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A reconstruir la centroizquierda

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Opinión

Se llenó el vaso: La ceguera de la clase política

octubre 28, 2019 by Roberto Gatica Deja un comentario

Por Roberto Gatica

La Marcha Social, no es una sorpresa, no es nada nuevo, se fue gestando casi como un proceso natural de maduración.

He visto listas de abusos, de injusticias del sistema, nóminas de responsables, todos sumados como si los antiguos abusos los tocara hoy en el recuerdo y en el presente.

Tal vez lo que más maravilla es quienes son los que están en la calle y en las plazas, esos los que no votan, pero no porque si, sino aquellos que nos convino tener fuera, no los motivamos, ni los invitamos, solo los dejamos fuera.

¿Para qué hicimos eso?, ¿Con el objeto de mantener el sistema?, ¿El modelo de SOCIEDAD? Si hasta tuvimos slogan de «rectificar el modelo». No nos gustan las AFP, pero hubo varios que estaban felices en sus directorios. No estamos felices con las Isapres, pero si puedo arrancar de Fonasa y desprestigiar el sistema público, lo hago.

Nada de lo que vemos es nuevo, solo que ahora se llenó el vaso.

Les acusarán de «millennials buscando una épica», de «izquierdistas oportunistas», de «comunistas sin Marx», los acusaran de todo, los denostarán, incluso muchos de los que antes fueron hermanos en las luchas.

A nosotros nos dirán que «inventamos nuevas peleas» porque somos políticos derrotados, a nosotros la derecha nos derrotó dos veces, a nosotros no nos motivó nuestro propio gobierno. Fuimos condescendientes con nosotros mismos, tal vez flojos, aburridos. Dejamos que otros ocuparan los espacios de liderazgo, nos dividimos, incluso nos peleamos.

Aún queda algo de eso, aún se escuchan quienes no han entendido que NO SON EL CENTRO, aún nos dicen «yo lo dije», «yo advertí», «yo propuse hace mucho esto», yo, yo, yo… antes que nada ni nadie, ellos y ellas no logran ver, porque no pueden ver si no cambian, se les ha obligado a bajar su renta de privilegio, pero no todos sus privilegios, no han entendido aún, y no se si lo lograrán entender. Tratan de cubrir sus pobres actuaciones con palabras de comunitarismo, de unidad, apelan a la historia y a los antiguos, pero siguen poniéndose ellos delante.

La realidad que veo es otra, si fueron a las marchas/concentraciones no fueron importantes, si fueron a un cabildo de amigos creyéndose en una reunión de partido, no fueron escuchados, si fueron de analistas a radios o programas de TV, no ha sido importante.

Ellos y ellas ya no son un aporte, deben caminar por la ruta del silencio, creo que eso les haría muy bien.

Nosotros, solo debemos apoyar, incorporar opiniones, tal vez hasta algunas ideas como reacción a lo que escuchamos, pero lo principal Escuchar y aprender.

Luego viene el momento de construir y en eso de reconocer lo que hemos hecho bien y mal, sin justificarse, solo esta hecho. Construir sin protagonizar, construir propuestas y construir una nueva forma de relacionarse.

Se llama ahora un «Nuevo Pacto», «Nuevo Acuerdo Nacional», como se quiera, creo que estamos iniciando un nuevo rumbo, ya no va hacia el norte, ahora regresa hacia nosotros mismo. Chile puede ser un país, puede construirse como una comunidad de hermanos, como un sociedad diversa e inclusiva, tendrá que golpear fuerte el suelo, tendrá que sufrir un poco más, todo esto escuchando y proponiendo, sumando ideas y restando otras, incluso las propias.

¡Aún no hemos conseguido nada!

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: columna, Comentario, Crisis social, Manifestaciones sociales, Opinión, Roberto Gatica

Ecuador, nuestra obligación es mirar al vecindario

octubre 9, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

El día de ayer, el Presidente de la República Sebastián Piñera, señalaba a los medios que “Chile es un verdadero oasis en medio de una América Latina convulsionada”. No se necesita ser un analista internacional para afirmar que sus palabras tiene una base en que sustentarse. 

Por Gabriel Ascencio 

Diputado DC, presidente de la Bancada

Ex embajador chileno en Ecuador 

A los problemas ya sabidos en Venezuela, ahora sumamos situaciones de quiebre o de peligro de quiebre democrático tanto en Perú, donde el Presidente ordenó la disolución del Congreso y el llamado a elecciones anticipadas, en el contexto de una clase política golpeada por constantes casos de corrupción, y ahora Ecuador, donde un levantamiento indígena y popular, en respuesta a la implementación de una serie de medidas impuestas por el FMI por parte del Presidente Lenin Moreno, obligaron al Gobierno a trasladar su sede de gobierno, por primera vez en la historia de dicho país, desde Quito a Guayaquil.

Pero hagamos algo de historia, en las últimas décadas no han sido pocas veces las que varios países de nuestro continente han enfrentado situaciones similares, ha sido en dichas situaciones en que la colaboración, los buenos oficios, y el diálogo han evitado quiebres mayores y escaladas de violencia, lo que hoy no vemos ante una América Latina dividida y polarizada en dos grandes bloques que se separan de acuerdo a la ideología política que profesan sus líderes.

Realizando un pequeño recuento, fue UNASUR el organismo que, por ejemplo, colaboró, con sus buenos oficios en la solución de diversos conflictos regionales, tales como el intento de golpe de Estado al presidente Morales, en Bolivia (2008); la  defensa de la democracia y del orden constitucional en Honduras, durante el golpe de Estado dirigido por los sectores militares, con el apoyo de EE.UU., que derrocó al presidente Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009; ante el intento de realizar un juicio político al Presidente Lugo, en Paraguay, cuando este destituyera a su ministro del Interior, por la pasividad frente al asesinato de campesinos y policías, por terratenientes que se oponían a las demandas de los campesinos, entre otras.

A pesar de todas estas acciones donde se pudo observar una acción efectiva de UNASUR, Chile se retiró de dicho organismo en junio del 2019, siguiendo a países como Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay y Perú, los que denunciaron el tratado constitutivo de dicho foro. 

Como respuesta a esto, se constituyó el Foro para el Progreso de América del Sur, la llegada de gobiernos de una ideología afín hacen que PROSUR sea integrado por Argentina, Perú, Brasil, Paraguay, Colombia, Ecuador y Guyana.

En Argentina el Candidato a la Presidencia Alberto Fernández ya señaló que se retirarían de dicho organismo de resultar electo, lo que es muy probable.

Sumado a la crisis en Perú y Ecuador, y en el conocido anti multilateralismo del Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, hacen que PROSUR termine siendo un instrumento totalmente inocuo e inútil.

Al observar los fenómenos de fragilidad de la democracia, en varios países del continente, es posible apreciar la inestabilidad propia de naciones que no han tenido, desgraciadamente, un transitar institucional sólido, que introduzca, en sus instituciones y en su ciudadanía, una cultura democrática robusta, que esté en condiciones de responder, adecuadamente, a todo intento de transgresión, como los que vemos en esta hora.

De acuerdo a lo anterior, lo que vemos hoy en Ecuador es una crisis institucional, no un golpe de Estado.

Estas crisis se solucionan con diálogo, hoy en dicho país hermano nos encontramos ante una gran movilización popular, hay manifestaciones de los ciudadanos, que no son golpistas, no tienen las armas, ni tienen tampoco la idea de derrocar a un gobierno.

Lo que quieren es que se ponga fin a situaciones económicas complejas y de relaciones políticas complejas. Ante estas crisis es fundamental el apoyo internacional para buscar salidas dialogadas que eviten enfrentamientos y mayores niveles de polarización en la sociedad.

Chile cometió un error en su política exterior, haberse retirado del Tratado de UNASUR y haber constituido un bloque como respuesta a dicho organismo solo contribuyó al aislamiento de los países en nuestro continente y a impedir que los conflictos vecinales puedan ser solucionados con los buenos oficios del resto de la comunidad de naciones.

Los convulsionados tiempos políticos que vivimos en América Latina requieren colaboración entre los países, y lo más adecuado es convivir en la diversidad y no plantear bloques uniformes determinados de acuerdo a si los Gobiernos de los países son o no de determinada ideología política.

Aún no es tarde para enmendar este error y retomar una agenda de Relaciones Exteriores basada en principios permanentes y de Estado y no determinada a los vaivenes de la política contingente.

Nuestra primera obligación en esta materia es mirar el vecindario.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnista, Gabriel Ascencio, Opinión, Presidente bancada DC

COLUMNA: La esperanza de Palestina está en su diáspora

febrero 7, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

La comunidad palestina en Chile, la más grande del mundo fuera de los países árabes, no puede seguir siendo un espectador del fallido proceso de negociaciones.

Por Jaime Abedrapo
Doctor en Derecho Internacional y director de la Comunidad Palestina de Chile.

La comunidad palestina de Chile, la más grande del mundo fuera de los países árabes, ha comprendido que no puede seguir siendo un espectador del fallido proceso de negociaciones y del irrespeto sistemático al derecho internacional por parte de Israel. No podemos mirar con indiferencia cómo un Estado ignora con total impunidad las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tales como —242, 338, 446, 478, 2334— que buscan el término de la ocupación en Palestina y generar las condiciones para la paz. En vista de ello, y a diferencia de lo que algunos han intentado desvirtuar con ánimo de desacreditar la legitimidad de nuestro quehacer en Chile y Latinoamérica, nuestra tarea seguirá siendo promover el valor de las personas y el derecho que tienen todos los pueblos a la libertad.

Nuestros antepasados palestinos, que llegaron a tierras lejanas como las de América del Sur, nos enseñaron el apego a nuestras raíces culturales y nos dieron una identidad amable, emprendedora y con capacidad de inserción social. Ellos, nuestros padres y abuelos, nos transmitieron el amor por Palestina y nos enseñaron a amar la tierra que nos recibió con generosidad. Por ello, las comunidades de origen palestino han sido un aporte importante al desarrollo de los distintos países en que se han insertado, aportando en todas las actividades de la sociedad desde la política hasta el mundo académico, pasando por las finanzas y las artes, pero ello no ha significado la pérdida de nuestra memoria y origen. En los hechos, el dolor que a diario viven los palestinos nos ha motivado a romper el silencio y a entender nuestro papel ante la Comunidad Internacional.

En este sentido nuestro trabajo, así como el de otras importantes comunidades palestinas de Latinoamérica, ha consistido en convocar la sociedad civil internacional, ya que hemos comprendido que cuando el camino de la diplomacia fracasa incluso en situaciones que están respaldadas por el régimen internacional de los Derechos Humanos y la propia Carta de las Naciones Unidas, no es una alternativa el guardar silencio. La situación actual nos obliga a buscar otros caminos para materializar el anhelo de libertad de un pueblo que por más de 70 años no ha conseguido que se respete su derecho de autodeterminación sobre la tierra en la que ha vivido desde siempre. La libertad es un anhelo compartido por todas las sociedades.

Sabemos que hay pueblos que han sucumbido de distintas maneras a la opresión, algunos esclavizados, colonizados (ocupados), y otros desterrados. Han sido esos pasajes de la historia los que nos han enseñado el valor de la libertad, puesto que ha sido el dominio de tiranías o imperios cuando reconocemos que siempre nuestros espíritus son libres, indomables, sin importar el nivel de la represión. De hecho, no hubo manera de doblegar a libertarios como Nelson Mandela o Mahatma Gandhi quienes justamente alientan la resistencia pacífica en contra del opresor. Son estos los testimonios que nos inspiran en nuestra esperanza por una Palestina libre, y es ese anhelo el que nos moviliza en Latinoamérica.

Las comunidades palestinas situadas en la diáspora nos conmovemos con el coraje de mujeres y hombres que resisten día a día por mantener su identidad, su memoria y su tierra. Es ahí cuando  Palestina adquiere especial sentido y compromiso, ya que han cargado una cruz con todo tipo de humillaciones; limpieza étnica y un sistema de apartheid que se va consolidando en Israel con leyes que, por ejemplo, imponen una lengua oficial –el hebreo– y descartan el árabe, entre muchas otras acciones que excluyen y diferencian entre ciudadanos según su religión y etnia, sumado a la conculcación de un Estado de derecho en Cisjordania y la Franja de Gaza, territorios en donde se infringen sistemáticamente los Derechos Humanos.

Al día de hoy, la situación en Palestina evidencia un fracaso del régimen internacional, y además se está trasformando en la evidencia del proceso de descomposición de los consensos mundiales alcanzados en 1945, ya que hay potencias como Israel que se arrogan el derecho a no limitarse en su actuar ante ninguna norma internacional, incluida la del ius cogens. En efecto, en Palestina se ha permitido que las evidencias de crímenes realizados por Israel queden sin ser investigadas, evitando así cualquier represalia o sanción a su conducta. Crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos se han permitido debido a la geopolítica contemporánea, al sistema de alianzas y amistades por parte de actores centrales en Medio Oriente, dejando a los palestinos en una orfandad.

Ante ello, la sociedad civil adquiere especial relevancia, porque no está condicionada a dichos intereses mezquinos que son capaces de vivir ajenos al dolor del prójimo. En los hechos, muchas diplomacias se complacen sólo con comunicados exhortando a Israel a frenar los ataques en contra de población civil, o lo conminan a que se respete el derecho internacional en vista a una paz justa y duradera, muletilla utilizada por los mandatarios en cada cumbre o encuentro para la búsqueda del fin de la ocupación en Palestina. Pero la realidad es que el drama se perpetúa y el Estado de Israel continúa su proceso de expansión territorial expresado en más confiscaciones de tierras y en el aumento del número de colonos (actualmente superan los 600.000).

Creemos que es tiempo de que cada ciudadano informado y con sentido de humanidad se manifieste y adhiera a la campaña pacífica del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), tal como sucedió exitosamente en la Sudáfrica del Apartheid. Esta acción de la sociedad civil se debe seguir difundiendo e impulsando hasta que Israel modifique su conducta respecto a las detenciones arbitrarias (inexistencia de un debido proceso); leyes discriminatorias en uso de carreteras; transporte público segregado; controles a diario para palestinos (Checkpoints); existencia de un muro que anexa de facto territorio palestino; confiscaciones de tierra; prisión para niños y presos políticos; sufrimiento a través de castigos colectivos en Franja de Gaza; entre otras muchas violaciones a los Derechos Humanos.

La esperanza de Palestina está en la organización de su diáspora, en esos más de cinco millones de palestinos repartidos en todo el mundo que tienen un mismo anhelo y que han comprendido la importancia de su rol. En Chile, así como en toda Latinoamérica, no dejaremos de visibilizar ante la opinión pública la injusta vida que soportan los palestinos, promoviendo acciones pacíficas destinadas a crear las condiciones para que se les otorgue igualdad de derechos y se ponga fin a la ocupación. Sabemos que será un camino largo y difícil, pero mientras existan personas que se reconozcan a sí mismas como humanistas habrá esperanza en la libertad de los palestinos.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Columnas, Jaime Abedrapo, Medio Oriente, Opinión

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