• Saltar al contenido principal
  • Skip to secondary navigation

En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

  • Noticias
  • Política
    • Congreso
    • Ejecutivo
    • Municipio
    • Otros
  • Entrevistas
  • Opinión
    • Editorial
    • Columnas
  • Clipping Noticioso
  • Archivos con Historia
  • En La Fontana TV
  • Quienes Somos
  • Noticias
  • Política
    • Congreso
    • Ejecutivo
    • Municipio
    • Otros
  • Entrevistas
  • Opinión
    • Editorial
    • Columnas
  • Clipping Noticioso
  • Archivos con Historia
  • En La Fontana TV
  • Quienes Somos

Henry Saldivar

América del Sur, un nuevo comienzo

julio 20, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Henry Saldivar

Los presidentes sudamericanos se reunieron el pasado 30 de mayo en Brasilia, convocados por el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, quien buscaba reforzar la desvalorizada integración del sur y poner en tabla el rol de la región en la nueva geopolítica internacional, en momentos en que varios de los concurrentes afrontan conflictos políticos, crisis económicas y tensos vínculos bilaterales.

Los presidentes no se reunían desde la VIII Cumbre de la Unasur en Quito, en el 2014, ocasión en que se transfirió la presidencia pro témpore de la Unasur del presidente de Surinam, Dési Bouterse, al presidente de Uruguay, José Mujica. Lo más valioso entonces de la convocatoria es que acudieron todos al llamado del presidente Lula. Como es lógico después de nueve años de desencuentros, se puede considerar una Cumbre aproximativa.

Estando así las cosas, no fue entonces una gran sorpresa que los presidentes acordaron establecer solo un grupo de contacto, integrado por los cancilleres, quienes trazarán una hoja de ruta para la integración. Este es ni más ni menos que el logro de esta Cumbre. Un resultado modesto, pero realista.

Este es el consenso, un mínimo que retrotrae la integración de la región hacia sus inicios en las primeras cumbres presidenciales donde se buscaba acordar políticas de integración regional y temas de interés para la región. Sin embargo, el encuentro era necesario ya que se considera un foro clave para el conjunto de temas pendientes entre los países participantes.

En la declaración final los presidentes acordaron «reafirmar la visión común de que América del Sur constituye una región de paz y cooperación, basada en el diálogo y el respeto a la diversidad de nuestros pueblos». Los cuatro compromisos son similares a los acordados hace 23 años. 1. Democracia y Derechos Humanos 2. Desarrollo Sostenible y Justicia Social 3. Estado de Derecho y Estabilidad Institucional 4. Defensa de la Soberanía y No Injerencia en Asuntos Internos.

Los compromisos tuvieron una discusión de fondo. Si bien es cierto que la presencia del presidente de Venezuela fue acogida con respeto por parte de sus homólogos, también las críticas estuvieron presentes. Lo que muestra que América del Sur es un territorio que tiene problemas comunes y requiere de todos sus miembros para resolverlos. Es meritorio que la Cumbre haya adoptado compromisos entre sus miembros, aunque en su discurrir se revelara una tensión interna sobre todo en materia de Democracia y Derechos Humanos, el que parece equilibrarse con otro compromiso, el de la Defensa de la Soberanía y la No Injerencia en Asuntos Internos.

La presentación de la «cuestión» de Venezuela como una narrativa demonizada por los enemigos del régimen por parte del presidente Lula recibió sendos reproches, tanto del presidente de Uruguay y, del Presidente Boric, quien destacó a los derechos humanos y la democracia como las bases de su acercamiento regional. Lula y Boric quedaron en las antípodas. El primero ha buscado un acercamiento pragmático, el segundo ha sincerado una cuestión de principios.

La sorpresa fue el total y absoluto rechazo a relanzar la Unasur. Todo va a comenzar de nuevo ya que el esfuerzo estará enfocado en instaurar «un diálogo regular, con miras a impulsar el proceso de integración de América del Sur y proyectar la voz de la región en el mundo». Aunque ¿se puede decir que América del Sur está en movimiento de nuevo?

Los cancilleres quedaron sin plazo para realizar su labor. Tampoco será expedito, y será sometido a un trámite regular, aunque se espera una colaboración sin pausa ante el cometido. Los cancilleres tienen un menú de opciones en materia de integración. Una de ellas, es la creación de un área de libre comercio en América del Sur.

Esto implica reemplazar el paradigma europeo por el norteamericano: La UE o el Nafta. A diferencia de la Unión Europea, el Nafta no establece organismos gubernamentales supranacionales ni crea un cuerpo de leyes por encima de las leyes nacionales de cada país. Nafta es un tratado en virtud del derecho internacional, del que forman parte los tres países de América del Norte. Eso es lo que llamaríamos una integración menos ideológica y más comercial. Lo que parece un buen punto de partida para acrecentar el intercambio intrarregional en América del Sur.

Existen obstáculos, y el principal es que gran parte de la opinión pública considera que la integración debe ser entre democracias que respeten los DD.HH. y el Estado de derecho, lo que implica restaurar una democracia legítima en Venezuela. La transparencia, los procedimientos institucionales y la separación de poderes se ha vuelto crucial en las democracias del sur. La democracia venezolana tiene tareas pendientes: retirar a los militares de la política contingente, garantizar elecciones legítimas, repatriar a millones de sus compatriotas y permitir la alternancia en el poder. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columna, Columnas, Henry Saldivar

Integración y democracia en Suramérica

abril 18, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

 

Por Henry Saldivar

La globalización – el principal proceso de mundialización – no se ha detenido a pesar de las guerras o los sabotajes, los conflictos o desacuerdos entre los Estados, e incluso por la falta de consenso en la OMC. La llamada pequeña burguesía, domiciliada en los territorios digitales, ha hecho suya la bandera del libre comercio, a través de millones de transacciones al año que desafían el comercio mundial institucional. Al contrario, los Estados restringen el comercio con terceros cuando se incorporan a bloques comerciales, que se han extendido a la mayor parte de las economías.

Sin embargo, las grandes potencias se reservan el derecho de cambiar incluso los acuerdos de esos mismos bloques, como lo ha hecho recientemente EEUU con el NAFTA.

Los grandes Estados siguen marcando las reglas de un nuevo mundo donde algunos se han reinventado como Estados matones. Con ello se ha demostrado que no sólo es importante el comercio, sino también la seguridad de las medianas y pequeñas soberanías y sus entornos.

Nuestra América Latina ya no es lo que creíamos que era. Las realidades políticas se han apegado al libreto de la geografía y han abandonado la narrativa común con que nos ha provisto su vasta literatura. Se han impuesto alianzas comerciales que se corresponden con América del Norte, Centro América o el Caribe, salvo en América del Sur donde no se han resuelto aún sus desafíos de integración.

Con el cambio de milenio, un primer intento provino de presidentes socialdemócratas como Cardoso y Lagos, que propugnaron una comunidad de países democráticos de América del Sur, buscando la integración física y de infraestructura que pudiesen acrecentar los intercambios de sus habitantes, especialmente de los del interior y en dirección Asia-Pacífico.

Un segundo intento vino desde la izquierda populista de Chávez, apoyado por Lula y Kirchner, que llevó al conglomerado a denominarse Unasur, émulo de la Unión Europea, aunque sin sus atributos.

Sus ambiciosos propósitos combinados con una alta carga ideológica nunca encontraron consenso en la naciente comunidad. El enfrentamiento entre Colombia y Venezuela, los últimos países gestores de la organización, terminaron por dinamitar la grandilocuencia bolivariana sobre la integración.

El Gobierno pasado careció de una política clara frente al organismo. Esa misma ambivalencia llevó al ex Canciller Heraldo Muñoz a proponer una alianza entre Mercosur y la Alianza del Pacífico, que carecía de realismo político y económico.

Un tercer intento ha surgido a partir de la derecha. Chile y Colombia han convocado a ochos países a una nueva refundación, donde la presencia de Brasil y Argentina ha sido decisiva.

El Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur) se ha presentado como un organismo internacional, que busca favorecer la integración suramericana en reemplazo de Unasur: una derecha dispuesta a tratar con pragmatismo los intereses comunes en Suramérica.

Todo esto es posible por la amplia y profunda derrota que han sufrido las izquierdas en América del Sur. Tanto las populistas como las democráticas. Muy atrás ha quedado la discusión sobre el probable mundo pos liberal, anunciado por algunos hace cinco años.

Al contrario se ha reafirmado formas no democráticas del ejercicio de gobierno. Las dictaduras de izquierda que aún sobreviven – Venezuela y Cuba -, las democracias populistas de derecha como EEUU y Brasil, o de izquierda como Nicaragua y Bolivia, son parte de estas formas revenidas de ejercer el poder público.

La izquierda latinoamericana siempre fue partidaria de otorgar a los pueblos formas más humanas de convivencia y ejercicios más ilustrados de sus gobiernos. Esto debiera corresponderse con una valoración profunda de la democracia como un espacio de todos, superior incluso a las ideologías de derecha e izquierda.

Esta misma idea es la que debiese animar la construcción nunca acabada de un espacio común suramericano.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Henry Saldivar

Copyright © 2026 · Author Pro on Genesis Framework · WordPress · Acceder

Enviar WhatsApp