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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Cura

Padre Felipe Berríos En La Fontana: «Los curas tenemos que dejar de ser protagonistas y adherir más a la idea de que las mujeres religiosas lleven el pandero»

febrero 29, 2020 by Gabriel Angulo González Deja un comentario

En La Fontana, el padre católico, Felipe Berríos, entrega sus impresiones acerca del rol de la Iglesia durante el estallido social y explica su voz ausente. También aboga por un rol más protagonista de las mujeres. 

Apunta, del mismo modo, a las claves que podrían ir superando la crisis en Chile, transitando hacia un país más comunitario y menos individualista.

Berríos es sincero y dice lo que piensa. Opina de la realidad que lo circunda con opiniones, que puede molestar a parte de la Iglesia más conservadora, pero no se inmuta. Por ende, habla de política, de lo necesario de una una constitución en Chile, sobre religión y fútbol.

No es parte de la jerarquía eclesiástica y prefiere vivir el evengelio predicando con la gente, en sitios donde las personas tienen más necesidades. A partir del año 2015, dejó todo para establecerse en el campamento de la Chimba desde donde construyó una iglesia, en Antofagasta, además de un centro de formación técnica y un comedor que recibe a cientos de niños y permita a sus madres y padres trabajar.

«Cuando en Chile hablamos de la Iglesia, entendemos que nos referimos a la jerarquía, pero en realidad la base de la Iglesia somos todos los bautizados, y esa es la Iglesia que ha estado, y muchos de ellos han protestado, pidiendo cambios. La Iglesia jerárquica es la que ha estado muda, porque en realidad tiene poco que decir. Ha estado poco en contacto con el pueblo de Dios y de ahí su silencio», parte diciendo En La Fontana.

-La Iglesia no ha mandado ningún mensaje de unidad…

-Es que esos mensajes, para que tengan efectividad, tienen que tener autoridad de quien lo dice, legitimada por la gente. Y si la Iglesia se mantuvo en silencio por distintas razones y también cuando le sacaban los ojos a los jóvenes, o cuando se provocaban incendios, bueno, decir ahora algo como un llamado a la paz es como un huevo pasado por agua. Ya no valdría la pena.

-¿El proceso constituyente puede calmar un poco las aguas en esta crisis social que enfrentamos? 

-No hay que dejarse confundir por unos pequeños grupos que pueden armar violencia. Hay que tratar de aislarlos y controlarlos. Yo creo que lo importante es que el pueblo de Chile, que desde el Gobierno anterior de Michelle Bachelet se planteó un cambio constitucional, no es que sea algo que estén pidiendo en masa, a gritos en la calle, pero sí la gente está pidiendo cambios fundamentales que son imposibles hacerlos sin un cambio de Constitución, como es el rol del Estado, que no sea subsidiario, sino que tenga un rol en la educación pública, en las universidades, que el Estado tenga un rol en las pensiones, en distintas cosas que son claves en la sociedad.

-¿Usted espera un Estado más fuerte y un mercado más débil en el nuevo Chile que deberá emerger? 

-El mercado es excelente para lo que es. Se trata de un animal muy bonito y admirable, pero si el león se sale del zoológico y está metido en el living de tu casa, o en el comedor se transforma en algo peligroso, es decir, se convierte en peligroso cuando empieza a determinar la salud y la educación, que son cosas que le pertenecen al Estado.

-¿Falta introducir el principio de solidaridad que reemplace el de subsidiariedad en la nueva Constitución?

-Lo que pasa es que debemos entender al país como una comunidad. Y no como una máquina dispensadora donde yo saco lo que necesito y si no tengo plata, mala suerte. Uno está aterrado porque no puede estudiar, o los jóvenes terminan el colegio y no van a poder pagar algún estudio superior, o están aterrados de llegar a viejo y no se va a poder mantener, o porque no quiere enfermarse, etc. Entonces, acá en Chile no hay comunidad, cada uno se rasca con sus uñas. Y eso es lo que se trata de cambiar. No se trata de destruir lo bueno que se ha hecho. Se han hecho muchas cosas buenas en el país, pero llega un momento en que tenemos que pensar qué Chile queremos proyectar hacia adelante. Un Chile en el que cada uno se rasque con sus propias uñas o que el Estado te garantice ciertos derechos mínimos.

-¿Tampoco la idea es que sea todo gratis? 

-Nadie está pidiendo las cosas gratis. No se trata tampoco de esa pelea infantil de si es mejor lo privado o público. O cuando te preguntaban si es mejor la mamá o el papá. Los dos son necesarios en colaborar entre el sector público y privado, pero eso no resta el hecho de que el Estado tiene que tener una presencia real en ciertas cosas básicas como lo son la salud, educación y pensiones.

-¿Falta un llamado a la paz por parte de la Iglesia católica y terminar con su silencio? 

-Lo que pasa es que el problema con la jerarquía de la Iglesia católica es un problema de credibilidad, entonces, la ciudadanía no la siente cercana. No ven a la Iglesia en las micros, en las poblaciones, la gente ve a la jerarquía eclesiástica defender las institución más que vivir el evangelio, y mientras eso esté así, su palabra va a ser insignificante.

-¿Qué mensaje le diría a la población chilena? 

-No nos dejemos llevar por el miedo, porque es mal consejero. La idea es que no entremos a la polarizaciones y nos descalifiquemos los unos a los otros. No hay que tratar de enemigo al adversario político, porque tiene algo que aportar y nadie sobra en el país. No hay que tener miedo y debatir con altura de miras, escuchar al otro y dejar de lado las descalificaciones y la violencia.

-¿Valora que sacerdotes hagan un trabajo comunitario, como el padre Mariano Puga en Villa Francia? 

-Yo creo que los curas tenemos que dejar de ser protagonistas y adherir más a la idea de que las mujeres religiosas lleven el pandero, y dejemos que ellas organicen las cosas, junto con los laicos. Ya pasó el momento en el que los curas éramos los profesores jefes. El Concilio Vaticano II hace muchos años planteó que los sacerdotes teníamos que tener un rol más secundario. // ELF

Publicado en: Entrevista Etiquetado como: Cura, Entrevista, Felipe Berríos, Iglesia Católica, Mariano Puga, Padre, Sacerdote

Cura Mariano Puga ofició misa frente al Centro de Justicia para exigir la liberación de los presos del estallido social

febrero 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Ayer, el frontis del Centro de Justicia fue escenario de una misa encabezada por el sacerdote Mariano Puga, para exigir la libertad de los presos -en su mayoría jóvenes- del estallido social.

Junto a madres, padres y familias, el religioso reconocido por su lucha contra la violación de Derechos Humanos en dictadura, pidió justicia en estos casos de personas, como los de Diego Ulloa, Nicolás Ríos, César Yañez Santana, Diego Espinoza, Jonathan Marigual, Damián Toro y Elías Cruz.

Todos cumplen prisión preventiva tanto en recintos penitenciarios como en centros del Servicio Nacional de Menores (Sename).

La actividad fue convocada por la Coordinadora 18 de Octubre y la Agrupación de Familiares de Santiago 1.

Cabe recordar que en mayo del año pasado, a sus 88 años de edad, Mariano Puga fue diagnosticado con cáncer linfático. La instancia fue encabezada por este sacerdote, reconocido por su lucha contra la violación de Derechos Humanos en dictadura.

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: carta, Cura, Iglesia Católica, Mariano Puga, Misa, oficio, Religión, Sacerdote

La indignación del cura obrero Mariano Puga con el régimen de Piñera

febrero 17, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

El cura obrero Mariano Puga está indignado por cómo ha reaccionado el régimen de Sebastián Piñera ante las protestas de Chile. Hoy, enfermo de cáncer, y a sus 89 años, escribió una muy lúcida carta hacia el pueblo Chileno.

Por Mariano Puga

…»Aburrido hasta el tuétano. Despierto en la mañana y lo primero que me encuentro es con la parálisis política que da cuenta de falta de liderazgo. Discursos fomes, repetitivos, sin creatividad y estúpidos. Somos dictadura y prisioneros de Pinochet, prisioneros de nosotros mismos, de nuestras propias prisiones, de nuestros propios odios (…) Ese pueblo tiene el derecho a destruirlo todo porque todo le han destruido, habrá que preguntarse ¿¡Qué cariño le hemos tenido, qué hogar les hemos brindado!? ¿Qué amor les hemos dado? ¿Qué he hecho yo por afectar para mejor sus vidas?

Piñera no entiende lo que está detrás del clamor de la gente, él y muchos como él, no pueden entender el despertar del pueblo, no entiende que las leyes que sostienen el sistema social, de salud, de trabajo, de previsión es excluyente, egoísta, inhumano (…) La revolución no se hace con los poderosos, sino con aquellos que hacen suya la causa de los sin poder y ésos nos faltan hoy. No veo cómo este sistema los va a producir, más bien al revés, el sistema toma a los sin poder y los transforma en los adoradores del modelo de consumo.

Y la iglesia apenas musita declaraciones, la iglesia ha sido cómplice del sistema de mercado. ¿Qué les pasa a los pastores de Chile? Han perdido la capacidad de estar con el pueblo, hacer suyo sus gritos y gemidos, han perdido credibilidad porque hemos escandalizado a nuestro pueblo, le hemos dañado y mentido y ahora estamos en exilio en nuestra propia tierra, encerrados y exiliados en nuestra propia iglesia. Como decía Violeta ¿Qué dirá el santo padre? El proyecto no era de los hombres, era de Dios. La iglesia no es capaz de estar en sintonía con las demandas del pueblo porque dejo de ser pueblo, no entendemos a la gente ni a Jesús, más bien lo sacrificamos, lo destruimos, lo deshumanizamos, lo pisoteamos y lo transformamos en un rito de muertos, de misas convencionales, de ritos justificadores.

Qué soledad más increíble me embarga. Esta soledad no se soluciona ni con ansiolíticos, es la soledad de Jesús que grita “padre porque me has abandonado” es la soledad de los discípulos que también lo van a abandonar. Hoy leí “el llamado de Jesús” ese que dice comparte lo que tienes y parte a la misión. Qué miedo más grande, perderlo todo, perderme yo para que otros vivan (…).

Y me vuelvo a mí y me pregunto qué significa darme por entero. Anda Mariano, me dice Jesús, véndete, entrégate a los demás, sé mi colaborador, aunque nadie te entienda, aunque ni Dios sienta que está contigo, no me atrevo si quiera pedirte algo Señor, pero yo sé que todos vamos a pasar por ahí. En esto, empecé a ponerme creativo y entonces si pudiera estar ahí entre la gente que está levantando su voz y poniendo el cuerpo, levantaría una tarima en plaza Italia, agarraría a todos los acordeonistas y guitarristas e invitaría a bailar a la gente, a hacer de esa plaza un gran centro de baile en donde cada una y uno pueda mirar pal lado e invitar a otros que nunca han cantado, que nunca ha reído.

¿A quién invitarías a bailar tú? A mí me gustaría sacar a los paralíticos, a los ciegos, a los cabros volaos o alcoholizados, a los esquizofrénicos, a los negados en su condición u opción de vida, a los postergados y olvidados, a los que deben taparse la cara para contribuir con su cuota de violencia. Me gustaría invitarles a ellas y a ellos. Están tan cerca de nosotros y los despreciamos y nunca nadie les ha preguntado porqué de su vida o quiénes son. Transformaríamos la plaza en una fiesta donde nos tomaríamos de la mano con los que son pisoteados y haríamos de Chile, al menos por un rato, un baile chilote.

Quiero olvidarme de mí, de mi comida y de mis prioridades, de mis gustos y pertenencias, quiero olvidarme de mi yo. Solo para que el otro pueda tener lo que le hace feliz, tener lo que no tiene. Olvidarme de la imagen, de la falsa imagen de Jesús y poder producir lo que él dice “el que come y bebe conmigo es un hombre y mujer nuevo”. Estoy seguro de que la vida en Jesús sana, renueva, libera y que él no quiere ni necesita beatas ni beatos.

Me pregunto ¿Qué puedo dar yo? la única felicidad que puedo dar, después de haber sido odiado y amado, es servir hasta dar la vida por los demás, dar mi felicidad de ser calumniado, malinterpretado, perder la imagen, ser torturado y negado, pero a esta altura puedo decir que he ganado la posibilidad de amar, de sentirme hermano de los humillados, de los que no son amados, ni escuchados.

Estoy seguro de que ante esta pregunta de qué puedo dar yo, la respuesta de las personas sería lindísima, mucho más fuerte que todas las estupideces que nuestra máxima autoridad y su sequito está dando porque somos seres humanos, porque nos han quitado todo, menos la humanidad, que es un don de Dios y nadie puede quitar lo que Dios no dio, ni el peor de los dictadores puede quitar esa condición (…) , ese Dios es más fuerte que todas nuestras resistencias.

Ese Dios lo entienden los simples, yo te alabo padre porque te revelas a los pequeños a los considerados como nada. Sí padre, yo te alabo porque te diste a la maravilla de tu hermano, tú que dijiste haz con tu hermano lo que te gustaría que hicieran contigo, y lo haces porque crees que el Dios de los cristianos y el Dios de todas las religiones es pobre, un Dios sin poder, no milagroso, que se hizo último entre los últimos, asesinado, martirizado, como un inocente abandonado, como un “ejecutado político”. Ése es nuestro Dios, el que resucitó y proyectó un modelo de una humanidad nueva, para todas y todos.

Ese espíritu que lo animó a él es el que también anima a cada ser humano, ese espíritu es el que habla a través del profeta y es el que está diciendo que organizándonos nosotros, ayudándonos nosotros, podremos ayudarnos de él para salir de nuestras frustraciones, miedos, odios, decepciones, afanes de poder, ídolos. Voy a poner ese espíritu en ustedes y ustedes vivirán, y volverán a su tierra y la cultivarán para germinar en una sociedad nueva más linda que la de Allende, porque pasearán por las grandes alamedas de la humanidad entera y ahí nos daremos cuenta de que en el fondo, cada una y uno de éstos seres humanos, los que tocan las ollas, los que rompen el metro, los que silenciosamente buscan, arriesgan, dan la vida por un mundo distinto, todas y todos tenemos algo de Dios; de soñadores, constructores de equívocos y sueños, capaces de bailar, cantar, crear, construir belleza, colocando canto-teatro-vida, amor.

Quiero pedir a María, a María de Nazaret: tú que pariste al Dios de los sin poder, que descubriste al Dios de los débiles y no de los ricos, sé tú la madre de esta nueva humanidad. Al Papa Francisco, tú que elegiste al pobre pati pelao y su espíritu para gobernar la iglesia en estos tiempos, dale Señor tu mano y cuenta con nuestra pobre oración, perdona nuestro infatigable clericalismo.

¿Qué está pasando con los líderes nuestros,?¿dónde están? ¿dónde está el arte? (…) ¿Quién se hace voz de las esperanzas de la calle, qué cresta pasa con los artistas de lo nuevo? Cántennos, grítennos, enséñennos a soñar, sin ustedes no somos capaces, sin los otros y otras de este mundo, no somos capaces. ¡El despertar no tiene que morir nunca más! hasta que volvamos a ser seres humanos “yo te voy a sacar de sus sepulcros, pueblo mío, y te voy a llevar a la tierra” (…) recordemos la memoria subversiva de Jesús de Nazaret y no olvidemos que lo que le llevo a ser rechazado fueron sus gestos de amor y ternura, de opción radical entre y para los pobres de la tierra, el anuncio de la buena nueva, del Evangelio, pagado con su propia vida.

“Algo nuevo está naciendo, con los pobres va creciendo, nuestro Dios se hizo pueblo” cantábamos en nuestros vía crucis, REINVENTÉMOSLA HOY, ARRIESGÁNDONOS HASTA EL PELLEJO»…

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Cura, Cura del pueblo, Mariano Puga, Sacerdote, Villa Francia

Es la hora de los pobres…

enero 20, 2020 by Admin Istrador 1 comentario

Por Mariano Puga

Desde su Comunidad Cristo Liberador de Villa Francia, el sacerdote nos envía esta carta que nos invita a reflexiónar sobre los recientes hechos acaecidos en la Catedral de Santiago, el sábado 11 de Enero de 2020.

*A continuación, el texto completo de la misiva:

Estamos viviendo un estallido en Chile. Los que somos discípulos de Jesús podemos leer en él que la felicidad que prometió a los hambrientos y sedientos de justicia no aguantó más silenciosa, callada, miedosa. Esto se ha dicho a través de un abrazo fraterno que ha recorrido de norte a sur. Nos hemos encontrado sueños en que la justicia, la fraternidad, la equidad es posible. Puede que la alegría de sentirnos vivos vuelva a llegar a los rostros y que el odio y la venganza puedan quedar atrás. No hay más que abrir los ojos a que algo nuevo esta pasando en Chile. Y esto nos da la oportunidad de tener un corazón abierto y ojos de compasión. Así, podemos hacer de Chile nuestro país.

Ayer, en la Catedral de Santiago asumía el nuevo Arzobispo, nuestro pastor Celestino. Mientras se distribuía el cuerpo santo de Cristo, en plena misa, dos jóvenes fueron detenidos por Carabineros ante la impavidez de nuestros pastores, por tirar al suelo casquillos de perdigones y bombas lacrimógenas. Nuestra fe nos dice que esos casquillos que hirieron, mutilaron, flagelaron, mataron y dejaron ciego para toda la vida a hermanas y hermanos nuestros son también, sobre todo en este ahora, el cuerpo de Jesucristo, quien nos grita “todo lo que hiciste a tu hermano me lo hiciste a mí”.

Hay muchos rostros de Cristo clavados en cruz en la Catedral. Los postones, las balas, la violencia usada y abusada ¿No son los clavos de ayer que crucifican hoy al pueblo? ¿Por qué no los sacamos, por qué no nos atrevemos a sacarlos? Si no se le permite al pueblo denunciar en las calles ¿No podríamos hacerlo dentro de nuestros propios templos? ¿O son acaso templos donde el pueblo no se siente en casa? ¿Habría que preguntarle a Jesús a quienes sacaría hoy, con azotes, del templo?

El hecho es que los dos jóvenes que nos ayudaron a descubrir el rostro de Cristo en los baleados y violentados fueron detenidos, conducidos por carabineros a la comisaria y como, ha sido la tónica, no sabemos hasta ahora cuál es el motivo exacto por el que se les acusa ni cuál será su destino. Solo sabemos que Jesús los alienta y les dice “por mi causa están siendo atacados”. Los que, a diferencia de estos jóvenes, dispararon contra el pueblo e hirieron con postones y enceguecieron la vida de más de doscientas personas, ¿Dónde están? ¿Lo que hicieron estos jóvenes no se podría llamar, pensando en Gandhi y Mandela “la violencia de los pacíficos”? Esos jóvenes que nos recuerdan el rostro de Jesús en cada ser humano ¿No se merecen nuestra alabanza más que la cárcel? ¿No se merecen la gratitud de los pastores y de todas y todos nosotros por recordarnos al Jesús atropellado en tantos seres humanos en el momento mismo que estamos comulgando el cuerpo y sangre de Cristo?

Vivimos un momento privilegiado de Chile, aunque muchos tienen derecho a no verlo así. Sin embargo, los que creemos en Jesús de Nazaret y la esperanza que nos dejó, el que satisface a los pobres, el que consuela a los que lloran, el que asiste a los hambrientos, el que nos limpia el corazón, vemos en este kairos un magnifico momento para preguntarnos humildemente, ¿Estamos cumpliendo el mandamiento de Jesús “haz con tu hermano lo que quisieras que se hiciese contigo?”.

Los que firmamos esta carta somos cristianos participantes en la Cena del Señor, que estamos “en las calles haciendo lío” como nos pide nuestro papa Francisco, gritando que esta es la hora de los pobres, de los excluidos, ninguneados, es la hora de Jesús.

Comunidad Cristo Liberador de Villa Francia.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Crisis social, Cura, Mariano Puga, Párroco, Sacerdote, Villa Francia

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