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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Camilo Escalona

Una voltereta para adaptarse

agosto 31, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Ex presidente del PS

El alcalde Joaquín Lavín logró aumentar la cantidad de comentarios que genera en los medios de comunicación al señalar que su actual mirada política propone “incorporar muchos de los conceptos de la social democracia europea”.

Esto significa que Lavín, autor de “la revolución silenciosa”, otrora texto de cabecera del neoliberalismo chileno intenta borrar, una vez más, la repulsiva cicatriz de su pasado como difusor de la dictadura, esa etapa de intransigencia libre mercantilista en que se definió como “gallo de pelea” en la campaña de candidato a diputado de la UDI, en 1989.

Después ajustó la mira y en 1999, levantó la vaga idea del “cambio”, no se sabía cual pero le acarreó un buen apoyo electoral, luego se volvió a redefinir, esa vez, como “aliancista-bacheletista”.

Es decir, es una figura adaptable, cuya retórica se ajusta a lo que desea le escuchen para rehacer su imagen política dado que su temprana pasión pinochetista es un lastre adverso. Así para sacudirse esa mochila de plomo, dijo que de haber sabido las violaciones a los Derechos Humanos, en el Plebiscito del 5 de octubre de 1988, habría estado con la opción del NO.

Su etapa pinochetista lo hace ser lo que es, alguien “controvertido”, un ex ideólogo que quiere ser “cosista”, light, nada denso, huye las profundidades conceptuales, con todo se ha mantenido como una opción en la derecha, lo que no es poco, pero no logró alcanzar la Presidencia de la República.

Ese objetivo le ha sido esquivo, lo tuvo cerca en 1999, cuando la diferencia con el triunfante Ricardo Lagos fue en promedio menos de un voto por mesa, pero luego la posibilidad de instalarse en La Moneda, lo ha tratado con el mal sabor de la lejanía.

Su antiguo rival Sebastián Piñera le copó un sitial que Lavín creía le aguardaba, liderar la derecha para entrar a La Moneda de terno y corbata, sin destruir la democracia como el 11 de septiembre de 1973, sin recurrir al terrorismo de Estado, ni tanques, corvos, bayonetas y bombardeando el edificio, incendiándolo.

Cuando el mega millonario Piñera tuvo el favor de la división de los demócratas y ganó la Presidencia, Lavín perdió la senaduría en Valparaíso, tuvo que aceptar ser ministro de Educación y reprobó el examen. Así volvió a la Alcaldía, al cosismo de “laskondesburgo”.

Ahora el vacío de liderazgo en la derecha y la debacle piñerista le ha dado un espacio para rehacer la fama y la opción presidencial lo vuelve a ilusionar.

Que en democracia, sin aventuras golpistas, quiera llegar a Presidente es legítimo, ese propósito no es objetable, pero para alcanzarlo fue adquiriendo la manía de decir a todo que sí, se sube en todas las micros sin importarle dónde se dirigen y a cada uno de sus interlocutores acomoda el mensaje, por eso, se ha ido deformando en tal grado que puede ser un recipiente en que cabe cualquier cosa.

Hoy no se sabe que es “el lavinismo”. Quiere ser el candidato de la UDI sin las ideas de la UDI, pretende ser el candidato de la derecha aunque desea vestirse como de “centro”. A la postre puede ser que la afición de Lavín por los matinales televisivos obedezca a que le agrada ser un maniquí, un objeto inocuo que no molesta y que se adapta a la moda, indiferente a quienes no gustan andar a la moda, pero con ese “programa” no se puede gobernar el país, sería condenarse a la prolongación indefinida de la crisis actual.

Le encanta el libre mercado pero habla de derechos sociales, tiene que apoyar a Piñera, pero cada día hace fintas para desmarcarse del gobierno porque ahí ve el “abrazo del oso”.

Sin duda que esa es la pesadilla de Lavín, la fatalidad de ser la candidatura del continuismo piñerista, sabe que ahora el cambio es inaplazable, porque Chile no soporta más de lo mismo, eso sería dejar inmediatamente de ser competitivo e intenta camuflarse. Piñera y su gobierno son un salvavidas de plomo, así se lo confirman los análisis de sus asesores.

Ahora bien, hay que examinar con más detalle su último acomodo, el querer ser “socialdemócrata”. No cabe duda que para quienes en la izquierda postulan articular y materializar la justicia social en una potente institucionalidad democrática, con un Estado social y democrático de derechos, está incursión lavinista de exaltar el fuerte Estado social de Europa les da la razón.

Es cierto que sus cálculos apuntan a mejorar su caudal electoral y eso causa el malhumor en muchas personas de centroizquierda e izquierda por el desenfadado oportunista de los malabares retóricos del edil, de eso no cabe duda, pero también es cierto que Lavín está confesando que el neoliberalismo a ultranza que el mismo ayudó a implantar con la dictadura se agotó totalmente y como opción y/o proyecto de sociedad para Chile fracasó, resistió cuatro décadas y el estallido social desplomó su imagen de imperturbable indiferencia al descontento y la desafección social y política.

La derecha, el continuismo piñerista y quien sea la candidatura del bloque dominante carece de una alternativa sustantiva, cuyos contenidos estratégicos saquen al país de la crisis, por eso, la ansiedad lavinista lo lleva a vestirse con las ideas de sus rivales porque como candidato de la derecha inhumana cuyo gobierno abandonó a su suerte a las familias durante la pandemia no tiene como ganar, así va a ser el perdedor, entonces se presenta como lo que no es y quiere disfrazar el mercantilismo salvaje como espíritu solidario.

Como el pragmático Lavín, la derecha, que no es fundamentalista de mercado hasta la irracionalidad, sabe que viven un dilema moral profundo, comprobar que tanto crimen, dolor y amarguras no tienen justificación histórica alguna. Han sostenido un modelo de dominación que carece de legitimidad y perdió sustentabilidad.

La idea de un nuevo “estallido” los sobresalta, perdieron la tranquilidad. Hay demasiada desigualdad y la estabilidad dada por la resignación social ya no está asegurada.

Por tanto, más razones fundamentan y exigen la construcción de una alternativa unitaria desde la oposición porque el libre mercantilismo, el consumismo y el individualismo no son la bandera para ganar en las presidenciales del 2021.

De allí que el camaleón deba arriesgarse al escarnio o el ridículo con tal de adaptarse a las nuevas circunstancias. El estrés lo impulsa a robar las ideas ajenas para cubrir la ausencia de proyecto político estratégico.

La izquierda debe levantar su propuesta de un Estado social y democrático de derechos, con vistas al ejercicio de la justicia social con plena libertad y progreso económico. La derecha fracasó. Hay que darle un nuevo horizonte a Chile.

Tantos años acusados de “estatistas”, incluso encarnizadamente perseguidos y descalificados por esa caricatura que satanizaba la izquierda en los tiempos en que el mismo Lavín – el que desea ser socialdemócrata – era operador del régimen castrense, son muchos miles los que ahora son indirectamente reconocidos.

Por eso, en los aprontes lavinistas de viraje hacia “el centro” falta lo más importante, esto es que rechace el Estado subsidiario, la demoníaca criatura neoliberal pinochetista que ha sido el instrumento usado para desbaratar el Estado, jibarizarlo e impedirle cumplir su objetivo de cautelar el bien común.

El Estado subsidiario es un Estado impotente, intencionalmente debilitado para que no cumpliera sus tareas fundamentales y que la fuerza económica del país se concentrara en los mega conglomerados que deciden la acción de la economía y el Estado en su propio beneficio. Esta es una definición esencial del proceso constituyente y la adaptabilidad de Lavín es incalculable, pero no se le puede permitir que eluda esta definición medular.

El dilema está planteado. El Estado futuro podrá tomar definiciones y adoptar decisiones que reorienten en un sentido solidario y de sustentabilidad el modelo de desarrollo o deberá conformarse con ajustes que no corrijan el agravamiento de la desigualdad y los abusos estructurales en contra de los trabajadores y la clase media.

Por eso, lo que finalmente ocurra en el Plebiscito del 25 de octubre será decisivo. Esa es la gran responsabilidad de los luchadores por la justicia social en la actual encrucijada que está frente a Chile.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Camilo Escalona, columna, Columnista, Joaquín Lavín, voltereta

Lucidez y generosidad

agosto 16, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Expresidente del PS

Si la oposición se divide, las fuerzas de derecha y ultraderecha que hoy se atrincheran en los mecanismos coercitivos de la Constitución del 80, volverán a sacar ventaja a su reagrupamiento y optimizarán su representación. Por tanto, es clave un genuino esfuerzo de unidad que garantice que las fuerzas democráticas por el cambio obtengan la mayoría necesaria para abordar la redacción de aspectos fundamentales de la nueva Constitución. Se debe asegurar la paridad y diversidad necesarias, de género, intergeneracional, de creencias culturales, postulados ideológicos, proyectos políticos y sociales. Esto es lo más difícil. La meta óptima debiese ser una lista común de todos y todas las colectividades y liderazgos que aspiran a una nueva Constitución que avance a la justicia social en democracia. Si no se llega a lo óptimo habrá otras opciones, pero debe haber unidad en la diversidad.

Las multitudinarias movilizaciones sociales llamadas mediáticamente “estallido social” -cuyo mayor vigor, amplitud e impacto fue en los meses de octubre y noviembre recién pasados- generaron una situación nacional inédita, tanto de un rechazo abierto y mayoritario al Gobierno como de un profundo cuestionamiento al tramado institucional prevaleciente, creando las condiciones para el acuerdo político del 15 de noviembre, que permitió establecer la realización de un plebiscito vinculante para avanzar hacia una nueva Constitución, nacida en democracia.

La paralización producida en la marcha del país y la impotencia del Gobierno para retomar el control de la situación, crearon un caótico desbarajuste que provocó la caída del gabinete organizado en base a un liderazgo presidencial ultra personalista y un “consigliere” -el primo del Presidente- con un rol de primer ministro de facto, para el caso que el gobernante estuviera ausente o dedicado a arreglar el mundo como lo intentó en Cúcuta, Colombia, donde llegó engatusado por los halcones de ultraderecha de la Casa Blanca, pensando que con su brillante presencia bastaba para que cayera Nicolás Maduro, en Venezuela.

Todo ese libreto de retórica vacía, tantas veces pensado, aprendido, leído y repetido, se deshizo como pompa de jabón ante la potencia de la movilización ciudadana. El gabinete de los grandes amigos del Presidente se desplomó estrepitosamente. Surgió una nueva realidad política, el discurso de “guerra” de Sebastián Piñera no tuvo cabida y, en medio del recrudecimiento de las movilizaciones populares, el 15 de noviembre se firmó el compromiso de dar vida al proceso constituyente para resolver el descrédito y deslegitimación de la institucionalidad levantada sobre la base de la fraudulenta Constitución de 1980.

El logro del propósito del conjunto del arco democrático debe imperar por sobre el objetivo o aspiración de cada sector o figura por separado. No habrá otra situación como la que se configuró por la masividad y extensión del estallido social. Evitar un protagonismo que divida será la gran prueba de esta etapa, como también cuanta será la fortaleza de la voluntad reformista y de la capacidad de efectiva unidad, para que el proceso constituyente sea fecundo y la futura Constitución se afiance en una gran y amplia construcción democrática que la transforme, realmente, en la Carta Magna de las próximas décadas.

El punto de partida es el plebiscito en que la ciudadanía decida si se avanza o no hacia una nueva Constitución. Esa es la clave esencial que motiva a la opción Apruebo, al confirmarse su mayoría se deberá además verificar si la Convención Constitucional posterior, se elige en su totalidad o si sólo en un 50% y el otro 50% lo nomina el actual Parlamento. Luego, corresponde la elección del órgano constituyente, esperamos que electo por la ciudadanía en su totalidad y de acuerdo a lo establecido en el acuerdo de noviembre, esa elección se hará con el sistema electoral que rigió para la conformación de la Cámara de Diputados en los últimos comicios, es decir, con esa organización distrital y el mismo número de personas electas.

Por eso, si la oposición se divide, las fuerzas de derecha y ultraderecha que hoy se atrincheran en los mecanismos coercitivos de la Constitución del 80, volverán a sacar ventaja a su reagrupamiento y optimizarán su representación. Por tanto, es clave un genuino esfuerzo de unidad que garantice que las fuerzas democráticas por el cambio obtengan la mayoría necesaria para abordar la redacción de aspectos fundamentales de la nueva Constitución.

La lucidez y generosidad debe asegurar la paridad y diversidad necesarias, de género, intergeneracional, de creencias culturales, postulados ideológicos, proyectos políticos y sociales. Esto es lo más difícil. La meta óptima debiese ser una lista común de todos y todas las colectividades y liderazgos que aspiran a una nueva Constitución que avance a la justicia social en democracia. Si no se llega a lo óptimo habrá otras opciones, pero debe haber unidad en la diversidad.

Hay quienes pensamos que el descalabro económico y social que dejará el Gobierno de la derecha reducirá la irradiación de su candidatura, generando condiciones para la rearticulación de una mayoría democrática sólida, de amplísima convocatoria y sin exclusiones, con la gran misión de proponer y abrir paso al proceso de cambio en los próximos comicios presidenciales.

Esa perspectiva exige madurez y no forzar la disyuntiva de las distintas opciones presidenciales antes de tiempo. Lo primero es lo primero, una amplia victoria democrática en el plebiscito del 25 de octubre que haga posible la materialización del sueño de una nueva Constitución para Chile, erradicando el texto impuesto por el pinochetismo. Nadie sobra en la brega para alcanzar ese objetivo histórico.

El logro del propósito del conjunto del arco democrático debe imperar por sobre el objetivo o aspiración de cada sector o figura por separado. No habrá otra situación como la que se configuró por la masividad y extensión del estallido social. Evitar un protagonismo que divida será la gran prueba de esta etapa, como también cuanta será la fortaleza de la voluntad reformista y de la capacidad de efectiva unidad, para que el proceso constituyente sea fecundo y la futura Constitución se afiance en una gran y amplia construcción democrática que la transforme, realmente, en la Carta Magna de las próximas décadas.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Camilo Escalona, columna, Columnista, Unidad Social

La pobreza y el paro, el legado de Piñera

agosto 10, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Ex presidente del PS

La ministra preocupada de la compra de “plasmas” tendría que prestar atención a la catástrofe social y económica que dejará este gobierno como “legado”, una huella nefasta de inhumanidad marcando la convivencia nacional en los próximos años.

En efecto, en el trimestre móvil abril-junio de este año 2020 se registraron 997 mil personas que no lograron encontrar trabajo, es decir, hay 299 mil cesantes más en relación al mismo período del 2019, en que fueron 698 mil. Pero, lo más grave es que la fuerza de trabajo bajó de 9 millones 621 mil a 8 millones 139 mil, es decir, un millón y medio de personas que, aunque tienen la necesidad de un empleo, al no conseguirlo dejaron de buscarlo. Eso significa 2 millones y medio de personas en paro, que no tienen un empleo aunque lo quieran y lo necesitan.

Además, la cifra de hombres y mujeres que por su empleo suspendido reciben un pago gracias a su propio subsidio de cesantía son 801 mil personas. En suma, sumados a los anteriores son 3 millones 300 mil compatriotas en una angustiosa situación socioeconómica que, cuando concluya la cuarentena requerirán con urgencia un empleo para sobrevivir.

Se trata del 40% de la fuerza laboral sin ingresos estables y suficientes para sostener dignamente el hogar. El resultado práctico de esa cifra tremenda es el empobrecimiento y las penurias, como el alcoholismo, la violencia intrafamiliar, la drogadicción, la prostitución y la delincuencia en más de una tercera parte de la población.

Este es el verdadero resultado de las erradas decisiones de Piñera, Briones y el gobierno, de su estrategia de darwinismo social al negar los recursos que las familias requerían durante la cuarentena para mantener su vida en mínimas condiciones, porque la palanca principal para evitar el descalabro social que hoy duele en el alma nacional era la entrega de un Ingreso Familiar Universal, a lo menos desde mayo, de modo que todos los hogares pudieran financiar sus necesidades fundamentales.

Cuando la ministra del Trabajo señala en forma peyorativa que espera no se vea salir a la gente con plasmas de las tiendas no sólo está ofendiendo a las personas que han sufrido por la ineptitud con que Piñera y su gabinete han ejercido su responsabilidad de gobernantes.

Asimismo, está colocando de manifiesto su total ignorancia respecto de la debacle que la mezquindad del régimen imperante ha generado, porque las familias necesitan cubrir deudas y un alivio para comer y abrigarse como corresponde.

Así, sin quererlo está expresando el centro nervioso del error del piñerismo, creer que la gente podría sobrevivir durante tres, cuatro, hasta cinco meses sin ingresos monetarios, que iban a comer aire, esa es la inhumanidad y su error profundo, que revela su absoluto divorcio de la vida cotidiana y su descompromiso con las familias que de ninguna manera podrían resistir la crisis sin ingresos.

El narcisismo del gobernante que se creyó infalible no tuvo la mínima lucidez para advertir esta cuestión esencial.

Por eso, la necesidad de una Renta Básica Universal ante la emergencia continúa siendo esencial.

Lo central de esta demanda y propuesta a la vez es que debe ser auténticamente universal y llegar a todos los hogares. De lo contrario la catástrofe social será inmanejable. En lugar de ironizar con los plasmas, la ministra debiese tomar nota de la terrible crisis social que está delante de sus ojos y que el gobierno del cual forma parte se niega a admitir con soberbia increíble.

La encuesta Ipsos de esta semana no se equivoca, el 84% de los encuestados cree que el país está siendo dirigido en una dirección errada y se definen pesimistas ante el futuro próximo, la intuición de la ciudadanía acierta, con la ceguera reinante, día a día, crece la incertidumbre. Con un pésimo gobierno el horizonte de la nación chilena se ve incierto.

El panorama nacional tendría un inmediato repunte positivo de aprobarse el impuesto al patrimonio de los súper ricos. Se trata de una tasa del 2,5% por una vez.

En Chile, los antecedentes existentes indican qué hay cerca de 9000 contribuyentes con haberes superiores a los 5 millones, pero sólo 263 que tienen más de 100 millones de dólares.

La información disponible señala que serían recaudados 6 mil millones de dólares. Esos recursos podrían financiar una Renta Básica Universal en medio de la crisis y los súper ricos no dejarían de serlo ni quebrarían y, como ya lo indica lo sucedido con el retiro del 10% de las AFP, sería también un fuerte estímulo de reactivación de la economía.

Pero salieron al tiro los obsecuentes a rechazar la idea y cuidarle el bolsillo a su jefecito, el gobernante. Un súper rico o mega millonario, cuyas inversiones se arrastran por el conjunto del sistema financiero.

Es la desgracia de un país cuando tiene instalado el conflicto de interés en la jefatura del Estado. Los funcionarios públicos que con obsecuencia rechazan este impuesto al patrimonio y que, sin decirlo o admitirlo, defienden a Piñera violan claramente los principios básicos de probidad en el ejercicio de sus cargos.

En efecto, consultoras internacionales, como Forbes, calculan la fortuna personal de Piñera en alrededor de 3.000 millones de dólares, un impuesto de 2,5% le significan unos 75 millones de dólares que a todas luces no tiene previsto dentro de sus objetivos “altruistas”. Queda claro la médula de profunda mezquindad que encierra la conducta del gobierno.

Mayor es la importancia de la unidad y el entendimiento de los demócratas chilenos, con el propósito que se levante una opción que de verdad pueda dirigir al país, sacarlo de la crisis y gobernar de acuerdo al interés de las mayorías nacionales hoy postergadas.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Camilo Escalona, columna, Columnista, Partido Socialista, PS

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