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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Notas

Oposición entrega contrapropuesta a Agenda Social del Gobierno y propone plebiscito para nueva Constitución

noviembre 2, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

A La Moneda asistieron los presidentes del PR, PS y PPD esta mañana y entregaron sus medidas como contrapropuesta de agenda social, como gratuidad en el transporte público para adultos mayores, plebiscito para una nueva constitución política, desechar la reintegración tributaria, entre otras. 

Los presidentes del Partido Por la Democracia (PPD), Partido Radical (PR) y Partido Socialista (PS), entregaron esta mañana una contrapropuesta al Presidente Sebastián Piñera respecto de la agenda social del Gobierno para superar crisis social en Chile.

Es así como Álvaro Elizalde (PS), Heraldo Muñoz (PPD) y Carlos Maldonado (PR), le propusieron al mandatario que se establezca un plebiscito vinculante para que los ciudadanos voten si están de acuerdo o no con una nueva constitución política.

Esta propuesta mejora las pensiones, se establece el transporte gratuito para adultos mayores y desechar de plano la reintegración tributaria.

«Hay que escuchar a algente y por eso proponemos un plebiscito vinculante para que los chilenos se pronuncien acerca de si quieren una nueva constitución», comenta Muñoz.

Por su parte, Elizalde señaló: «La idea es convocar  un plebiscito para que la gente se pronuncie, la manera de cómo salir de la crisis con la está el país. Por eso, una nueva constitución -creemos- es la respuesta y así  las demandas sociales sean canalizadas y establecidas en esta nueva Constitución».

Por último, Maldonado dijo al respecto lo siguiente: «Estamos presentando una propuesta de cambios reales para la sociedad chilena tan desigual y la responsabilidad es del gobierno, con esta agenda real y que se haga cargo del fondo del problema con una nueva Costitución, que cambie las reglas del juego».

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Álvaro Elizalde, Carlos Maldonado, Heraldo Muñoz, oposición

La revuelta de octubre: ¿Una crisis de la subjetividad neoliberal chilena?

noviembre 1, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Si bien parte importante de las reivindicaciones y salidas de la crisis se asientan en el trabajo (las pensiones, los ingresos, las prestaciones de salud), el debate social no ha estado focalizado directamente en el trabajo, por ejemplo en el modelo de organización vía redes flexibles y precarias de subcontratación, las condiciones de trabajo y empleo, las relaciones de autoridad o el desgaste.

Por Álvaro Soto Roy

Durante los últimos años, si no décadas, los investigadores de las ciencias sociales, y particularmente los investigadores del trabajo, venimos retratando una cierta “subjetividad neoliberal chilena”, la existencia de ciertas formas compartidas de entender(se), de vivenciar, de justificar y de actuar dentro de la vida social, que de alguna manera son coherentes y funcionales al “neoliberalismo avanzado” que marca tan fuertemente a nuestra sociedad desde hace ya décadas.

Una subjetividad que es el resultado del orden neoliberal, pero al mismo lo reproduce, ofrece buenas razones –éticas, prácticas, existenciales- para actuar dentro de él. Una suerte de equilibrio y correspondencia entre un eje simbólico y un eje material dentro del orden social.

¿Qué representa en este marco el estallido social de 2019? ¿Qué está pasando con aquella “subjetividad neoliberal chilena” detrás de la profunda manifestación de descontento y hastío, de las múltiples demandas que comienzan a esbozarse?

Algunas precauciones antes de intentar describir a ese “sujeto neoliberal” de la postdictadura chilena. La subjetividad que describiremos no corresponde a un sistema ideológico altamente coherente y aceitado, sino más bien a significaciones y disposiciones comunes dentro de prácticas y discursos dispersos y heterogéneos, que los individuos tienden a asumir en diversas esferas de la vida social, y del cual a ratos toman distancia.

Luego, estamos hablando de una subjetividad neoliberal “global”, que tiene expresiones diversas en función de las particularidades históricas, estructurales y culturales en que se desarrollan. De hecho es posible suponer múltiples “subjetividades neoliberales chilenas”, dependiendo de los territorios y las posiciones sociales en que se construyen los actores sociales.

Diversos estudios de las ciencias sociales han permitido construir entonces una descripción de esta “subjetividad neoliberal chilena”, compuesta obviamente de ciertos contenidos virtuosos sobre el sentido de la acción (bastante en sintonía con el sujeto neoliberal “global”), pero que porta también de un cúmulo de vacíos y contradicciones, ciertamente vinculadas a las propias contradicciones económicas, políticas y sociales de cada sociedad (ver Boltanski y Chiapello, 2002; Bröckling, U. 2015; Durand, 2019; Rose, 1990; Walkerdine y Bansel, 2010).

El sujeto neoliberal chileno ha sido descrito, en primer lugar, desde su profunda individualidad. Ante todo valora y enfatiza su propia autonomía, su distancia de pertenencias o ataduras colectivas. En ese sentido es un sujeto despolitizado. Nuestros estudios en el mundo del trabajo dan cuenta de una fuerte autoexigencia por construir un proyecto propio, para el cual la clave está en la capacidad de autogestionarse, de administrar el propio “capital” de competencias.

La vida social y laboral constituye un espacio estratégico en el que me desenvuelvo solo/a, y mucho depende de mi responsabilidad y mi personalidad. Coherentemente, el sujeto neoliberal es profundamente activo, en permanente movimiento. Quienes investigamos el mundo del trabajo hemos constatado en diversas ocupaciones y lugares, individuos muy concentrados en “emprender”, en sus múltiples y flexibles traducciones: estar incansablemente atentos a nuevas oportunidades, hacer crecer las propias redes, demostrar compromiso, desarrollar la propia empleabilidad.

El sujeto neoliberal chileno se concibe a sí mismo en movimiento, en camino a algo mucho mejor, en el que el mérito se transforma en un valor fundamental. Nuestras investigaciones muestran que muchas personas dan sentido a su esfuerzo presente apostando a un futuro distinto, si bien esto no necesariamente implique un plan concreto en el que se esté inmerso.

El sujeto neoliberal, además, vive permanentemente enfrentado a pruebas en las que debe mostrar su valor. El corto plazo inunda la experiencia del sujeto neoliberal chileno, no sólo por el deber de mostrar logros, sino porque en esa dimensión busca además el goce. El consumo se hace central, no sólo porque sostiene el desafío de construir un estilo de vida propio y hedonista, sino porque ofrece una suerte de igualdad social, de ciudadanía.

Pero la investigación de las ciencias sociales también ha logrado identificar tensiones y fisuras de esta subjetividad neoliberal chilena, situadas fundamentalmente en la fuerte desigualdad de la sociedad y en la privatización de las condiciones de vida de los chilenos (Araujo y Martuccelli, 2011, 2012; Ruiz y Boccardo, 2014).

El sujeto neoliberal chileno está inmerso en una experiencia permanente de desgaste, de “desmesura laboral”, al límite de sus esfuerzos, sobreexigido. Se siente permanentemente en riesgo, tanto de no responder, como de que se derrumbe la posición que ha alcanzado. La deuda funciona como cortina de fondo de la experiencia, el eventual fracaso tensiona la experiencia. En investigaciones propias hemos constatado cómo los trabajadores y trabajadoras se presentan como una suerte de “personajes”, siempre desafiados, siempre coherentes a su estilo de vida y a sus convicciones, pero que rápidamente dan luces de una profunda ansiedad respecto del presente y del futuro.

El sujeto neoliberal chileno es un sujeto tensionado. Su apuesta por el mérito se da de bruces con la evidente desigualdad de oportunidades que constata día a día. Su expectativa de horizontalidad en las relaciones sociales se enfrenta a experiencias cotidianas de autoritarismo o abuso, que vive como un agravio a su dignidad personal, como menosprecio, como abuso de poder (Araujo, 2013, 2015, 2016).

Las actuales jornadas de movilización social dan luces de una olla a presión que si bien se presumía encendida, no anticipaba un estallido tan categórico. Lo que se denuncia y demanda en la calle estos días gira precisamente en torno a la dignidad, al rechazo del abuso, al reconocimiento. Todas las causas caben, en cuanto denuncien la obstrucción al sujeto, a su esfuerzo.

¿El actual escenario informa de un giro radical de la subjetividad neoliberal chilena o es más bien una explosión puntual por acumulación en una de tensión acumulada? ¿Se deshacen progresivamente los pilares subjetivos de la autonomía individual, la puesta a prueba, la movilidad, el logro y el goce de corto plazo, o más bien éstos se abren y moldean a nuevos idearios de igualdad y horizontalidad?

Los investigadores e investigadoras del trabajo estaremos atentos a esta evolución. Si bien parte importante de las reivindicaciones y salidas de la crisis se asientan en el trabajo (las pensiones, los ingresos, las prestaciones de salud), el debate social no ha estado focalizado directamente en el trabajo, por ejemplo en el modelo de organización vía redes flexibles y precarias de subcontratación, las condiciones de trabajo y empleo, las relaciones de autoridad o el desgaste. Debates que politizan al sujeto neoliberal chileno.

Mientras tanto, es fundamental atender a las vivencias y reivindicaciones de la movilización social, a las nuevas expresiones de esa subjetividad neoliberal chilena que ha estallado de hastío. Y observar desde ahí el potencial impacto de esta transformación de la subjetividad en los ejes estructurales del orden neoliberal chileno.

Alvaro Soto Roy es investigador del Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías del Poder.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Manifestaciones sociales

Mauricio Andrews, secretario general del Partido Radical En La Fontana: «Hay que hacer una modificación profunda a nuestro sistema tributario»

noviembre 1, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

En nuestro medio de comunicación online, conversamos con el personero del Partido Radical (PR) para que nos entregara su visión acerca del complejo momento de crisis social que afecta a la sociedad chilena y los posibles caminos de solución para salir de este estado, y llegar a construir el tan anhelado nuevo «Pacto Social» traducido en una nueva Constitución Política.

En La Fontana entrevistamos al secretario nacional del PR, Mauricio Andrews, quien gentilmente analizó el estado actual de la crisis social en Chile y habló sobre posibles salidas democráticas con mecanismos y propuestas que provienen del mundo de la centroizquierda.

-¿Cómo analiza la situación que se vive en nuestro país en la actualidad?

-Estamos ante un cambio de ciclo político-social profundo, pero necesario. Se demostró que durante muchos años se estuvo trabajando en un modelo económico, que tenía una premisa básica que era el crecimiento económico del país generaba mejores oportunidades para todos y todas. Esa lógica, en cierta medida insuficiente, se fue dando y se generaron logros para la ciudadanía muy grandes, desde el año 1990 en adelante, pero siempre descuidando o minimizando las tremendas brechas que se iban dando de forma paralela a este crecimiento. Este «boom» no llegó nunca  a la mayoría. Nunca fuimos en verdad jaguares ni vivimos en un oasis distinto de la realidad del resto de países de Latinoamérica. Entonces, esta forma economicista de ver la realidad socio-económica en Chile, se acabó.

-¿Y qué pide la ciudadanía?

-Lo que nos dice la ciudadanía es que debemos encontrar nuevas formas de entendernos entre nosotros, con un nuevo «Trato» o «Pacto Social». Y eso, sin duda se canaliza y debe terminar con una nueva Constitución Política (…) La actual Constitución estable ciertas reglas del juego complejas para buscar entendernos de una mejor manera. Hay cosas que son inmediatas, porque nosotros valoramos la movilización social de manera pacífica para dar cuenta de las grandes desigualdades e inequidades en el país.

-¿Qué se necesita para estos cambios «radicales» en Chile?

-Hay que hacer una modificación profunda a nuestro sistema tributario. Hay que buscar nuevas formas de recaudación, con impuestos a los súper ricos y el IVA reducirlo, porque es algo que pagamos todos. Y, obviamente, que los que más ganan que paguen más impuestos. La idea es que las grandes fortunas de este país contribuyan mucho más con recursos al erario público para recuperar la paz social, con impuestos al patrimonio y con tope de utilidades (…) Hay que establecer un nuevo royalty minero con más impuestos por parte de la gran minería en Chile y que el Estado participe más y mejor de los recursos obtenidos a través de la extracción. También hay que legislar para condenar los abusos y corrupción de los delitos de cuello y corbata, o crear un ente estatal antiabusos.

-¿Y cuál responsabilidad tiene el actual Gobierno’

-El Gobierno no está leyendo la situación del país. No está leyendo ni recogiendo con sus medidas lo que la gente realmente quiere en las calles. Hay que establecer medidas al corto plazo, pero también pensar en cambios estructurales al largo plazo, con medidas permanentes que sean equitativas para todos. Las medidas que anunció el Presidente no son novedosas y se enfocan en darle más recursos a las AFP y las Isapres. El Estado termina subvencionando los remedios caros para que la gente pague menos.

-¿Por qué surge este descontento social, este estallido de los chilenos?

-Este movimiento surge por los estudiantes secundarios. Por tanto, hay que tener claro eso, y la ciudadanía adhirió a ellos. Sin embargo, los partidos políticos tenemos una gran responsabilidad. Chile despertó y en eso estamos todos de acuerdo. La idea es que no se adormezca de nuevo el país. La idea es que establezcamos como sociedad un estado más amplio de entendimiento ciudadano. Y para eso son clave los cabildos abiertos, plebiscitos, pactos sociales, fortalecimiento de las sociedades civiles, las negociaciones escaladas, etc. También que participen los empresarios y el Estado, obviamente. Pero también hay grupos de extrema izquierda que creen en la violencia como arma de lucha y hay otros de extrema derecha que desean atemorizar a la gente para sacar partido de ello. Tenemos que ser capaces como sociedad de pensar en el futuro y tener instituciones que le den seguridad social y dignidad a sus habitantes. Yo pondría el eslogan de que ´el Estado somos todos`.

-¿Está en favor de la acusación constitucional contra el exministro del Interior Andrés Chadwick?

-Claro que sí. Nosotros creemos férreamente en la acusación constitucional contra el exministro del Interior, Andrés Chadwick por su responsabilidad política. Mientras que la acusación contra Piñera puede ser un distractor a las demandas de la ciudadanía.

-¿Cómo se corrige este modelo de libre mercado o hay que suprimirlo totalmente?

-El mercado se metió hasta en la vida privada de las personas. El mercado funciona regulado en ciertas áreas, pero cómo controlamos todo lo que implica convivir con un mercado individualista. Entonces, ahí surge el rol del Estado de velar por el bien común. En general, en el fondo la nueva constitución debe ser para conjugar estos estos aspectos. //ELF.

Publicado en: Entrevista, Notas Etiquetado como: Entrevista, Partido Radical, PR, secretario general

Resumen libro «Rabia»: Miedos, abusos y desórdenes en el «Oasis» chileno

noviembre 1, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Chile despertó. Es la afirmación rotunda que hemos oído por todas partes estas últimas dos semanas, excepto en los medios tradicionales y entre las autoridades, las que obtusamente se han aferrado a un modelo que ha mostrado ser transversalmente rechazado por la población local.

Por Hans Stange, Antoine Faure, Claudia Lagos, Claudio Salinas, René Jara y Alejandro Lagos

Autores del libro «Rabia»

El estallido social iniciado con las evasiones masivas del metro por parte de estudiantes secundarios, provenientes de estratos populares, animó una enorme ola de descontento con el estado de las cosas en Chile. Las demandas son tantas, desde tantos sectores sociales diferentes, que la impericia habitual de la clase política ha alcanzado niveles de ineptitud pocas veces visto.

De igual manera, la distancia sideral entre las elites políticas, empresariales y culturales, y el resto de la población, entre su sociedad y la nuestra, nunca había sido tan manifiesta en los últimos cincuenta años.

La manifestación es un aullido de rabia y frustración generalizada contra la miseria de los salarios y las pensiones, y el alto costo de los servicios básicos. Pero el malestar ha dado prontamente lugar a la conciencia sobre la causa de esas miserias: una política de cuatro décadas basada en la privatización de los servicios sociales, la educación y la salud, legitimada por los consensos políticos y un sistema jurídico y legal que garantiza al gran capital sus beneficios y a la población su miseria.

Así, el estallido social es, de forma profunda y elocuente, una protesta política que ha intentado ser aplacada a través del miedo, la militarización y la desmovilización mediática. El despliegue de la excepcionalidad jurídica, acompañada de los grandes relatos de justificación esparcidos por los medios de comunicación hegemónicos, han permitido un espiral de violencia del que aún hoy desconocemos su alcance.

A pesar de esta barbarie política y militar, surge una oportunidad histórica para remover los cierres del orden neoliberal en nuestro país. La manifestación violenta del descontento masivo ya los ha aflojado, pero aún no los descorre del todo; la fortaleza despótica se debilita pero aún resiste.

La conciencia clara de que todo puede ser de otro modo, y para mejor, es la herramienta más potente que poseemos para impedir que el miedo y el orden aceptado de las cosas vuelvan estériles los llamados sensatos de esta manifestación. Observamos el surgimiento de manifestaciones de una inteligencia colectiva divulgadas en las redes sociales que apuntan a una resistencia caótica y afirmativa, la que está abriendo poco a poco las suturas del régimen político actual.

La protesta

Lo que comenzó como una protesta estudiantil por el alza del pasaje del metro se transformó en el catalizador del malestar social latente por una serie de elementos estructurales que deprimen y norman la vida social.

Las imágenes de cientos de estudiantes con sus uniformes y mochilas, entre gritos y risas, saltando los torniquetes del metro, dieron paso con los días a secuencias menos alegres de enfrentamientos con los carabineros, con el resultado evidente de daños a la infraestructura del metro

y el grito en el cielo de autoridades y panelistas de televisión, los que al unísono se comportaron como un triste bloque conservador en el poder.

El alza del pasaje de metro, que afectó el bolsillo de cerca de tres millones de pasajeros en Santiago, se transmutó en un símbolo de los abusos e injusticias que, aunadas con la frustración de los conocidos casos de corrupción reciente (Caval, Pacogate, Milicogate, Penta, La Polar, SQM, etc.), nos enseñan que la justicia para algunos es muy distinta de la justicia de todos para todos los demás. Todo lo cual hizo que la bronca oculta durante décadas rasgara la superficie limpia y aséptica del relato macroeconómico neoliberal.

De alguna forma, el orden neoliberal en Chile se hizo moralmente insostenible. Las creencias implícitas y las expectativas de progreso que hacían soportable la enorme desigualdad y la tremenda injusticia ya no dieron para más.

Es así de simple: reventó la frontera de lo moral y socialmente aceptable. Los estudiantes, primero, y con ellos una buena parte de la población, se emanciparon del pacto acordado entre políticos y grandes empresarios de todo signo hace ya décadas.

La fe en el “chorreo” y el respeto por el orden tecnocrático, resultado del acuerdo tripartito entre militares, élites económicas y profesionales de la política, había producido un violento control sobre el resto de la población. Nos había enseñado una capacidad casi infinita y reactiva de soportar el malestar, de acrecentar el endeudamiento, de expiar el dolor a través del consumo.

Pero esta conciencia moral venía resquebrajándose hace un tiempo. La protesta feminista, la marcha de los pingüinos, la demanda estudiantil contra el lucro en la educación y el rechazo al sistema de AFPs, la denuncia de las zonas de sacrificio ambiental o de las postergaciones regionales avisaron de forma elocuente que el pacto neoliberal ya no era del todo aceptable.

Los pingüinos, el fin al lucro en la educación, el No + AFP, el Puntarenazo y #Ni una menos eran cantos de sirena de esta debacle, que no fueron oídos. La ruptura de la economía moral permitió entonces comprender una falsa paradoja.

Una capacidad de actuar colectivo se ha fomentado frente a la agudización de las relaciones de fuerzas que presidían

la aceptabilidad de la dominación, sin que haya horizonte de sentido, homogeneidad en los grupos movilizados o las reivindicaciones, ni siquiera un liderazgo claro.

Sólo una cosa estaba clara: Basta ya

Los movilizados conforman, de hecho, un grupo en extremo heterogéneo: estudiantes (más organizados, un actor de movilización de lo más relevante en Chile los últimos 15 años, sobre todo los secundarios); mujeres, militantes y simpatizantes de izquierda, descolgados; personas que provienen de sectores medios y bajos, los más presionados por la desigualdad, también los más cooptados por el sentido común conservador y que con seguridad constituyeron una base electoral para Piñera; también los que saquean, aquél lumpen que durante años ha sido bombardeado con imágenes de éxito de la publicidad, sistemáticamente trocadas en rencor acumulado entre aquellos que históricamente han sobrado en el territorio del consumo.

La protesta se extendió de manera sectorial en una articulación inédita, porque inorgánica: junto con los estudiantes, médicos, profesores, fiscales, trabajadores portuarios, mineros, en una suma de fuerzas, intereses y reivindicaciones que, a veces, solo parece tener como término la propia oligarquía.

El despliegue territorial también es diverso y descentralizado: en ciertos sectores del centro de la capital, pero también en otros centros constituidos al alero de la modernización, la expansión y la segregación de la ciudad: la plaza de Maipú, el paradero 14 de Vicuña Mackenna, los alrededores de la Escuela Militar, la plaza Ñuñoa… Y en apenas algunos días también Valparaíso, Concepción, Coquimbo, Temuco, Antofagasta, Copiapó, La Serena…

La protesta reproduce la táctica de focos: alternan las marchas y las concentraciones masivas con acciones esporádicas, dispersas, puntuales: las evasiones, primero, las protestas en los propios barrios y territorios, los cacerolazos, en definitiva, la movilización permanente a toda costa frente a las fuerzas represivas, el gobierno y el cerco mediático.

Las manifestaciones, las marchas y las protestas son pacíficas, por lo general, hasta que llegan a escena los efectivos policiales y militares. Uno lo observa al participar en éstas, y también lo ve en las pantallas: mientras el dispositivo de las cadenas televisivas 24/7 orienta la mirada desde el orden y la seguridad pública, paradójicamente visibiliza la agudización de la violencia de parte de las fuerzas del orden, el hervidero generado por la infiltración por la policía de los manifestantes.

Para revisar texto completo.

*Mira acá:

RABIA

Publicado en: Notas Etiquetado como: Crisis en Chile, cultura, libro, Manifestaciones sociales, Movilizaciones, Rabia, rabia social

No hemos ganado nada: ANEF llama a seguir en estado de movilización

noviembre 1, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Los trabajadores del Estado celebramos el éxito de la convocatoria de las marchas efectuadas a lo largo de país, convocadas por la Mesa de Unidad Social, en el contexto del llamado a paro nacional, e informamos que el Consejo de Presidentes y Delegados de las bases de ANEF, realizado hoy 30 de octubre en la sede central de la Confederación, definió seguir en estado de alerta y movilización permanente, acompañando el proceso de marchas y manifestaciones sociales que se iniciaran el 19 de octubre pasado contra los abusos institucionalizados y la acumulación de capital y privilegios de unos pocos en desmedro de la inmensa mayoría del país.

Como bien sabemos, la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales -ANEF-, al ser parte de la Mesa de Unidad Social junto a otras confederaciones, sindicatos, organizaciones sociales, estudiantiles y poblacionales, continuará reforzando y consolidando este espacio unitario de lucha. Mañana 31 de octubre la Mesa de Unidad Social dará a conocer su pliego de peticiones incluyendo las exigencias, reivindicaciones y lucha que la ANEF ha levantado desde nuestros fundadores: más y mejor Estado y defensa del empleo público y los derechos ciudadanos.

Como Confederación incorporaremos nuestras demandas que son también las demandas ciudadanas, y relevamos este espacio de confluencia político, social y sindical en que se ha transformado la Mesa de Unidad Social. Valoramos que cuente con la legitimidad necesaria para llevar adelante las reivindicaciones ciudadanas y pueda ser una poderosa plataforma representativa para acompañar la construcción de un proceso constituyente.

Reiteramos nuestro rechazo a la violencia policial, la represión y los atropellos de los derechos humanos como resultado de las acciones coercitivas del gobierno. También reiteramos nuestro rechazo al atropello de los derechos laborales de los trabajadores y trabajadoras a los que se les está descontando por planilla ausencias o retrasos. En este contexto exigimos a las autoridades ministeriales, de servicios y unidades del Estado, resguardar la integridad física de los/las funcionarias/os públicos permitiéndoles retirarse a sus hogares en un horario adecuado que les permita llegar donde sus familias sin dificultad.

Informamos a nuestras bases que el próximo lunes 04 de noviembre a las 12:00 horas se realizarán un nuevo Consejo de Presidentes y Delegados con el objeto de definir nuestro actuar en los días que vienen.

Los trabajadores/as del Estado seguiremos en la senda de la unidad y no descansaremos hasta hacer de nuestro país una sociedad que permita a sus ciudadanos y ciudadanas vivir con seguridad social que dignifique la salud y las pensiones de los/las trabajadores/as; una educación que constituya hombres y mujeres integrales, críticos y libres; un sistema de salud que aborde todas las etapas de la vida de una persona con énfasis en la prevención y dignidad en la enfermedad; una reforma tributaria que recaude y distribuya en justicia, reduciendo las brechas y las desigualdades entre los chilenos y chilenas; una sociedad donde la acumulación de capital y el consumismo desatado, den paso a la naturaleza y vida sin destruir nuestro hábitat común; para ello redoblaremos nuestros esfuerzos para reconstruir un Estado que tenga la capacidad de asegurar el bienestar social de todos los chilenos.

Es tiempo que favorezcamos las condiciones para que los mecanismos de participación ciudadana se activen y expresen, a través de un proceso constituyente representativo, para crear una Constitución democrática acorde a las necesidades de una sociedad que mira hacia el futuro, en la cual la profundización del sistema democrático sea un objetivo colectivo, con la participación de todas y todos.

Seguiremos saliendo a las calles para hacerle saber a los que gobiernan, que ya no les queda más tiempo y que los movimientos sociales necesitan respuestas claras a los problemas estructurales que constituyen la desigualda

Publicado en: Notas Etiquetado como: ANEF, Asociación Nacional de Empleados Fiscales, Crisis en Chile, Movilizaciones

Senador Jaime Quintana: “La nueva Constitución es uno de los principales caminos para encauzar esta crisis”

noviembre 1, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

El presidente del Senado explicó los procesos legislativos que se viven en torno a la idea de generar una nueva carta de navegación para el país. Además, y recordando su frase de pasar «retroexcavadora» al modelo neoliberal, reconoció que hoy «la gente la ha reivindicado, espontáneamente».

En entrevista con Radio y Diario Universidad de Chile, el presidente del Senado, Jaime Quintana (PPD), se refirió a los procesos legislativos que se dan en torno a la discusión por una nueva Constitución.

Desde el Congreso -explicó- se están preguntando cómo procesar las múltiples demandas que emergen desde la sociedad. En ese sentido, dijo, aparecen las ideas de cómo encauzar estos procesos y ahí, la nueva carta de navegación cobra un rol central.

“Este tema lo planteamos siete meses atrás. En ese momento, dijimos (a las autoridades de gobierno) que había que retomar la discusión por nueva Constitución”. Recordó que le pidieron al presidente Sebastián Piñera no borrar los proyectos presentados en el Congreso, mociones que son fruto de los procesos constituyentes iniciados durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

“Lo peor de esto es no poder conocer el sentimiento de descontento más profundo de nuestros compatriotas. Hoy tenemos dos proyectos: uno sobre el mecanismo, que está en la Cámara de Diputados, y otro respecto del texto propiamente tal, que es el enviado por Michelle Bachelet y sobre el que tenemos muchas dudas, porque hay aspectos que no fueron corregidos como el tema mapuche y la idea de un proceso constituyente especial para pueblos indígenas, aun así, creemos que hoy debemos retomar ese proceso. El momento constituyente ya se produjo, por lo tanto, no tiene mucho sentido preguntar a la ciudadanía, nuevamente, si quiere o no quiere iniciar un nuevo proceso. Más bien vale la pena preguntar cuál va a ser el mecanismo específico, situación que hoy se discute en el Parlamento, respecto a plebiscitos, por ejemplo”.

Revisando el proceso anterior, Jaime Quintana reconoció la dificultad que genera hoy el no haberles dado un curso definitivo a esas conversaciones. “Ocurrió un proceso constituyente, con varias etapas y que no alcanzó a terminar. El gobierno de Michelle Bachelet terminó con serias dificultades, probablemente, esto no terminó siendo una prioridad. Sin embargo, se cumplieron varias etapas. Por lo pronto, la fase participativa, donde participaron 24 mil personas en cabildos”.

Para el senador es importante recoger esos esfuerzos y, desde el Senado, empezar la devolución de ese mismo proceso: “No partimos de cero. Tiene un valor, surgió una idea”, la que debe ser tomada desde el mundo progresista, quienes tienen -a su juicio- responsabilidad al respecto.

“En el pasado no tuvimos todo el eco que quisimos tener, incluso en partidos de la ex Nueva Mayoría. Durante todo este último años vimos como algunos de esos partidos negociaron con la derecha. Hoy tenemos una posibilidad de poner más en consciencia que la nueva Constitución es uno de los principales caminos para encausar esta crisis y este mandato que la ciudadanía espera”.

En 2013, fue el mismo senador, en ese momento del oficialismo, quien aseguraba que era hora de pasar “una retroexcavadora al modelo neoliberal” que rige a Chile desde la dictadura cívico-militar. Hoy, asegura, esa frase ha sido reivindicada.

“Hoy no he escuchado ninguna crítica sobre eso, todo lo contrario. Hay gente que ha reivindicado la retroexcavadora, espontáneamente. Se abusa, muchas veces. La campaña del presidente Piñera tuvo puesto su gran foco en esto. Fue el gran verbo rector que aglutinó a su sector. Tenemos que ser mucho más cuidadosos en el futuro, cuando alguien quiera intentar modificar algunos de los pilares del modelo neoliberal”.

El parlamentario del PPD también se refirió a la ratificación o rechazo del TPP11 que se debe revisar en el Senado. En ese sentido, insistió, en que aún no ha sido repuesto en tabla de discusión y que esto solo puede pasar en diálogo con las urgencias que se expresen desde la ciudadanía.

En la conversación, aseguró que él no estaba disponible para aprobar el tratado, pero que no puede imponerle a los demás el pensar de la misma manera.

Publicado en: Entrevista, Notas Etiquetado como: legislador, parlamentario, Senador, senador Jaime Quintana

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