"Ellos están preparando
una fiesta a su retorno
ya nos dieron un suspiro
pero ahora han de quitarlo
No los dejes gobernar
no le entregues el poder
Tras su rostro de bondad
un infierno has de encontrar de seguro" .
(Tata Barahona-No le entregues el poder)
Por Mario Peñaillo Acevedo
Hay gente a la cual le gusta figurar.
Algunos van a llorar a un festival mediocre y venido a menos, otros hacen cartas donde pretenden hablar desde un púlpito al pueblo de Chile como si fueran dueños de la verdad y cuidadores de las tablas de la ley.
Hablan y escriben con arrogancia y ceguera. Se ponen del lado de un Gobierno que no escucha, que viola sistemáticamente los derechos humanos y que no ha sido capaz después de tres meses de hacer los cambios profundos y amplios que la ciudadanía pide.
Hablan y escriben desde sus cómodas oficinas con grandes ventanales, con aire acondicionado en verano y calefacción en invierno, mientras en las poblaciones el pan sigue subiendo, el invierno se enfrenta a punta de parafina y las pensiones de las viejas y los viejos apenas alcanzan para remedios.
Hablan y escriben fijando posición de al lado de aquellos que no quieren cambios ni respuestas al pueblo chileno, que temen la movilización social, la organización popular, los colores, las palabras al viento, los murales y rallados. Prefieren el orden de los cementerios y la calma que no resuelve nada.
Hablan y escriben siendo benevolentes con los grandes intereses del capital, con aquellos que explotan y abusan del trabajador y trabajadora chilena. Que van a entender lo que es andar horas y horas en una micro o que se tiene que vivir con trescientos mil pesos al mes, o que hay que levantarse a las seis de la mañana para ir a buscar una hora al consultorio.
Ni una palabra a los abusos, violencia y muerte vividos por tantos y tantos estos meses. Ni una condena, ni una miserable expresión de “empatía” con quienes han sufrido el dolor y la tortura.
Para que decir si hay una palabra para el momento histórico que vive Chile, los chilenos, la patria que tanto dicen cuidar. No dicen nada. No rechazan, ni aprueban, solo buscan que el orden y los consensos vuelvan a reinar. Su silencio es demoledor y deja clara las cosas. Temen a la violencia, pero sólo a un tipo de ella. Nada que decir de lo violento que es la colusión, la falta de justicia o la desigualdad.
Así están las cosas. Son ellos y nosotros.
En distintas veredas, en distintos mundos.
Una carta que sólo es escuchada por un gobierno desgastado, sin conducción, con un claro problema de legitimidad y con una condena internacional por las violaciones a los derechos humanos que miles de chilenos y chilenas han vivido este último tiempo.
Una carta que nada tiene que ver con Kramer o Mon Laferte o incluso con Javiera Contador, y que mas se acerca al humorista machista y patriarcal que a punta de llantos fingidos y arrepentimientos de media tinta consiguió salir ileso de las fauces del monstruo de Viña.
Una carta, que solo es para ellos.
Mientras ellos seguirán anhelando “Morande con Compañía” o “Sábados gigantes” nosotros seguiremos bailando en las calles, llevando banderas y pañuelos, saltando y cantando “El baile de los que sobran” y “Mi buen amor”.






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