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Ley de Ingreso Familiar de Emergencia

Senado aprueba proyecto de Ingreso Familiar de Emergencia y queda listo para su promulgación

mayo 13, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Durante la tarde de este miércoles el Senado aprobó el veto presidencial al proyecto de Ingreso Familiar de Emergencia.

Los cambios fueron ingresados por el Gobierno y ya habían sido aprobados por la Cámara de Diputados y Diputadas, faltando la apreciación del Senado.

En la instancia se debieron realizar dos votaciones distintas, pues en durante la primera ocasión se abstuvieron 23 parlamentarios, principalmente de la oposición.

Luego, en segunda instancia, también se abstuvo la misma cantidad de senadores, pero finalmente las 23 abstenciones fueron traspasadas a los votos a favor, por lo que se aprueba el veto presidencial de Ingreso Familiar de Emergencia por 42 votos en total.

Por tanto, el veto queda despachado para aplicarse a la iniciativa, que ya se encuentra en condiciones de ser ley de la República.

Al respecto se refirió el senador Juan Ignacio Latorre (RD), quien señaló que el proyecto se aprobó “sin los votos de la oposición. Toda la oposición se abstiene pero el proyecto se aprueba y por lo tanto se le entregan los recursos a las familias”.

“Hemos dicho que es insuficiente, que es una propuesta mezquina. El Gobierno ha sido intransigente porque la ayuda, entre comillas, que está entregando, está por debajo de la línea de la extrema pobreza”, sostuvo.

Asimismo señaló: “¿Cómo le dices la gente que se quede en su casa, que cuide su salud si no va a poder satisfacer sus necesidades más básicas de alimentación en los próximos meses?”.

“Creo que todo el discurso de la nueva normalidad del Gobierno ha fracaso y es hora de que busque verdaderos acuerdo nacionales que protejan la salud de la población con los distintos actores de la sociedad chilena”, indicó.

Al respecto se refirió el ministro Sebastián Sichel, quien señaló que “el día 29 de mayo todos aquellos que han tenido un bono anterior del Estado y les corresponde este beneficio recibirán el pago de forma automática. Un segundo grupo lo recibirá la segunda quincena de junio”.

Beneficiarios IFE

El Ingreso Familiar de Emergencia beneficiará a los hogares informales más afectados por las crisis sanitaria y económica provocada por la emergencia Covid-19, es decir aquellos hogares que:

1. Pertenezcan al 60% más vulnerable en los meses de emergencia, no sean parte de los 10% de mayores ingresos en el mediano plazo, y no tengan ingresos formales por remuneraciones percibidas a causa, por ejemplo, de un contrato de trabajo, pensando en que ellos podrían acogerse a otras medidas que se están impulsando para proteger los ingresos en medio de la pandemia.

2. Sean parte del 40% más vulnerable en los meses de emergencia, que no sean parte del 10% de mayores ingresos según su Registro Social de Hogares, y que perciban ingresos mayoritariamente informales, pero que registran algún ingreso formal bajo. En este caso también se trata de familias que viven en una situación de alta vulnerabilidad durante la emergencia, pero que además de sus ingresos informales reciben, por ejemplo, una pensión baja u honorarios de bajo monto.

3. Hogares que tienen al menos un adulto mayor de 70 años o más con Pensión Básica Solidaria (PBS), que no forman parte de ni del primer ni del segundo universo de hogares que incluía el proyecto inicialmente y que pertenecen al 80% más vulnerable del país según la Calificación Socioeconómica del Registro Social de Hogares.

 

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Coronavirus, COVID19, Ley de Ingreso Familiar de Emergencia, Senado

Veto presidencial a la Ley de Ingreso Familiar de Emergencia: la pauperización avanza

mayo 12, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Benito Baranda

Vicepresidente ejecutivo de América Solidaria Internacional

Lo ocurrido con el veto presidencial a la Ley de Ingreso Familiar de Emergencia es para el Gobierno y Chile como «ganar perdiendo». Lo sostuvimos en una carta abierta un grupo de organizaciones de la sociedad civil y esperábamos una posibilidad de diálogo y acuerdos, tan urgentes como la ayuda que se requiere. Los llamados a la unidad implican desvivirse por alcanzarla. ¿Cómo les explicaremos a personas y familias que viven en exclusión y pobreza, y son vecinos, que unas sí recibirán este ingreso y otras no?, ¿cómo resolveremos la ansiedad por la incertidumbre laboral del invierno y la pandemia, si los ingresos serán decrecientes?, ¿cómo les hacemos entender a miles de colectiveros, feriantes y otras tantas personas y familias que no tendrán acceso a este ingreso de emergencia y que hoy se encuentran sin recursos? La pauperización avanza y tenemos más instrumentos que en el pasado para enfrentarla, hagámoslo con arrojo, si no, dejaremos espacios a la barbarie.

Por experiencia personal, todas aquellas veces en que he actuado con soberbia, las cosas han salido mal, he dañado la dignidad de personas, afectado a instituciones y mi razón se ha obnubilado, debilitando con ello una argumentación lógica que pudiese sostener una discusión equilibrada y que concluyera en un acuerdo y decisión justa. La falta de humildad es una mala consejera, por algo Confucio afirmó que es «el sólido fundamento de todas las virtudes».

En la familia, el trabajo, así como en el barrio y en la vida social en general, el respeto a los demás implica humildad, es decir, tener conciencia de nuestras cualidades, limitaciones, virtudes y defectos, y reconocer la igual dignidad de toda persona. En especial cuando se tienen mayores responsabilidades, más personas dependen de las decisiones de uno, o cuando el impacto de una intervención afectará la existencia de personas, familias y comunidades, es más necesario escuchar para respetar, contemplar la realidad antes de juzgar, y comprender que la inspiración de esas decisiones deben ser el amor y la justicia.

Se dice de la humildad que «es un valor fundamental para convivir armoniosamente en la sociedad». Si es efectivamente así, ¿por qué no la formamos y practicamos con mayor frecuencia? ¿por qué nos cuesta tanto vivirla en nuestro hogar y barrio?, ¿por qué no es considerada como una característica ‘deseable’ para seleccionar a quien liderará alguna empresa, organización o gobierno? Al humilde no se le admira, sí se valora al agresivo y ‘pillo’; al modesto se lo ve como débil e incapaz de llevar grandes tareas adelante; al que tiene paciencia y moderación se lo ve como un gestor que no es para este tiempo de competencia y éxito; al sencillo se lo asocia a ignorante y muchas veces al fracaso. En la sociedad actual «nos va bien si tenemos bienes materiales» (consumimos) y no si vivimos virtudes como la «moderación (prudencia) y la justicia», o si nuestra existencia es «sencilla y honesta».

En democracia, quien gobierna es elegido por sus promesas y poder de convencimiento, quienes lo votan confían en lo que esa persona (con quienes lo rodean) logrará. Las campañas exacerban las descalificaciones, las «trampas», y despiertan en muchas candidatas y muchos candidatos una agresividad llena de arrogancia, hay quienes se sienten superiores y mejores que otros y otras y, para demostrarlo, humillan a sus rivales, buscan destruir su dignidad indagando en su vida privada para denostarlo y provocar escándalo ciudadano (siempre con una cuota de hipocresía). Pero al llegar a gobernar se supone que eso termina, los que asumen el poder lo deberán ejercer para todas y todos quienes habitan la nación.

Hacer la ficción de dialogar sin acordar ni transar es una falta de humildad que hipoteca la confianza y la posibilidad de enfrentar juntos los difíciles momentos que vivimos. Gobernar con humildad podría cambiar el curso de la humanidad y de nuestro país, es un nuevo aire, un «ventilador no mecánico» que nos permitiría salir «mejor parados» de esta y de las próximas crisis que viviremos, permitiría sociedades más igualitarias, disminuiría los conflictos bélicos y ahuyentaría al narcisismo que nos acecha con violencia, destruyendo personas, comunidades e instituciones. Un mundo que ha privilegiado en las últimas décadas un modelo de desarrollo basado en la competencia y el egoísmo, exacerbando ese narcisismo y materialismo, fundado en un pueril orgullo personal y nacionalista, requiere con urgencia lograr un mejor equilibrio entre lo individual y colectivo. La humildad lo permitirá.

Lo ocurrido con el veto presidencial a la Ley de Ingreso Familiar de Emergencia es para el Gobierno y Chile como «ganar perdiendo». Lo sostuvimos en una carta abierta un grupo de organizaciones de la sociedad civil y esperábamos una posibilidad de diálogo y acuerdos, tan urgentes como la ayuda que se requiere. Los llamados a la unidad implican desvivirse por alcanzarla. ¿Cómo les explicaremos a personas y familias que viven en exclusión y pobreza, y son vecinos, que unas sí recibirán este ingreso y otras no?, ¿cómo resolveremos la ansiedad por la incertidumbre laboral del invierno y la pandemia, si los ingresos serán decrecientes?, ¿cómo les hacemos entender a miles de colectiveros, feriantes y otras tantas personas y familias que no tendrán acceso a este ingreso de emergencia y que hoy se encuentran sin recursos? La pauperización avanza y tenemos más instrumentos que en el pasado para enfrentarla, hagámoslo con arrojo, si no, dejaremos espacios a la barbarie.

Tuve la oportunidad, junto a un gran amigo, de ver la película de Alejandro Amenábar Mientras dure la guerra, y en estos días hemos recordado la sentencia de Unamuno: «Vencer no es convencer». El veto huele más a una derrota, un disparo a los pies a la unidad tan solicitada, un fracaso de los acuerdos tan ambicionados. No es este el camino que esperamos del mundo político, estamos frente a una catástrofe que vulnera la dignidad de millones de personas, donde en muchos lugares el Estado ausente da espacios al poder de las bandas delictuales y del narcotráfico. La pobreza nos acecha con fuerza y deteriora la existencia en diversos barrios del país, solo juntos es posible enfrentar estos difíciles tiempos.

Rabindranath Tagore nos enseñó hace ya muchísimo tiempo que “cuanto más grande somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza”. Hoy, lamentamos la ausencia de esa grandeza por los millones de personas que en medio de la inseguridad y con mucho miedo se sienten solas, abandonadas y discriminadas. Aún hay tiempo para enmendar el rumbo.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Benito Baranda, columna, Columnista, Coronavirus, Ley de Ingreso Familiar de Emergencia, veto presidencial

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