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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Las dos trampas del debate previsional: la irrelevancia del “ente público“ y el falso paradigma de la “libertad de elegir”

junio 11, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

 

Por Raúl Soto

Diputado DC

La primera trampa consiste en centrar el debate en quién administra, pero sin abordar el tema de cómo se administra o, más claro, separar el tema del «ente público» del debate sobre la solidaridad. De esta manera se resguarda el sistema actual y su lógica individualista, evitando los cambios de fondo y estructurales que se requieren. Si el debate es solamente quién administra, las AFP o un nuevo «ente público», ¿qué justifica la ausencia de libertad de elegir del cotizante respecto a dónde quiere tener sus ahorros? Esta es la segunda trampa.

A partir de la aprobación de la idea de legislar y el cuestionado acuerdo del Gobierno con parte de la Democracia Cristiana, el debate en torno a la Reforma Previsional se ha centrado en quién va a administrar el 4% de la cotización adicional. La primera trampa es justamente centrar el foco comunicacional, el trabajo técnico y el objetivo político en quién administra y no en cómo se administran los ahorros previsionales de los chilenos.

Los problemas del sistema de AFP son mucho más estructurales, la capitalización individual en cuatro décadas de aplicación ha sido incapaz de generar pensiones dignas. Tampoco lo hará con la reforma de este Gobierno, cualquiera sea la tasa de cotización que se aumente, porque la realidad del mercado del trabajo, donde hay bajos salarios, alta informalidad, inestabilidad y brechas de género, impide que los trabajadores tengan la capacidad de ahorro que un sistema de estas características requiere.

Por lo tanto, si hacemos más de lo mismo, el resultado no cambiará y se terminará profundizando y legitimando un sistema fracasado y obsoleto a costa de perpetuar las condiciones de vida indigna, la pobreza y la miseria en la vejez.

Nada cambia si, en lugar de una AFP, la cotización adicional es administrada por un “ente público” bajo la misma lógica de cuentas individuales y con las mismas reglas del juego. Eso no garantiza ni contribuye a solucionar el problema de fondo que es cómo mejoramos las pensiones. Es irrelevante, la idea de un administrador estatal debe estar supeditada a que funcione bajo una lógica distinta, con criterios de seguridad social o solidaridad, es decir, que administre un nuevo componente de reparto en el pilar contributivo que permita redistribuir una parte de los ahorros de forma más justa y equitativa, para lograr un impacto mucho más significativo en el aumento de la pensión de los actuales jubilados.

Esto es lo único que garantiza avanzar hacia un sistema mixto que contemple ahorro individual y colectivo, como lo hacen casi todos los sistemas previsionales del mundo.

Entonces la primera trampa consiste en centrar el debate en quién administra, pero sin abordar el tema de cómo se administra o, más claro, separar el tema del «ente público» del debate sobre la solidaridad. De esta manera se resguarda el sistema actual y su lógica individualista, evitando los cambios de fondo y estructurales que se requieren.

Si el debate es solamente quién administra, las AFP o un nuevo “ente público», ¿qué justifica la ausencia de libertad de elegir del cotizante respecto a dónde quiere tener sus ahorros? Esta es la segunda trampa. Parece razonable, pero supongamos que se logra tener un sistema público-privado donde cada trabajador pueda elegir entre las AFP o un «ente público» para administrar sus ahorros previsionales bajo el mismo esquema de capitalización individual. ¿Cambia en algo la lógica individualista y mercantilista del actual sistema? ¿Garantiza mejores pensiones? La respuesta a ambas preguntas es categóricamente NO. La capacidad de ahorro de los chilenos sigue siendo la misma y las reglas del juego no cambian, entonces, no esperemos un resultado distinto: bajas pensiones y mala calidad de vida en la vejez para la gran mayoría de los chilenos.

Si en el debate previsional del Gobierno anterior el argumento de la derecha y los grupos económicos para no avanzar en cambios estructurales fue la “propiedad sobre los ahorros», en el proyecto actual es el “falso paradigma de la libertad de elegir”.

Así como a los chilenos se les negó la oportunidad de elegir entre quedarse en el sistema antiguo o pasar al sistema de AFP en los años 80, así como hoy se obliga a los trabajadores a cotizar en una AFP, mañana podrá ser un nuevo «ente público», pero, si se mantienen las mismas reglas del juego, la verdad es que no existirá una real libertad de elegir, sus ahorros seguirán en la misma lógica individual y mercantilista.

Detengámonos un minuto en este falso paradigma. La libertad individual es un valor muy importante para las sociedades democráticas modernas. Sin embargo, se olvidan, quienes utilizan este argumento para impedir un cambio más profundo y estructural al sistema previsional, que no se trata de un valor o derecho absoluto, sino muy por el contrario, es propio de la vida en sociedad organizarse de tal manera que permita la convivencia y el bienestar social en condiciones de igualdad de oportunidades, lo cual implica justamente renunciar –o más bien establecer excepciones– a algunas libertades individuales en beneficio del bien común.

Un muy buen ejemplo es la Seguridad Social. La sociedad entendida como un colectivo de individuos organizados se da cuenta de que hay ciertas contingencias que las personas no están en condiciones de resolver por sí solas y, por tanto, crea mecanismos de protección social para garantizar condiciones de vida mínimas para todas las personas que la componen.

En consecuencia, es un error conceptual entender un sistema previsional desde la simple lógica de la “libertad”. Se trata justamente de lo contrario: ¿estamos dispuestos a ceder en libertad para garantizar mejores grados de protección y seguridad?

Aquellos pocos afortunados que han logrado bienestar de forma individual no necesitan protección y seguridad de parte de la sociedad y, en consecuencia, nunca estarán por ceder un milímetro de su libertad. Pero los miembros de aquella gran mayoría de desafortunados con bajos salarios, informalidad, inestabilidad y brechas, que simplemente no lograron por sí solos el más mínimo grado de bienestar, ¿se les puede negar la posibilidad de una protección y seguridad social que los resguarde de una vejez indigna? ¿Acaso ellos tienen realmente libertad? Yo creo que no.

Para el real ejercicio de las libertades individuales, se tienen que desarrollar sobre la base de un mínimo de igualdad de oportunidades. Sin esta, la libertad de elección no es más que un falso paradigma utilizado antojadizamente en el contexto de un debate donde deberíamos estar hablando de solidaridad, protección y seguridad social.

La discusión de fondo es cómo la sociedad en su conjunto –y no solo la persona individualmente considerada– garantiza pensiones que alcancen para tener condiciones de vida dignas en la vejez. Y la respuesta está precisamente en renunciar o limitar las libertades individuales para alcanzar una verdadera protección y seguridad social.

Hoy tenemos una oportunidad histórica de avanzar en esa dirección si ponemos el foco comunicacional, el trabajo técnico y el objetivo político en lo realmente importante: ¿cómo administramos los ahorros previsionales de los chilenos?, ¿cómo transitamos a un sistema más justo que entregue pensiones dignas no solo a los futuros jubilado.

Tenemos que volver a centrar el debate en romper la lógica individualista y mercantilista, para avanzar a un sistema basado en los principios de la Seguridad Social. Los esfuerzos deben estar en la necesaria solidaridad, en el ahorro colectivo o en nuestro componente de reparto. El resto es música.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, dipuatado, legislador, parlamentario, Raúl Soto

COLUMNA: La DC cada vez que se acuesta con la derecha termina pringada

junio 5, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

No hay caso: ni siquiera con todas las ventajas posibles la Democracia Cristiana es capaz de pactar con la derecha o con la izquierda, y su único camino para dejarla contenta es la soledad y el aislamiento del camino propio.

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

Cuando pacta con la izquierda, cual dama coqueta, manifiesta su descontento, pues este marido, a pesar de los múltiples regalos y concesiones, no le permite mandar a su gusto. Cuando fue dueña del ministerio del Interior y la jefatura de la totalidad de las empresas públicas gracias a la generosidad de la alianza de los partidos políticos de izquierda, los democratacristianos estaban descontentos y sostenían que no habían leído el contrato matrimonial del programa de gobierno y que no podían enriquecer a sus militantes con los buenos sueldos de las empresas públicas.

Los “príncipes y los guatones”, descontentos con este matrimonio plebeyo, amenazaban con pactar con la derecha; por el momento, sabiendo que ir a la oposición significaba mantenerse a dieta de pan y agua, había que conformarse con el que – según ellos – era un mal matrimonio, pero criticando y ronroneando permanentemente, así fueran dueños de la mayor parte de los puestos del gobierno.

Un buen día, a los democratacristianos se les presentó la oportunidad de ser consecuentes con su identidad y proclamaron una candidata propia, (según ellos, se liberaban de los maltratos de la izquierda y les daba espacio para coquetear con la derecha sin necesidad de ir al lecho).

La Candidata, Carolina Goic, logró la ridícula votación de un 5%, y muchos de sus señores feudales perdieron sus dietas. La coqueta Democracia Cristiana soñaba con tálamo dorado que le había construido la izquierda, y a pesar de que sus dirigentes habían reducido el Partido a su mínima expresión, se negaba a morir.

La derecha, a causa de la traición de los democratacristianos, logró un triunfo espectacular, pero a pesar de contar con mayoría en el Parlamento, la oposición demostró ser incapaz de criticar y fiscalizar al gobierno de la derecha.

Los democratacristianos estaban felices de haber roto la alianza con los comunistas que, según ellos, eran los culpables de la mala vida que tenían actualmente, y a la Democracia Cristiana sólo que quedaba aliarse con el Partido Radical.

La Democracia Cristiana estaba consciente de que en su posición de centro tenía el poder de inclinar la balanza en favor del gobierno. Por lo demás, no era una mala idea, pues de los poderosos se podría recibir algunas prebendas, y podían decirse opositores sin necesidad de ser acusados de derechistas y cómplices del mal gobierno de Sebastián Piñera.

El proyecto de reforma del Sistema de Pensiones es el más importante y sentido por la ciudadanía, pues afecta directamente en la vida diaria: es sabido que la mayoría de los ciudadanos rechaza las AFPs, sin embargo, El Presidente Piñera pretende favorecer a las administradoras del ahorro forzoso que, esta vez, no sólo se quedaría con el 10% obligatorio de los cotizantes, sino que aumentaría al 14%, es decir, las AFPs estarían encargadas de administrar el 4% del aporte empresarial.

Los democratacristianos, que siempre se han caracterizado por siúticos y arribistas, cada vez que pactan con la derecha están dispuestos a hacerle concesiones que jamás lo harían con la izquierda. En 1973, cuando tenían la sartén por el mango, permitieron que la ultraderecha hegemonizara la oposición al gobierno de Salvador Allende e impusiera el golpismo. A poco andar, los democratacristianos de derecha fueron expulsados del gobierno militar y sus dirigentes progresistas exiliados, mientras que otros traidores siguieron apoyando a la Junta Militar, por ejemplo, William Thayer y Juan de Dios Carmona.

Los democratacristianos nunca se enmiendan: contradiciendo a su líder y profeta, Radomiro Tomic, terminan aliándose con la derecha, sabiendo que esta es la que gana, y aunque los derechistas se rían de ellos y los usen como compañeros de ruta, es tan fuerte su pasión arribista que una y mil veces tropiezan y caen en el mismo hoyo.

Antes del discurso del 1º de junio último, la derecha de la Democracia Cristiana había pactado con el gobierno el apoyo de la idea de legislar sobre el proyecto de reforma al Sistema de Pensiones, con la condición de que el 4% de las cotizaciones empresariales no fuera administrado por las AFPs. Los democratacristianos estaban convencidos de que “los caballeros de Chile” eran capaces de honrar su palabra.

El carácter alocado y mete pata del Presidente siempre le juega una mala pasada y, abandonando la diplomacia requerida en un buen mandatario, termina por expresar lo que verdaderamente piensa. En el caso del proyecto de Reforma de las Pensiones, como es un fanático individualista, sostiene que el dinero ahorrado pertenece a las personas, por tanto, ninguna institución comunitaria puede administrarla. Para Piñera – al igual que para el Presidente Reagan – la sociedad no existe, y el mundo sólo está compuesto de individuos.

Los democratacristianos por enésima vez se dieron cuenta de que los derechistas hacían y deshacían con ellos, engañándolos para atraerlos a su red y, una vez, violados, dejarlos en la vera. Los derechistas, hoy conscientes de la metida de pata de su jefe, tratan de recular con mil excusas, pero ya nadie les cree.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Rafael Gumucio El Viejo

Cambios sustanciales en el Poder Judicial

junio 5, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Soledad Piñeiro Fuenzalida

Presidenta Asociación Nacional de Magistrados de Chile

La progresiva avocación de los jueces a tareas exclusivamente jurisdiccionales es un imperativo para la modernización del Estado, pues apunta a garantizar de manera efectiva una exigencia fundamental y basal a todo sistema de justicia: contar con tribunales independientes en los que los jueces no tengan como incentivo, por ejemplo, fallar de una determinada manera para agradar a sus superiores, los mismos que en la actualidad –junto con eventualmente revisar sus resoluciones– deciden también sobre su carrera.

El reciente anuncio presidencial, de proponer una reformar al sistema de nombramiento de jueces y juezas, es de suma importancia para el país y apunta en la senda correcta. El ministro de Justicia ha precisado que se propondrá la creación de un órgano autónomo encargado de los nombramientos, excluyendo a las Cortes (de Apelaciones y Suprema) de la función no jurisdiccional de confeccionar ternas.

La progresiva avocación de los jueces a tareas exclusivamente jurisdiccionales es un imperativo para la modernización del Estado, pues apunta a garantizar de manera efectiva una exigencia fundamental y basal a todo sistema de justicia: contar con tribunales independientes en los que los jueces no tengan como incentivo, por ejemplo, fallar de una determinada manera para agradar a sus superiores, los mismos que en la actualidad –junto con eventualmente revisar sus resoluciones– deciden también sobre su carrera.

El mismo ministro de Justicia ha resaltado el déficit que exhibe esta organización judicial en Chile en cuanto a garantizar la independencia interna de jueces y juezas, manifestado esto en las amenazas y presiones que por décadas se han observado al interior de ella, que de manera impropia ha detentado dicho poder, con múltiples mecanismos de control funcionario respecto de los jueces, en el contexto de un diseño institucional vertical y jerárquico que percibe a estos como subordinados.

Ahora bien, la cuestión del nombramiento de jueces y juezas es un tema sensible para una democracia por la función de garantes de los derechos que estos cumplen y la necesidad de asegurar su independencia para que sea el derecho aplicable al caso (y solo el derecho) el que se exprese en cada decisión.

Como hemos dicho antes, el sistema de nombramientos entronca a su turno, con otros aspectos igualmente importantes de la organización judicial, tales como la carrera, el régimen de responsabilidad (disciplinario), las calificaciones regulares y un haz de instituciones que conforman, con sus particularidades, el llamado “gobierno judicial”, radicado actualmente en la Corte Suprema y las Cortes de Apelaciones.

Al diagnóstico que sirve de sustento a la voluntad política manifestada en el anuncio presidencial, han concurrido diversas instituciones. Dentro de las más elocuentes, el director ejecutivo del Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA) –órgano de irrefutables credenciales en el tema– nos ha recordado que “Chile ha implementado transformaciones profundas e integrales de todos sus sistemas de justicia (pendiente solo el civil)”, manteniendo las Cortes de Apelaciones y la Corte Suprema las mismas antiguas estructuras y lógicas del gobierno judicial, que han permanecido prácticamente intocadas.

Señala enseguida que “la esquizofrenia del sistema hace daño y da señales contradictorias; diseños procesales modernos, oralidad, adversarialidad, inmediación, organización ad hoc, gestión profesional de causas y tribunales en la primera instancia y –paradójicamente– ausencia de ello en los tribunales superiores”.

Y luego de demandar una “reforma sistémica” del gobierno judicial, plantea que “la función de selección, formación y nombramiento de jueces debiera radicarse en un Consejo de Nombramientos y Formación Judicial, separando de dichas funciones a las Cortes de Apelaciones y Corte Suprema”, al tiempo que indica, respecto de este órgano, que “especial atención en el diseño debe prestarse a sus atributos de independencia y de capacidad técnica, para lo que se requiere regular adecuadamente la representación de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, la judicatura y el mundo jurídico”.

A la luz de acontecimientos recientes, puede calibrarse la importancia de que los jueces se avoquen exclusivamente a su labor propia de resolver conforme a derecho, excluyendo a las Cortes de Apelaciones, por ejemplo, de nombramientos y tareas de gobierno.

Junto a la ventaja de eliminar las distracciones que a la labor de juzgar generan tales labores impropias, quienes postulen al máximo tribunal podrán demandar exclusivamente que se examine la calidad de sus argumentaciones, los méritos de su carrera, sus credenciales profesionales o sus esfuerzos de perfeccionamiento y no su injerencia en labores gerenciales –precisamente uno de los aspectos escrutados recientemente–.

Ese escenario claramente perfilará los concursos para resolver los cargos vacantes hacia un enfoque de mérito –mediante parámetros conocidos y bien definidos por ley–, eliminando o al menos acotando a una mínima incidencia, la discrecionalidad y el oscurantismo que rige hoy. Un salto relevante en materia de transparencia en la provisión de cargos de tan importante función pública.

Valoramos este anuncio, y abogamos por que se materialice a la brevedad el proyecto de ley y se abra un amplio debate público, pues se aviene con una reforma institucional relevante para reforzar una garantía procesal y mejorar la calidad de la justicia en beneficio de las propias personas.

*Ver video de magistrada:

 

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Soledad Piñeiro

La oposición efectiva

mayo 27, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

La efectividad es el equilibrio entre eficacia y eficiencia. Se busca lograr el efecto deseado, en el menor tiempo posible y con la menor cantidad de recursos.

 

 

Por Daniel Verdessi

Diputado DC

En política, como se ha dicho, cuando el objetivo es obtener metas en beneficio del pueblo, el arte está en el diálogo, la negociación y el acuerdo. Cuando el objetivo es nublado por el objetivo electoral inmediato, el aplauso fácil, es evidente que quienes buscan la ruptura, la disrupción, tienen más éxito comunicacional en desmedro de las que tienen un sentido más de consenso y colectivo.

La prudencia es la virtud intelectual que dispone a comprender y ajustar la actuación a la complejidad de las circunstancias en cada momento.

Lo contrario de la prudencia es lo que los clásicos griegos llaman hybris, esa suerte de falta trágica en que incurren algunos de los principales personajes de las tragedias, tales como Agamenón, Creonte, Edipo Rey entre otros.

Se podría traducir por obcecación, una especie de ceguera causada por la obstinada, jactanciosa y altanera fijación del personaje en una norma de conducta.

El enfrentamiento de estos estilos no es algo nuevo en política. Recordemos las discusiones que hubo al interior de la Oposición a la dictadura de Pinochet cuando se planteó el participar en el plebiscito, el que finalmente unió a toda la oposición.

Se podía ser moderado y sin embargo triunfar.

Es difícil al interior de un partido el coordinar una estrategia que unifique todos los estilos, pero es indispensable, justo y necesario.

No solo el tema ideológico es importante. También el estilo. Una política efectiva se evalúa por los resultados en beneficio al pueblo, y no una serie infinita de señales. Cuanto avanzamos en equidad, en justicia social.

Nuestra diferencia fundamental debe estar en la efectividad de la política. Resultados, no señales.

Hoy, lejos, la DC es el partido más efectivo de la oposición. Y esa efectividad se ha expresado con muchos triunfos que van desde la renuncia del Intendente Luis Mayol, a la obtención de la exclusión de las AFP de la administración del 4% adicional de cotización. Y siempre ha sido porque se ha logrado un mayor o menor alineamiento estratégico, la potencia de la Unidad frente a la diversidad legítima.

Nuestra propuesta es ejercer con fuerza nuestro liderazgo con Efectividad y Unidad.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Bancada DC, columna, Daniel Verdessi, diputado, legislador, parlamentario

¿Clase media protegida o con oportunidades?

mayo 25, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Disentir o discrepar no necesariamente es sinónimo de obstruccionismo, como algunos señalan tan livianamente.

Por Víctor Torres
Diputado DC

Por el contrario, dice relación con un derecho esencial de todo ser humano: a expresarse y manifestar su opinión sin censura alguna, pues se trata de un punto de vista que, formulado con respeto, contribuye a formar opinión pública y opinión preponderante.

Hoy, permítanme discrepar del slogan del Gobierno #ClaseMediaProtegida y digo slogan porque no estamos ante un real programa específico, diseñado con un objetivo al respecto, sino de luces y sombras y como han dicho algunos, más bien de pirotecnia.

La realidad nos muestra que se trata de una plataforma donde se han incorporado planes ya vigentes, salvo algunos proyectos que se encuentran en trámite y uno por enviar (seguro catastrófico en Fonasa) para “vestir” esta red como un producto nuevo y único, jamás pensado, “darle una mano a esa clase que ha sido postergada”, señalaba ayer un ministro en los canales de TV.

Se trata de 70 beneficios estatales – subsidios, seguros o becas – , que hasta hoy estaban en distintas reparticiones correspondientes a 11 ministerios. Nada realmente nuevo bajo el sol; muchos de los programas, vigentes desde hace años.

¿Por qué ocurre ello entonces?

Creo que estamos ante la búsqueda de un relato que le permita al Gobierno sortear la larga lista de hechos que hoy tienen a millones de chilenos y chilenas sumidos en la desesperanza, indignación y frustración. Alto desempleo, estancamiento en la actividad económica, baja en la productividad, caen las expectativas de crecimiento y suben los precios de productos y servicios básicos.

No cabe duda que la baja sostenida en los niveles de apoyo que experimenta el Presidente y su gabinete , como también la inminente cuenta presidencial, han motivado este despliegue comunicacional. Pero, los tiempos son otros y la información fluye rápidamente.

Ya no es tan fácil convencer con un relato que no se sustenta cuando, además, vemos contradicciones vitales. Mientras pretenden “darle una mano a la clase media”, conocemos de los negocios que se producen entre los cercanos al Gobierno y sus familiares. El caso de los hijos del Presidente es sólo una muestra.

Pero más allá de aquello, quiero detenerme en ese concepto de “clase media” y en esa frase de “darle una mano”.

Primero, existen diversas clasificaciones de la llamada clase media. De hecho, la OCDE la define como las familias que tienen ingresos de entre el 75% y el 200% de la mediana nacional. O sea, en el caso de Chile, $587.274 y $1.566.066 por hogar.

Libertad y Desarrollo usa la definición de entre 1,5 y 6 veces la línea de la pobreza. Así, sería de clase media un hogar de cuatro personas con ingresos entre $626.021 y $2.504.083 mensuales.

Obviamente que es un tema subjetivo, donde además pesan muchas variables a considerar. Si la familia, por ejemplo, tiene a una mujer como jefa de hogar, o los dos trabajan, qué nivel educacional tienen, en qué región vive, etc.

Por ello, más que manosear este término, habría que dimensionarlo con otra mirada, incluyendo historias y contextos para focalizar políticas públicas que realmente contribuyan.

Por otra parte, eso de “dar una mano” tiene sin duda un tinte paternalista y al borde de una mala entendida “compasión”.

Lo que las familias chilenas requieren, a mi juicio, es igualdad de oportunidades, una cancha pareja, sin las enormes brechas de desigualdad que ostenta, lamentablemente nuestro país, donde según el último estudio del PNUD (Desiguales) sólo un 0,1% de la población chilena concentra el 19,5% del ingreso nacional.

Así las cosas, quizás el camino sea procurar un colectivo con más igualdad, donde aquéllos sectores de mayores ingresos, y me refiero a ese uno por ciento más rico que acumula el 33 por ciento de los ingresos según datos del Banco Mundial, pague los impuestos que corresponda; donde la elusión se combata realmente; terminar con ese masivo robo hormiga por parte de empresarios que lucran con bienes básicos ; enfrentar con robustos entes reguladores los abusos del mercado; desterrar el miedo a llegar a la vejez con un sistema inhumano que entrega pensiones miserables.

En fin, comprometernos con cambios estructurales más que con fuegos artificiales que duran lo que duran.

Publicado en: Columnas, Politica Etiquetado como: diputado, legislador, parlamentario, Víctor Torres

COLUMNA: La DC ayer y hoy: “Cuando se pacta con la derecha, es la derecha la que gana” (Radomiro Tomic)

mayo 22, 2019 by Admin Istrador 2 comentarios

Cuando niño, mi padre me llevaba a concentraciones de la Falange Nacional, actividades que tenían lugar en teatros con olor a orines y a humedad. Los líderes y oradores de La Falange correspondían a tres personalidades muy disímiles. Eduardo Frei Montalva, muy inteligente, preparado, gran lector y escritor, que planteada, cada vez, temas novedosos; aún recuerdo de sus discursos de sobre la importancia de la petro química en la economía nacional.

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

Radomiro Tomic, el segundo en la lista de los que comandaban este pequeño Partido, era una especie de profeta desarmado y que siempre hablaba en tercera persona: sus discursos comenzaban con frases inaudibles e iban subiendo de tono cuando citaba una oración impactante del evangelio de San Juan, y su discurso terminaba con una conclusión clara y categórica; en el “Congreso de los peluqueros” Tomic triunfó con la propuesta de alianza con los conservadores, que llevaban como candidato al progresista médico, Eduardo Cruz-Coke, enfrentándose a Bernardo Leighton, Eduardo Frei y Rafael Agustín Gumucio, que eran partidarios de apoyar a Gabriel González Videla.

Bernardo Leighton, el tercero, personaje político de alto calibre intelectual y moral, un cristiano integral, que siempre fue el hijo político predilecto de mi abuelo, Rafael Luis Gumucio, (padre intelectual de La Falange). Este político estuvo siempre muy cercano a la izquierda, (según Bosco Parra, otro profeta de La Falange, Leighton planteó, en el primer Congreso la idea de una democracia proletaria.

Los niños, en general, son siempre conservadores, (yo, como nieto predilecto de mi abuelo Gumucio, era partidario del Dr. Cruz-Coke, contrariando la posición de mi padre, por seguir la idea de mi abuelo).

En La Falange siempre hubo dos grandes tendencias: el vanguardismo, expresión mesiánica del camino propio, seguido por la juventud, y la alianza – especialmente con los radicales – cuyos líderes eran Frei Montalva, Leighton y otros fundadores de La Falange.

Estas dos tendencias persistirán en toda la historia de La Falange y, posteriormente, en la Democracia Cristiana. Cuando este último Partido se convirtió en la fuerza política hegemónica, a raíz del apoteósico triunfo de Eduardo Frei Montalva, en las elecciones presidenciales de 1964, la Democracia Cristiana demostró su incapacidad política para formar alianza, tanto con la izquierda como con la derecha: difícilmente, un partido único puede sostenerse en una democracia pluralista; en el caso de la Democracia Cristina, el debate se trasladó al interior del Partido lo que ocasionó la división entre rebeldes, terceristas y oficialistas; unos privilegiaban la alianza con la izquierda y otros, el camino propio muy proclives a la derecha.

Se veía claro, que en 1970, el candidato de la Democracia Cristiana sería Radomiro Tomic, que pretendía superar los tres tercios sobre la base de la unión social y política del pueblo, es decir, una candidatura DC aliada con la izquierda. Luis Corbalán, un político muy atinado, esta vez lanzó la torpe frase “con Tomic, ni a misa”.

En lo sucesivo, la Democracia Cristiana estaba condenada a dividirse como las amebas: primero surgió el MAPU, (1969), lo cual le significó la sangría de algunos de sus líderes históricos y de la juventud; después, (1971), se fundó la Izquierda Cristiana, que le costó a la DC la renuncia a sus filas de nueve diputados.

En 1973 nuevamente los democratacristianos estuvieron divididos: los líderes Frei y Aylwin apoyando el golpe militar, y los dirigentes DC, dirigidos por Leighton, defendían consecuentemente la democracia.

Hasta 1973 los partidarios al camino propio no se atrevían a decir claramente que querían aliarse con la derecha, (la frase que encabeza este artículo pesada muy fuerte dentro de los democratacristianos), por consiguiente, el amor por la derecha había que disimularlo con candidaturas, como la de Edmundo Pérez Zucovic o de otro líder, seguidor de Frei Montalva.

La dictadura fue una pésima experiencia para las ambiciones de la Democracia Cristiana: los militares no pensaron jamás en entregarle el poder a los democratacristianos, y a los DC no les quedó otro camino que aceptar la alianza con la izquierda. Al comienzo, con los socialistas de Carlos Briones y, finalmente – con remilgos – con los demás partidos políticos de izquierda.

A la vuelta a la democracia estaba claro que la Democracia Cristiana debería encabezar el gobierno de la transición, (primero con Patricio Aylwin y, luego, con Eduardo Frei Ruiz-Tagle). Al interior del Partido, aunque privilegiaban el eje con los socialistas, quienes hegemonizaban la dirección de los DC eran los derechistas.

Edgardo Boeninger, como el principal consejero del gobierno de Aylwin, impuso la postergación de la recuperación de las empresas estatales regaladas por Pinochet a sus más cercanos, entre familiares y amigos, pretextando que la tarea central en este período era asegurar la democracia comprando a los militares, además de mantener contentos a los empresarios, en su mayoría pinochetistas.

El segundo Presidente de la Democracia Cristiana, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, era (lo es aún) un neoliberal de tomo lomo: con los socialistas ya domesticados, no había piedras en el camino para disimular el amor por la derecha.

Ideas como la redención del proletariado, la unión social y política del pueblo, el socialismo comunitario…carecían de sentido en una política dominada por el neoliberalismo, el individualismo y el total divorcio con la ética; en estado de cosas, a la Democracia Cristiana sólo lo cabía tomar el camino del “partido escoba”, es decir, conquistar apoyo a donde fuera, sin importar las convicciones.

Los partidos políticos se habían convertido en una especie de mafias y feudos en que, (como en la época de la república plutocrática, 1891-1925), se repartían el poder, y a la Democracia Cristiana le correspondía la mayor parte de la torta: casi siempre, los ministros del Interior y las jefaturas de las principales empresas del Estado.

El dinero tiene una enorme capacidad para corromper, especialmente a los dirigentes de clase media, y una vez convertidos en nuevos ricos los líderes de la Democracia Cristiana no tenían necesidad de visitar a los militantes modestos, salvo cada cuatro años, para la campaña de la reelección que, por lo d4emàs, estaba asegurada por el binominal.

Para la Democracia Cristiana la renuncia de Soledad Alvear a la candidatura en favor de Michelle Bachelet le fue fatal, pues aunque conservaban algunas posiciones de poder, el viejo debate y el camino propio y las alianzas reapareció con mes fuerza, esta vez el camino propio encarnado por el fallecido Adolfo Zaldívar, (expulsado del Partido al negarse a votar a favor del financiamiento del Transantiago, un pretexto banal, pues, en el fondo, la hegemonía de los “colorines” hubiera llevado al Partido a quebrar con la Concertación).

En el segundo gobierno de Michelle Bachelet la Democracia Cristiana se sentía prácticamente excluida; aun, salvo el caso de Peñailillo cuando los ministros del Interior pertenecieran a ese Partido. Con Jorge Burgos se inició la regresión reaccionaria dentro del gobierno de la nueva mayoría (Ignacio Walker, por ejemplo, declaraba sin tapujos que no había leído el programa de gobierno; Gutenberg Martínez expresaba que no votaría por Bachelet 2).

En las últimas elecciones presidenciales los seguidores del camino propio – versión “Partido escoba” – se pudieron dar el lujo de quebrar la Nueva Mayoría y llevar su candidata propia, con el agravante de presentarse solos en las listas parlamentarias; Carolina Goic sólo obtuvo el 5% de los votos y, además, en las parlamentarias perdieron los principales líderes del Partido.

La autocrítica es impensable en personas y conglomerados dominados por la autocomplacencia y la soberbia; la Democracia Cristiana no habría perdido, ni tampoco el camino propio la habría conducido, prácticamente, a la agonía, sino que la culpa de su derrota era achacable a su alianza con los comunistas, como si este Partido fuera portador de la peste.

La Democracia Cristiana, aunque en fase terminal, aún no se decide a morir: en la última Junta Nacional se ha elegido al ex “colorín” Faud Chaín, y los partidarios del camino propio insisten en que nunca más formarán gobierno con los comunistas, y sólo se limitarán a establecer alianzas administrativas con la izquierda. Con estas condiciones, una oposición mayoritaria en el Congreso no tiene ninguna viabilidad: por un lado, el Frente Amplio muy dividido, por otro, comunista, socialistas y PPD, cada uno para su santo, y por último, la Democracia Cristiana, cada vez más tentada de hacer alianzas con el gobierno, especialmente en proyectos que afectan a los ciudadanos, sobre todo, el de Pensiones, que consolidar el robo de las AFPs.

En la Democracia Cristiana sólo se salvan parlamentarios como Francisco Huenchumilla y Yasna Provoste, que mantienen posiciones progresistas, el resto haría un bien ocupando cargos en el gobierno de Sebastián Piñera, (lo hace, y con mucho éxito, “Eduardito” Frei Ruiz-Tagle), y al fin y al cabo, Piñera es hijo de un falangista y no es mes momio que los directivos CIEPLAN, Soledad Alvear, Mariana Alywin y Eduardo Aninat.

La Democracia Cristiana debiera convertirse en algo similar a la de sus congéneres ecuatorianos, venezolanos, salvadoreños y hondureños, es decir, estar siempre ubicada en la derecha cristiana.

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