El jurista conversó este verano con nuestro medio. Lo hizo para analizar el proceso constituyente en curso, que se origina tras el «acuerdo» del 15 de noviembre de 2019, por el estallido social, y que tiene su primer evento de transcendencia el próximo 26 de abril cuando se realiza el plebiscito. El electorado decide si aprueba o no una nueva constitución; también se elige el mecanismo para redacción de nueva carta fundamental: convención constituyente o convención mixta.
Chile decide. Su pueblo. Y pese a «campañas del terror» o alentadoras en construir «la casa común de todos», con spot de TV propagandísticos, que comienzan a lanzarse oficialmente el próximo 26 de febrero, entre quienes desean mantener el ordenamiento jurídico heredado de la dictadura y quienes abogan por reglas de juego nuevas en democracia, la batalla mediática y por redes sociales será con «uñas y dientes» .
El oficialismo, la oposición, los independientes y organizaciones sociales, cada cual tiene algo que decir y aportar al respecto.
Para analizar más en detalle lo que significa una nueva constitución, y los alcances que tiene en la sociedad chilena, que pide a gritos cambios profundos al modelo socioeconómico reinante, conversamos con Fernando Atria, abogado constitucionalista, y académico, quien hace años viene argumentando en favor de una nueva carta magna, redactada en democracia por representantes legítimos de la ciudadanía y que contribuya a terminar con las desigualdades arrastradas hace más de 30 años por el neoliberalismo enquistado en Chile.
Atria renunció al Partido Socialista (PS) a principios de octubre de 2019, antes del estallido social. Tomó esa decisión debido al «clientelismo visto en el partido que ya no es fiel a sus traiciones socialistas». Por lo mismo, pronto inscribirá su nuevo partido: «Fuerza Común», movimiento que aboga por una nueva constitución que atribuya al Estado una función de realización de derechos sociales «y no de asegurar condiciones del mercado».
-¿Cómo cree que va encaminado el proceso constituyente desde el «gran acuerdo» del 15 de noviembre a esta parte?
-El acuerdo abrió una posibilidad que había estado cerrada por 30 años. En ese sentido, creo que es un acuerdo que debe ser celebrado. Veo que, desde entonces, ha habido especialmente desde la derecha un ánimo de recular el proceso. Y eso se demuestra en que muchos prominentes políticos estuvieron por el apruebo y ahora salen como partidarios del «Rechazo», pero creo que este intento de recular no va a resultar. El proceso constituyente va a seguir adelante y va a terminar positivamente. El efecto que tendrá este intento de recular va a crear más molestia en la población, más polarización, más conflictividad.
-¿A qué apunta con este ánimo de recular el proceso?
-Esto se ha manifestado en la constante advertencia acerca de qué es lo que va a pasar en marzo, etc., como campaña del terror. Y eso se va agudizar cada vez con mayor fuerza, a medida que pasen los días y comiencen las campañas oficiales. Y eso va a conseguir que todo sea más difícil. Habría sido mejor que, en lugar de hacer campañas del terror, acerca de que la hoja en blanco es partir de cero, el salto al vacío y todas esas sandeces, lo que va hacer es que será más complicado todo. Pero, bueno, son los términos en los que hay que continuar y ahora la cuestión decisiva es el plebiscito del próximo 26 de abril , y dar hincapié, sobre todo, en la cantidad de personas que van a participar de la instancia, porque lo que ocurra ahí, será el resultado que dará el dato decisivo en todo este proceso.
«La constitución lo que hace es definir las características de la política. Hoy, lo que tenemos es una crisis de legitimación de la política institucional», dice Atria En La Fontana.
-Todo indica, o es más probable, que gane la opción «Apruebo», según diferentes sondeos…
-Si hay una participación, especialmente alta, en que la gente vaya a votar para este plebiscito, comparado a lo que estábamos acostumbrados con un 40% o 50% de participación, y se salta a un 70% u 80%, en ese escenario, va a ganar, evidentemente el «Apruebo» y la convención constitucional.
-¿Usted llama a no marcar AC (Asamblea Constituyente), como proponen algunos dirigentes de la mesa de Unidad Social, en los votos para que éstos sean válidos ante el Servel?
-Yo creo que es un error llamar a marcar AC. Tal vez, fue importante marcar AC en el año 2013, como una forma de abrir posibilidades que estaban cerradas. Hoy, esas posibilidades están abiertas, algunas de ellas por lo menos y, en ese contexto, el argumento que siempre existe en contra de marcar el voto, también, es que puede introducir cierta incerteza en el escrutinio del acto electoral (…) Entonces, ese argumento puede ser vencido si lo que está en juego es suficientemente significativo, como yo creo que era el año 2013. Hoy, existiendo la convención constituyente como posibilidad y de que el pueblo diga «No» a la constitución de Pinochet, no se justifica marcar AC en el voto.
-En términos prácticos, ¿La convención constituyente es lo mismo que la asamblea constituyente o tienen sus matices?
-En términos políticos y sociales, son términos equivalentes al llevarse a la práctica.
-¿El quórum de 2/3 será la piedra de tope para que se incorporen los cambios que se requieren en la redacción de una nueva constitución?
–La cuestión fundamental es que solo habrá nueva constitución, en la medida en que la política, el día después de que gane el «Apruebo», empiece a ser distinta. Que empecemos a ver los ciudadanos que la política está cambiando, no que sean cambios de un día para otro y de forma radical, pero que se note que se está cambiando. Porque la clase política, que es despreciada por la mayoría de los ciudadanos, deberá ser vista no como la elite del desempoderamieto ciudadano y pasar a ser vista como la política del empoderamiento ciudadano. Esa es la cuetión central de la constitución. Para eso, creo yo, la regla de los 2/3 es una hoja genuinamente en blanco. Es una regla que no es la mejor. Va a tener problemas en su operación, pero al menos no van a existir más las trampas de la actual constitución (…) Este 2/3 significa deshacernos definitivamente de la constitución de Pinochet y, segundo, lo que quede en la nueva constitución va a ser que esta vez sí, después de 30 años de retórica, genuinamente, se logre un gran acuerdo. Eso va a ser el acuerdo social más grande de los últimos 30 años. Todos los demás han sido acuerdos falsos, bajo la amenaza de la derecha que si no le gusta, se baja y chao. Con este acuerdo no va a pasar eso.
-¿Y qué debería contener la nueva constitución?
-Eso va a depender de la capacidad de los miembros de la convención, que aún no está elegida para llegar a los acuerdos.
-¿Y qué trampas se deben eliminar?
-La constitución se caracteriza por trampas constitucionales que yo esperría que no reaparecieran en la nueva constitución. Me refiero a quórums exagerados para generación de leyes, la configuración que tiene el Tribunal Constitucional (TC). Esas dos cuestiones fundamentales deberían desaparecer. Eso, tiene que ver con la incapacidad de la política, porque se impiden que existan políticas públicas transformadoras, como lo hemos visto en los últimos 30 años.
-Entonces, ¿Cuáles son sus expectativas para la nueva constitución?
-Lo que espero que ocurra con la nueva constitución es que desaparezca, y fuera erradicado, el principio del Estado subsidiario, que no está en el texto de la constitución explícito. Pero está en una serie de otras disposiciones políticas. Por ejemplo, las reglas sobre el Estado empresario. Sobre cómo puede actuar el sector público en la economía. Lo que es más notorio y que es fácil de entender para las personas es que, cuando se trata de derechos sociales, la constitución actual le impone al Estado el deber fundamental de asegurar las condiciones del mercado, en vez de imponerle el deber fundamental de realizar esos derechos sociales (…) Menciona algunos derechos, como el de la educación, la salud, etc., pero en los hechos, lo que eso significa, es que el Estado tiene el deber de asegurar las condiciones del mercado en esas tres esferas, y eso es lo que ha significado es el deterioro progresivo.
-¿El Estado subsidiario se suprimirá definitivamente?
-El Estado subsidiario, en esto, se manifiesta en que el Estado tiene el deber, bajo la constitución actual, de asegurar las condiciones del mercado, incluso en esferas de derechos sociales. Lo que yo esperaría es que la nueva constitución le impusiera al Estado el deber no solo de proteger el mercado, sino que garantizar derechos sociales.
-¿Y cómo se financiarían esos derechos sociales garantizados en educación, salud, vivienda, seguridad ciudadana, etc.?
-Al día siguiente que se apruebe una nueva constitución se verá eso. Porque si se define que el Estado debe garantizar derechos sociales, pero dado que tenemos recursos limitados, allí determinaremos cuál es la mejor forma de organizar esas esferas. Esa es la discusión típica de la política normal. Hoy, esa discusión está atravesada con la idea de que lo fundamental es asegurar condiciones para el mercado, si esa ida sale y podemos entonces tener una discusión genuina y política respecto de determinar la mejor manera de realizar derechos sociales, atendiendo a la asignación de recursos, eso sería una gran contribución de la nueva constitución.
-¿Qué es lo que se juega en una nueva constitución?
-La constitución lo que hace es definir las características de la política. Hoy, lo que tenemos es una crisis de legitimación de la política institucional. La constitución nueva no va a resolver los problemas sociales, pero el hecho de que toda la política, no haya sido capaz de solucionar estos problemas, es lo que explica, en buena parte, la deslegitimación que existe hoy (…) La constitución no ha a solucionar inmediatamente los problemas, por ejemplo, de salud. Eso lo soluciona una política pública idónea, pero que sea distinta a la que conocemos en la actualidad, porque en 30 años hemos visto que no ha sido capaz de solucionar estos problemas sociales. La nueva constitución, entonces, no es la solución de todos esos problemas, pero es la condición necesaria para que esos problemas puedan ser solucionados.
-¿Usted esperaría mayor unidad de la oposición para que se la juegue por el #Apruebo?
-Mientras más unidad mejor. Ahora bien, por cierto las condiciones actuales vislumbrar una oposición completamente unida por el «Apruebo» no parece algo tan factible, pero todos los esfuerzos que se puedan hacer en esa dirección son bienvenidos. Lo que realmente importa es saber cuánta gente va a ir a votar. Es decir, si vota el 80% del electorado lo más probable es que gane el «Apruebo» y con ello el efecto de eso se va a sentir en el resto del proceso constituyente.
-En ese sentido, el hecho que se haya rechazado en el Congreso el voto obligatorio para el plebiscito del 26, ¿Incide en que voten menos personas y exista más abstención?
-Como lo que yo creo que lo más importante es tener un estimado de cuánta gente votará efectivamente, por cierto, que el voto voluntario es una mala noticia. Habría sido mucho mejor que hubiese sido obligatorio. Sin embargo, creo que la razón fundamental por la que muchas personas han dejado de votar -de ahí la alta abstención que se registra-es que han aprendido que votar o no votar da un poco lo mismo, que no cambian las cosas, que votar el fútil (…) Par este plebiscito, considerando lo del estallido sociales es cada vez más claro que votar el 26 de abril no será fútil. Y eso, dará las condiciones para que existan más votantes. por cierto, que la unión de las fuerzas del «Apruebo» crearía mejor aún mayores condiciones (…) Para la nueva política del futuro, dar solución que se le dé al tema de la participación de los pueblos originarios, paridad de género y de personas que no están ligadas a partidos políticos es fundamental.
-¿Por qué renunció al Partido Socialista (PS)?
-Yo renuncié al partido socialista, incluso antes del llamado estallido social, a principios de octubre, porque me convencí de que la fuerza que estábamos haciendo dentro del partido, de transformar por dentro el PS para que pudiera ser un partido que estuviera a la altura de la tradición socialista en Chile, ya no tenía espacio. Por eso, es que estoy fuera del PS.
-¿Cómo se viene marzo?
-Yo creo que va haber movilizaciones, y ellas le van a recordar, sobre todo a aquellos, que están reculando el proceso, es que este proceso es necesario y espero que las cosas resulten para bien en ese sentido.
-¿Estarán las condiciones para una nueva carta fundamental si hay manifestaciones?
-Hay toda esta campaña de que no están las condiciones para que se realice el plebiscito. Es un poco absurda esa campaña. El plebiscito ya está constitucionalmente previsto. Entonces, al menos que quieran violar su propia constitución, esta elección va. Además, es algo conmovedor que se preocupen tanto de las condiciones para la realización del plebiscito lo que siempre, o hasta hace poco, defendían un plebiscito realizado en Estado de sitio, en plena dictadura, con proscripción de los partidos políticos como fue el plebiscito del año 1980.
-¿Es perjudicial que existan varias elecciones este año, con las Municipales 2020, elección a gobernadores y delegados constituyentes?
-Habría sido mejor una elección separada. Entonces, eso puede producir confusión innecesaria en el electorado (…) Desde el 15 de noviembre lo que ha habido es otro estallido, el estallido deliberativo. Desde el 15 de noviembre considero que Chile está en estado de asamblea, en el sentido de que en todas partes se han hecho cabildos o diferentes instancias para discutir sobre lo que significa una nueva constitución, con un grado de masividad que yo no había visto nunca antes. Entonces, todos se dan cuenta de que esto es una cuestión importante respecto de lo cual que aprender, discutir e informarse. Y eso está pasando, lo cual es positivo porque produce autoeducación cívica enfatizara eso para acelerar un proceso que es ya masivo. //ELF
