de centro y centroizquierda, utilitariamente cedido por la derecha y que ingenuamente ven en ese resultado la posibilidad de capitalizar el triunfo y de conducir un nuevo proceso político. Nadie más que la derecha capitalizará un eventual triunfo del Rechazo.

De imponerse el Apruebo, creemos que se abren las siguientes alternativas. La primera, consiste en no realizar reformas al nuevo texto y comenzar inmediatamente su implementación y legislación de bajada. Esta alternativa, aunque deseada por algunos enamorados del texto, no parece tener ninguna viabilidad, dados los públicos y transversales compromisos de reforma a la propuesta.

Un segundo escenario es que se inicie un proceso desordenado de intentos de reformas a partir de iniciativas parlamentarias. Esto solo trabaría la posibilidad de hacer las reformas necesarias de manera ordenada y con acuerdos más amplios. Sin embargo, es probable que el protagonismo que algunos parlamentarios puedan buscar, los haga optar por esta alternativa.

Finalmente, la alternativa sensata consiste en que se concuerde una primera etapa de construcción de acuerdos de carácter prelegislativo que permita presentar una batería de proyectos desde el Ejecutivo o desde los propios parlamentarios (pero concordados en lo sustancial), para realizar las reformas tanto al texto permanente como transitorio.

 

Esta alternativa probablemente tenga, como consecuencias, posibles quiebres en la coalición de gobierno y división en la derecha. Por lo mismo, será una oportunidad para ver el liderazgo y la decisión del Presidente para definir finalmente la “hegemonía política” al interior del Gobierno; y al mismo tiempo la vocación que dominará en la derecha en los próximos años.

Un escenario adicional, que esperemos no se dé, es aquel en que cualquiera de las dos opciones se impusiera por un margen amplio, de más de 10 o 15 puntos. En este caso, nos encontraremos con el fortalecimiento de la tendencia más radical dentro de la opción que triunfe.

De ser el Rechazo, aquellos que no quieren un nuevo proceso ni nueva Constitución, sino solo reformas a la actual, intentarán imponer esta postura. Por el contrario, en el caso del Apruebo, serán los puritanos del nuevo texto quienes se verán fortalecidos. Ambas posibilidades apuntan a mayor polarización y conflicto.

En cualquiera de los escenarios probables de Apruebo o Rechazo, este tendrá efectos sobre el Gobierno, que probablemente deberá hacer ajustes a los pocos días del plebiscito.

Lo primero será ordenar la base de apoyo. La o las coaliciones deben concordar un diseño común, de lo contrario, desaprovecharán rápidamente el aire de un triunfo del Apruebo, o se hundirán con mayor profundidad y rapidez que el efecto propio de un triunfo del Rechazo.

En segundo lugar, deberá realizar un cambio en el gabinete, fundamentalmente en el equipo político, además de otros sectoriales evidentemente débiles. Postergar el cambio de gabinete tendrá el mismo resultado que señalamos en el punto anterior.

Finalmente, el Gobierno debe transformarse con rapidez en el articulador de la continuidad del proceso constituyente, con Rechazo o con Apruebo. De ser el Rechazo, debe articular una nueva fórmula que dé cauce a la construcción de una nueva propuesta constitucional. De ser el Apruebo, deberá conducir, primero, las reformas a la nueva Constitución y, en paralelo y después, la legislación de bajada.

Nada de esto es posible sin un gabinete empoderado y capaz de actuar ordenadamente. Se ven tareas difíciles, más aún para un Gobierno que no ha demostrado particular destreza política ni de gestión. //ELF

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