En La Fontana entrevistamos a Humberto Burotto,vicepresidente de la Democracia Cristiana (DC), quien postuló en 2018 a presidir la colectividad, pero fue vencido en aquel entonces por el ahora constituyente y renunciado presidente de la falange, Fuad Chahín.
Burotto analiza los resultados electorales, tanto de las votaciones del 15 y 16 de mayo, así como las de gobernadores, donde en general por la alta abstención toda la política tradicional perdió, tanto los partidos de derecha, izquierda y de centroizquierda.
-¿Cómo analiza los resultados, que son malos para la política tradicional?
-El hastío hacia la conducta de los partidos políticos tradicionales quedó en evidencia brutal en la elección de constituyentes. Ante la disyuntiva de votar por más de lo mismo ó arriesgarse a votar por candidatos y agrupaciones nuevas, optó por lo último. Es una señal muy fuerte, absolutamente alineada con el sentimiento ciudadano surgido el 18-O del 2019. Pero fueron 4 elecciones y no todas significan lo mismo. La derrota para los partidos tradicionales está asociada a la elección de la Convención Constituyente. En efecto, los resultados electorales para los partidos políticos de los bloques tradicionales, no fueron los esperados. Los resultados así lo revelan: la derecha sacó 20,5% de los votos y 37 convencionales, la Unidad Constituyente sacó 14,4% de los votos y 25 convencionales y el bloque PC/FA 18,7% de los votos y 28 convencionales; en el mundo plural de los independientes los No Neutrales por la Nueva Constitución eligió 11 convencionales, la lista del Pueblo (anti partidos y anti neoliberales) sacó 27 convencionales, otros independientes regionalistas eligieron 10 convencionales y están los 17 convencionales de los pueblos originarios.
Esto significa que nadie tiene mayoría por si solo y la regla de construir mayorías de 2/3 queda absolutamente en etapa de construcción. Esto constituye un hecho político notable ya que ningún sector podrá imponer “sus miradas y sus ideas de mundo” a los demás. Menos la derecha, que se parapetó para esta elección bajo la consigna de transformar su hipotético tercio en un veto y de esta manera defender lo más significativo del modelo. Por lo tanto, esto asegura desde ya que los constituyentes electos dialoguen, expongan sus diferencias, pero también creen puentes e instancias de comunicación y, de esta manera, construir esos necesarios mínimos comunes de las reglas del futuro.
Otro elemento que aparece con fuerza en la última elección, es la vinculación territorial de muchas candidaturas electas, a partir de los problemas específicos que se evidencian en estos territorios. Este es un dato que nos habla desde al menos dos perspectivas, en primer lugar, desde la crisis que viven los partidos políticos que, en un sistema democrático sano, recogen demanda, la agregan y la transforman en programa y que hoy tendieron a ser desplazados, lo que, si bien es entendible, es muy preocupante ya que la democracia no sobrevive sin partidos. Ello nos debe obligar a mejorarlos y asegurar que interpreten la voluntad de sus electores. En segundo lugar, desde la profundización de la idea de descentralización, ya que se premió a candidaturas con vinculación territorial y temática y se castigó a las que eran impuestas desde Santiago. Esto, sin duda significará un reimpulso al proceso de descentralización que vivimos actualmente.
-¿Los 155 constituyentes reflejan al Chile democrático y real?
-Tanto la aprobación abrumadora que obtuvo la opción apruebo en el plebiscito, como la conformación de la Convención Constituyente, son evidencias indesmentibles del éxito del acuerdo institucional para redactar una nueva Constitución, que dio cauce a la revuelta del 2019. Esto es un éxito para todos aquellos partidos que invirtieron todo su capital en la consecución del acuerdo. Ello también nos habla de la responsabilidad de algunos partidos en situación de crisis y, de la irresponsabilidad de otros que no sólo se restaron del acuerdo, sino que, además votaron en contra del mismo en el Congreso (…) esta convención constitucional es muy representativa del espíritu democrático del Chile de hoy. Aun considerando que cerca de un 60% de la población no concurrió a votar, lo que nos representa una debilidad muy importante y un desafío.
-¿La desconexión de los partidos de derecha y centroizquierda con la ciudadanía significó que perdieran en las votaciones o hay otras razones?
-En general, el sistema de partidos políticos ha tenido una fuerte crisis de representación desde mediados de los años noventa. La vida partidaria se instrumentalizó bajo el sistema electoral binominal y transformó a los partidos de centro-izquierda en agrupaciones orientadas a la gobernabilidad, a ocupar cargos en el aparato público, descuidando a sus bases, a quienes decían representar. Así, las sensibilidades fueron cambiando y las elites de los partidos se acomodaron. Si bien esta crisis no es nueva, se ha acrecentado a partir de las expresiones de cuestionamiento al modelo de desarrollo que generaron el estallido social del 18/10. Los fuertes cuestionamiento al modelo de desarrollo neoliberal afectaron muy negativamente a los partidos políticos de la derecha por su postura de trinchera y defensa dogmatica del modelo. Pero también afectó a los partidos de centro izquierda, no sólo por su falta de voluntad política para implementar cambios profundos respecto de temas tan sensibles como los de la salud, la educación y la seguridad social, sino que por su participación en la red de corrupción que atraviesan las instituciones del Estado en el Chile de hoy.
-¿La gente no quiere a la exconceetación, hoy Unidad Constituyente?
–La ciudadanía no perdona a la centroizquierda haber comulgado hasta el cansancio con los mecanismos de mercado, como única fórmula de solución de los problemas de la gente. No perdona esa falta de coraje para recuperar la función social y económica del Estado. Pero ese mensaje ha sido bien recibido por muchos sectores dentro de los propios partidos, por lo que estamos en vías de elaborar un programa para el próximo gobierno que le devuelva la dignidad y el rol al Estado en el área social y económica, respetando obviamente la libertad de empresa y la propiedad privada.
Por otra parte, las consecuencias sociales y económicas de una muy mal manejada pandemia del Covid 19 por parte del Gobierno, en términos de ayudas tardías y excesivamente focalizadas, con procedimientos de selección muy engorrosos v/s la mirada universalista que propicia la oposición, afectaron mucho más a los partidos oficialistas, sobre todo en las elecciones para la convención constituyente.
-¿Es el triunfo de los independientes, el Frente Amplio y el Partido Comunista?
-Creo que el proceso político chileno está en pleno desarrollo y muestra resultados mixtos. Por lo pronto y como dije anteriormente, la opción ganadora de la pasada elección fue la abstención. En segundo lugar, en importancia podemos mencionar la irrupción de los independientes. Luego, respecto del conjunto de partidos, los nuevos, tanto Evopoli como Revolución democrática, subieron en la elección de alcaldes y concejales. El partido comunista subió mucho en concejales. Pero los datos no se condicen con la actitud de triunfo hegemónico del FA/PC.
En los gobiernos locales, la ciudadanía sigue mostrando un apoyo mayor a los partidos tradicionales. La Unidad Constituyente suma un 33,5% de la votación con una DC con 9,18% de la votación, PS 8,6% de votación, PR 6,7% de los votos, PPD 6,5% de votos. Es decir, se trata de una alianza que tiene una respetable votación, más aun considerando que la alianza PC/FA sólo obtuvo un 21,6% de la votación de concejales. Por lo tanto, al menos en esta elección la alianza FA + PC, no resulta ganadora.
Puede que la imagen ganadora del bloque FA/PC haya estado marcada por los triunfos en las elecciones de Alcalde en Santiago, Maipú, Ñuñoa, Viña del Mar, Valdivia. La mayoría son triunfos en donde el fracaso del gobierno local de derecha era notorio. Una conducción en varios casos con situaciones de corrupción y atropello de derechos humanos inaceptables, como Viña del Mar y Santiago respectivamente. Todos, por cierto, triunfos que comunicacionalmente son muy poderosos, pero que, a la luz de las cifras, son principalmente errores de la derecha, mala estrategia de las cúpulas de centro izquierda (que impusieron candidatos a su antojo) y un trabajo bien hecho del FA. Creo que tenemos que hacer una lectura más humilde del proceso, desde los partidos políticos, que considere la importancia y significado de la mayoritaria abstención y de la irrupción de los independientes.
-¿Ve un posible triunfo de Jadue en la presidencial?
La elección presidencial constituye un escenario absolutamente distinto a cualquier otra elección. Es cierto que el candidato comunista ha venido liderando las encuestas desde hace bastante tiempo. Sin embargo, es necesario detenerse en a lo menos dos aspectos. En primer lugar, en todas las encuestas el % de apoyo, dependiendo de aspectos metodológicos de ellas, fluctúa entre 13% y 19%. Conformando, de esta manera el mayor % la categoría de indecisos o que no saben por qué candidato votar. El segundo aspecto, es el tiempo que lleva el candidato Jadue en esta “empresa”. La pregunta es, ¿soportará la campaña en estos últimos 6 meses, cuando aún falta la elección del candidato de la derecha y la elección de la candidata de la Unidad Constituyente? Cuando aún, oficialmente no comienza la carrera presidencial. Finalmente, hay voces como la del Alcalde de Valparaíso que proponen levantar una candidatura presidencial de los independientes, probablemente basado en el éxito de la Lista del Pueblo en la elección constituyente. Por lo tanto el escenario electoral es absolutamente líquido al respecto de esta elección. Lo anterior no significa desconocer que hoy la opción Jadue aparece como una opción competitiva.
-¿Cómo se rearma la DC y la centroizquierda?, ¿Yasna Provoste debería ser la abanderada presidencial DC?
-Si bien ha quedado de manifiesto que, al menos en la elección constituyente, los bloques tradicionales bajaron su votación, no se puede soslayar que para la Democracia Cristiana los resultados en esta elección fueron catastróficos. En efecto, la elección más significativa, más relevante y por la que más nos jugamos las bases del partido, “la convención constituyente”, no solo constituyó un fracaso para nuestras pretensiones, sino que quedamos, por decisión de la ciudadanía, excluidos y ajenos a que nuestros principios y nuestras convicciones tuvieran alguna influencia en la redacción de la futura carta constituyente.
No está de más recordar que la constitución de 1980, fue redactada por un grupo de “notables”, escogidos a dedo por el dictador (militares y algunos civiles, entre 10 y 15 personas, no más). En esa oportunidad se nos dijo claramente, a través de esa constitución, que la sociedad y la política no existían, que lo más importante eran los individuos, y que de ahí en adelante sería el esfuerzo, el trabajo y merito individual para poder integrarse al mundo del consumo y del éxito. Ya sabemos que 40 años después, la promesa se transformó en pesadillas de vulnerabilidad y desigualdades sociales insoportables.
Por lo tanto, a diferencia de aquella constitución redactada entre cuatro paredes (oscuras y recalcitrantes) en este ejercicio constitucional, de manera transparente, con mucho aire fresco, se parte con el propósito claro, que la comunidad, la sociedad y la política existen y que no sólo el mercado es el único elemento ordenador de la vida social. En ese sentido, la Convención Constitucional recoge las principales demandas y reclamos del 18/0. Además, esta convención constitucional, parte con paridad de género y presencia de los pueblos originarios, tal como ocurrió finalmente, con una representación del Chile real.
Es por esto, por esta espléndida oportunidad de participación perdida para la democracia cristiana, que la constatación y sensación de derrota es tan profunda. ¿Qué hicimos tan mal para que este ejercicio democrático de profunda significación de futuro, como hemos dicho, nos pasara por el lado? Las razones las hemos venido destacando desde nuestra campaña interna a la presidencia del partido en el año 2018: falta de democracia interna, falta de organización partidaria, falta de renovación ideológica, falta de firmeza frente a la corrupción o la captura del partido por poderes externos. Desde entonces, hemos propiciado un trabajo en todas esas áreas, especialmente en la organización del VI Congreso Ideológico del PDC, nombrado Radomiro Tomic, en honor a ese gran político progresista que fue Tomic.
Sin embargo, no fuimos capaces de ponernos de acuerdo y hubo un despliegue de las fuerzas del partido del orden, aquella elite dentro del partido que se siente cómoda yendo a tomar el té a La Moneda con la derecha. Entonces, cometimos dos errores garrafales. En primer lugar, los procedimientos de selección de candidatos, donde el concejo del partido entregó la decisión final de elección de candidatos a la directiva nacional, específicamente al camarada Fuad Chain y al camarada David Morales, echando por la borda a muchos candidatos naturales, que desde los diversos territorios del país, enarbolaban nuestros relatos, nuestros mensajes. Esta decisión centralizada afectó gravemente legítimas aspiraciones de diversos líderes locales. En muchos lugares, nuestra militancia de base, no sabía quién era el candidato que representaba “teóricamente” al partido.
En segundo lugar y quizás lo más grave, hubo por parte de la directiva (al menos de parte de la conducción) una suerte de “oligarquización tecnocrática” para la elección de los candidatos. La idea que se quiso expresar, era que la redacción de una nueva constitución es solo un ejercicio de los que saben, de los que tienen experiencia, conocimientos y recursos. Entonces a la necesidad de implementar cambios profundos a la sociedad chilena, tan desigual, castigadora y humilladora con los más humildes, los candidatos propuestos por la conducción anterior (al menos los más conocidos), aparecían alineándose con la derecha para defender el modelo, o algunos de sus elementos fundamentales.

-¿Hay posibilidades de que exista carta única presidencial en Unidad Constituyente?
-Otro dato duro que nos muestran las elecciones y que tendrá que ver con un gran desafío para la DC, es la alta fragmentación en la representación de los principales partidos políticos. En efecto, la mayoría de ellos no alcanza el 10%. Si nos enfocamos en la elección de concejales, quienes alcanzan mayor representación en concejales es el PC y la DC con 9% respectivamente, después PS con 8,6%, el PR con 6,7%.
Entonces a la pregunta de cómo nos recomponemos de esta catástrofe, lo primero es realizar una autocrítica que aún no se realiza en términos oficiales. Lo segundo, es recomponer las confianzas internas, y eso pasaba por cambiar al menos la conducción de la directiva. La camarada Carmen Frei ha tomado este timón y ya se están notando los cambios de conducción. Un esfuerzo notable de la presidenta para trabajar por la unidad de la centro izquierda.
Considerando la fragmentación en la que quedan los principales partidos políticos, los desafíos de gobernabilidad democrática, post pandemia será particularmente difícil. En efecto nos encontraremos con un país más empobrecido que requerirá para reconstruirse de mucha seriedad, racionalidad y sensatez política. Lo anterior significará necesariamente la construcción de propuestas políticas de mayorías. Es decir, un desafío mayúsculo. La pregunta a responder: ¿Estará dispuesto el Partido Demócrata Cristiano para trabajar en este sentido? Si recogemos las declaraciones de la nueva presidenta del partido, Carmen Frei, la respuesta es sí, claramente estará en esta línea. Eso significa desterrar definitivamente cualquier referencia o atisbo de “camino propio”.
Además, está pendiente la tarea interna de construir un proceso que permita reconectar a las bases de la DC con la directiva. En ese sentido, es vital la realización de elecciones internas nuevamente, pues el mandato de la directiva anterior se ha extendido un año más de lo permitido por la ley. Ese es uno de los esfuerzos más relevantes a implementar, pues posiblemente uno de los aspectos de la derrota electoral en la elección constituyente fue que la directiva encabezada por Chain fue electa antes del estallido social y por tanto aun estaba con esa sensibilidad política llamada “auto-complacencia”, que tenía oídos sordos a la realidad de la gran mayoría de los chilenos, que se expresó el 18-O.
-¿La actual directiva que usted integra apoya este relato?
-La presidenta interina Carmen Frei incluso ha dicho, en gestos que solo la ennoblecen, que está dispuesta en “poner todas las mejillas necesarias” para recomponer las relaciones políticas de la centroizquierda. De esta manera se hace cargo de la fragmentación ya analizada y ofrecer a la ciudadanía coaliciones de mayorías, que aseguren no solo los cambios necesarios que la misma ciudadanía exige, sino que también estos cambios se realicen con sensatez y gobernabilidad.
-¿Yasna Provoste es la indicada?
-Respecto a la situación de la presidenta del Senado, esto se trata de una noticia en desarrollo. No obstante, esta situación, lo que sí podemos decir, es que entre las bochornosas horas de las situaciones de vetos cruzados; la renuncia de la candidata de la DC a la elección presidencial; las idas y venidas del PS; la renuncia del presidente nacional del PDC, la presidenta del Senado se alza como una figura seria, sin caer en discursos fáciles, por sobre la coyuntura electoral de la Unidad Constituyente. Su imagen, marca e identidad es la Unidad de la oposición.//ELF