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A reconstruir la centroizquierda

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Saqueos

Sentido común

diciembre 1, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

Por Daniel Matamala

El sentido común es abrumador y se traduce en una agenda clara: frenar las violaciones a los derechos humanos; restablecer el orden público enfocando la represión en vándalos y saqueadores; dar respuestas rápidas a las demandas sociales; parar los abusos de la élite, y echar a andar, ahora ya, el proceso para una nueva Constitución.

Basta un breve paseo por el ring histérico de las redes sociales o por el circo de algunos matinales para convencerse de que Chile es un país polarizado. ¿Cómo no pensarlo, si los hashtags que llaman a la revolución o a la dictadura se disputan los primeros lugares? ¿Cómo no verlo, en el desfile televisivo de extremistas y hasta negacionistas de los crímenes de la dictadura?

Afortunadamente, ese es un espejismo. Pese a ese show de confrontación, nuestra democracia tiene un activo invaluable: el sentido común de los chilenos. En palabras de Jack Trout, “una facultad que posee la generalidad de las personas para juzgar razonablemente las cosas”.

Veamos cómo se demuestra.

La inmensa mayoría rechaza los saqueos y robos (96% en Cadem), y al mismo tiempo está de acuerdo con el movimiento social (85,8% según Desoc/Coes); con una nueva Constitución (85% según Cadem; 83,9% según Desoc/Coes) y con convocar a un plebiscito (83% en Cadem); además, cree que Carabineros ha abusado de su poder (69%, Cadem).

Cito, por cierto, encuestas que buscan ser representativas, no sondeos por redes sociales que, por su metodología, apenas representan a ciertas burbujas y no a la sociedad chilena.

En medio del desplome de la política, solo se salvan los dirigentes capaces de conectar con ese sentido común, dialogar y llegar a acuerdos. Los únicos políticos al alza en los rankings de evaluación son Mario Desbordes (44%, Cadem) y el ministro Ignacio Briones (41%, Cadem).

Caen estrepitosamente, en cambio, los que han evadido asumir su rol de liderazgo (Lavín, -16%; Sánchez, -15%), o los de discurso confrontacional (Insulza, -22%; Matthei, -18%; Allamand, -15%). Enterrados en el sótano de la lista aparecen los extremos: J.A. Kast, Teillier y Van Rysselberghe, junto al Presidente Piñera y su constante discurso sobre el combate contra “enemigos”.

Sí a los acuerdos, no al extremismo. De sentido común.

La élite siempre ha despreciado el sentir de la sociedad. Atenderlo, repiten, es “populista”. Pero la historia reciente deja muy mal parada esa pretendida superioridad.

Ya en 1990, según la encuesta CEP, había una mayoría a favor de una ley de divorcio. En 1995, el 74% de los chilenos la apoyaba. Pero, ante la resistencia de la élite supuestamente ilustrada, esta ley recién se aprobó ¡en 2004! El entonces diputado Alberto Cardemil dijo que la ley sería un “golpe mortal a una acción civilizadora de siglos”.

Mismos argumentos tremendistas hubo para retrasar otras reformas que la inmensa mayoría respaldaba, como el fin de la censura, la descriminalización de la homosexualidad (“algo que es ilícito se convierte en lícito”, decía el entonces senador Chadwick), o el fin de los niños “ilegítimos” (“no responde a un criterio realista intentar que la ley iguale lo que la naturaleza ha hecho diferente”, decía el entonces senador Hernán Larraín).

Lo mismo ocurrió con el aborto, donde en 2009 (Flacso) entre el 64% y el 66,7% de la población ya apoyaba la despenalización en tres causales.

Y qué decir del masivo rechazo ciudadano a las AFP y la desigualdad. Apenas al 7% le da tranquilidad que las AFP administren los ahorros (Comisión Presidencial, 2015); y 92,5% cree que las diferencias de ingresos en Chile son demasiado grandes (Coes, 2014).

¿Qué hizo el sistema político al respecto? Todo lo contrario: hasta el 18 de octubre, los dos proyectos estrella del gobierno eran bajar los impuestos a los dueños de empresas y dejar intocadas a las AFP en la reforma previsional.

Mientras, en estas semanas los abusos siguen campeando.

Laurence Golborne facilitó facturas falsas por más de $ 300 millones para recibir pagos de una decena de empresas en su campaña de 2013. Un acuerdo con la fiscalía lo liberó de condena a cambio de pagar módicos $ 11.440.000.

Su excolega de gabinete Gabriel Ruiz-Tagle (sí, el mismo de la colusión del confort) hizo una “pasada” de $ 353 millones usando información privilegiada con acciones de Colo-Colo. Ruiz-Tagle atribuyó su acción a “un error”, “producto de mi ignorancia de las normas”. La multa apenas lo obliga a devolver una fracción de lo ganado: $ 211 millones.

Más “errores”: en el juicio por el caso Corpesca, Roberto Angelini calificó los sobornos que su gerente general confesó haber pagado a parlamentarios como “errores de administración”.

Los abogados al servicio del poder ensayan sofisticadas explicaciones para esta impunidad, pero no engañan al sentido común: el 95% de los chilenos cree que “existen grupos privilegiados que reciben beneficios judiciales ya sea por su apellido o estatus social” (UC, 2016).

El sentido común es abrumador y se traduce en una agenda clara: frenar las violaciones a los derechos humanos; restablecer el orden público enfocando la represión en vándalos y saqueadores; dar respuestas rápidas a las demandas sociales; parar los abusos de la élite, y echar a andar, ahora ya, el proceso para una nueva Constitución.

En este momento crítico, la clase política debiera entender que llegar a acuerdos en beneficio de Chile es también popular y conveniente para ellos. Los chilenos ya lo entendieron. Es cosa de sentido común.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Crisis en Chile, Daniel Matamala, Manifestaciones sociales, Saqueos

Frente de Trabajadores de la DC avala demandas sociales y acusa incapacidad del Gobierno en contener el descontento ciudadano

octubre 20, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Los chilenos y chilenas estamos viviendo días muy tristes y trágicos. La ciudadanía se ha sumado a la movilización que originalmente era por el alza desmedida del pasaje del Metro, ampliando la protesta contra  los abusos y la difícil situación económica por la que atraviesa el país, con aumento de la cesantía, bajos  salarios, pensiones miserables, hospitales colapsados sin medicamentos ni camas.  

En estas protestas no ha habido conducción del movimiento social y cuando esto ocurre, es solo el malestar y la rabia lo que prima y la violencia ocurre espontáneamente con la consiguiente destrucción de bienes públicos y privados. Asumimos nuestra responsabilidad en este sentido y rechazamos categóricamente los actos vandálicos, como también el actuar y fuerza desmedida de Carabineros.

La causa de estas protestas, además de la incapacidad del Gobierno para dar soluciones a los graves problemas que viven a diario nuestros compatriotas, se encuentra en un modelo socioeconómico agotado, mercantilista y neoliberal, que permite el abuso impune de los más poderosos y aumenta día a día la monstruosa desigualdad que existe en nuestro país.

Los trabajadores/as y sus organizaciones hemos rechazado y luchado siempre contra este modelo de desarrollo depredador y explotador que justifica todo en función del dios dinero y relega a los trabajadores solo a un rol económico y de producción. Ayer, como hoy, debemos continuar luchando por un trabajo decente, un salario justo y por mejores condiciones para que nuestro Pueblo acceda a un nivel de vida digno.

Por ello, solidarizamos con el derecho a protestar de manera pacífica y no violenta. No se trata sólo de luchar por la justicia social, sino de organizarse con fines de justicia. Esto supone involucrarse, apropiarse, contextualizando las propuestas y superar la etapa de resistencia, para pasar al protagonismo con acciones transformadoras y un diálogo social donde todas las voces y visiones son  necesarias, pero en especial aquellas voces menos escuchadas y la de los más excluidos.

Frente a todo esto, el Gobierno opto por el camino más fácil pero peligroso, “declarar la guerra al pueblo” sacando los militares a la calles, creando una situación de insospechadas consecuencias que nos recuerda la  trágica época de la Dictadura Cívico-Militar. No asume ninguna responsabilidad política y es incapaz de  enfrentar situaciones críticas. Este gobierno no es digno de las chilenas y chilenos.

Por todo lo anterior, la Directiva Nacional del FTDC conmina al Gobierno a terminar con el Estado de Emergencia, que los militares vuelvan a sus cuarteles, que renuncien los Ministros de Economía y de Transporte, se deje sin efecto el alza del pasaje del Metro y se legisle de manera urgente un paquete con medidas sociales que constituya un paliativo a la necesidades más urgentes de los Chilenos y Chilenas.

Finalmente requerimos que la Mesa Nacional el PDC exija del Gobierno las medidas antes señaladas y otras que apunten en la misma dirección.

No hay “justicia juntos” si no es junto a los excluidos de hoy. Irene Celis Ramírez Flavio Garrido Sepúlveda Jorge Consales Carvajal.

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Crisis en Chile, Quemas de micro, Saqueos

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