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A reconstruir la centroizquierda

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Chile Vamos

La derecha, como las vírgenes necias: o el desencuentro con la historia

julio 10, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Hugo Latorre Fuenzalida

Columnista de ElClarin.cl

La ceguera de Piñera y los neoliberales ha provocado una furia social que puede llevarse por los cuernos su mentado, desmentido, decrépito y fangoso “Oasis”. El gobierno y los partidos de derecha siguen empeñados en defender lo que han resguardado por 47 años: los intereses de una ideología que ha mostrado su inviabilidad a mediano plazo.

Los economistas de la corriente neokeynesiana y también los de la corriente postkeynesiana, ya en los años 80, cuando llevaba una década de aplicación las propuestas de la escuela de Chicago, apadrinada por las teorías monetaristas del señor Friedman, comenzaron a corregir lo que plantearon y aplicaron los neoliberales y a confrontar ese paradigma, los de la escuela postkeynesiana de manera estructural y los neokeynesianos de manera adaptativa.

Ya en una década de aplicación, tanto en Chile, EE.UU. de Norteamérica e Inglaterra, el neoliberalismo demostró ser más un problema que la solución al decaimiento de las teorías Keynesianas, aplicadas en la postguerra en casi todo el planeta.

En Chile se produjo una gran inequidad y pérdida de derechos y calidad de vida de más de dos tercios de la población, transferencia ilícita de riqueza pública a privados, tributación regresiva y colapso económico en 1982-83, fruto de lo cual resultó un gran endeudamiento externo del país.

Luego de esa crisis, debieron dejar de lado las posturas chicaguistas y adoptar los consejos de una política pragmática, es decir similar a la Neokeynesiana, encabezada por el ministro Büchi. Al final del régimen dictatorial, Pinochet instala una política opuesta a la de Chicago, lanzando a la calle una cantidad dinero, de origen público, que elevó el PIB a niveles cercanos al 10% (un irresponsable populismo). Pero como los niveles de inversión permanecían bajos, se alentó un grueso desequilibrio macroeconómico, lo que llevó a imponer políticas restrictivas en su último año, las que debió continuar la Concertación por otro año más.

El presidente Reagan, implementó una economía de reducción de impuestos y de disminución del gasto social, con la finalidad de alentar la inversión. Sin embargo aumentó enormemente el gasto militar y el gasto suntuario de los más ricos, lo que derivó en un déficit en las cuentas comerciales y financiera de enorme calibre, que entre sus efectos elevó los intereses internacionales y gatilló la crisis de la deuda externa de los países en vías de desarrollo, lo que los regresó atrás en una década (la década perdida de los 80). Eso obligó a los gobiernos sucesivos de Estados Unidos a instalar políticas más pragmáticas: incluyendo guerras para reactivar la economían (Irak) y, posteriormente, los gobiernos demócratas de Clinton, imponer políticas neokeynesianas, con bastante buenos resultados.

La Inglaterra de la señora Thatcher, fue un experimento de ocultamiento. Sus políticas llevaron a tasas enormes de desempleo, los que fueron disimulados cambiando 11 veces la forma de medir la cesantía. La delincuencia se disparó y el malestar social quedó encarnado en los célebre “Hooligans”. Los laboristas y también los conservadores, debieron después tomar políticas pragmáticas, propias de la “Tercera Vía”, que en el fondo son políticas derechamente neokeynesianas.

Los neokeynesianos también creen en el mercado, pero no lo ponen como “Deus ex machina”, es decir, capaz de resolver por sí solo todos los problemas de la economía. Creen que en las economías modernas y realmente competitivas, los desequilibrios surgen necesariamente, inevitablemente, pues nadie es capaz de anticipar las decisiones de los competidores de manera total. Entonces se requiere la participación del Estado permanentemente, tanto para evitar la competencia desleal, pero también para estimular inversiones en áreas no atendidas. Creen, sin embargo, que los salarios se regulan por el mercado y no por la confrontación sindical o gremial. Los más destacados representantes de esta escuela son: John Hicks, Franco Modigliani; James Tobin y Paul Samuelson.

Los Postkeynesianos, en cambio, son los verdaderos herederos de la teoría keynesiana. Su corrección a Keynes va más como una actualización, acerca de los temas que el maestro no pudo prever, como la velocidad del cambio tecnológico, la integración universal de los mercados y la gran capacidad de acumulación de riqueza de las empresas transnacionalizadas. Todas estas múltiples corrientes estructurales, los Postkeynesianos las integran en una síntesis muy completa y que han venido aplicándose mayormente en el mundo asiático, pues ahí se camina con los dos pies: desarrollo de una economía interna a la par de una competitividad en los mercados internacionales; los estímulos fiscales son mayormente sobre la inversión y no sobre el gasto corriente; el desarrollo tecnológico es un pilar central de la ocupación del Estado, pero con fines productivos y competitivos, es decir que abarca también a la educación. Sostienen que el Estado tiene un deber de conducir las economías hacia un destino planificado indicativamente y también directamente; que el sector privado debe instalar una simbiosis estratégica con el sector público y jamás uno debe anular al otro. En esta escuela se ubican economistas como Paul Davidson, Alfred Eichner,Richard Goodwin, Nicholás Kaldor, Michal Kalecki y JanKregel.

Como se puede ver, el neoliberalismo sólo ha permanecido en pie en este reducto austral y arrinconado del mundo, y lo ha hecho por tantos años, que fue capaz de producir una “ilusión de desarrollo”, soportado en cifras macroeconómicas que acusaban un flagrante olvido de los deberes sociales y humanos de todo Estado moderno; sostenido también por un endeudamiento creciente de las familias y un equilibrar a la clase media en la cuerda floja de la esperanza y el garrote. Eso que los economistas llaman “disciplinamiento por el miedo”, una especie de tortura en pausas, pero prolongada hasta el aniquilamiento o la sumisión. Una sociedad de ganadores y perdedores, pero los perdedores son más del 75% de la población, mientras que los ganadores de verdad, los del premio gordo, no son más del 1%; el otro 24% no viven mal, pero no les alcanza para subir al estrado de los exitosos, pues dependen de los ciclos económicos, es decir de algo tan torturante como el azar.

La ortodoxia económica aplicada en Chile, linda en comparación con la ortodoxia despótica de Corea del Norte, claro que en posición invertida; acá endulzada con la promesa de convertir a cada chileno en un empresario ascendente. Pero esta promesa se ha visto amenazada cada vez que el azar determina una crisis en el exterior, ya que esta economía experimentada sólo en Chile, nos mantiene anclado al siglo XIX, como exportadores subordinados y expoliados desde las materias primas.

De hecho, nos han pegado sucesivas crisis: mexicana, la asiática, la subprime, la europea, la brasileña, la argentina, la guerra comercial de las potencias. Todas ellas nos han hecho retroceder en lo avanzado, pero algo nos ha mantenido a flote. Ya sean los dineros llegados para repactar deudas (1987-88); excelentes precios del cobre (1986-87); ya sea la venta de activos públicos (1987-2003); también el superciclo de las materias primas (2003-2013). No ha sido el genio económico de nuestros gobernantes, sino la liquidación de riqueza histórica a manos privadas extranjeras y el hipercrecimiento del Asia, que provoca el superciclo primario en América Latina. Con nuestro esfuerzo, sólo hemos producido importaciones industriales y de consumo habitual, pero también suntuario; hemos multiplicado la acción financiera y especulativa y hemos olvidado las inversiones realmente productivas, esas que asientan en el desarrollo sobre cimientos sólidos.

Nuestra dirigencia se olvidó del progreso social, pues ha consolidado una economía simplemente de negocios, y una economía de negocios en una sociedad primaria no crea desarrollo, puede crear un poco de crecimiento, es decir ese saco donde se meten tiburones con sardinas, que se llama PIB., del que se saca un total mentiroso, como mentiroso es en parte el índice de Gini, porque mide desigualdades en un rango que deja fuera justamente lo que forma parte de la gran desigualdad de las sociedades como la chilena: la riqueza y pobreza extrema; una queda oculta y la otra mal medida, por indicadores absolutamente fuera de época y de realidad. Recordemos que el PIB está aumentado por la conversión a precios nacionales en más de un 30% y, por otra parte, el PNN (Producto Nacional Neto) es bastante menos que el Interno, pues gruesa parte de la economía más rentable del país está en manos de empresas extranjeras, lo que implica que la riqueza que producen en Chile se la llevan.

Entonces, como efecto de todas estas mentirillas que se cuentan los dueños del poder, para tranquilizar la mala conciencia, les explota el “estallido social”, que fue como una bofetada en el rostro para despertar al dormido. Pero pareciera ser que en este caso el sueño es tan profundo que apenas el levantamiento les produjo un estertor, y como sucede a los cuerpos profundamente drogados por su ideología y su avaricia, volvieron a dormirse en su mismo lecho, y despertaron en una corta vigilia para exigir, al pasar, los 2/3 en la nueva Constitución. Como escribe Felipe Portales, por segunda vez entregan la mayoría nacional a la derecha, al aceptar una medida tan antidemocrática para derimir lo que se proponga en la nueva Constituyente.

Ahora, el drama sanitario, manejado con la lógica de Vitacura, Las Condes y la Dehesa, les ha golpeado nuevamente en el rostro, pero esta dependencia de sustancias ideológicas tan alucinantes, les impidió ver la miseria, el hacinamiento y el hambre que se instalan ahora como retrato trágico de un país que lleva demasiado tiempo mintiéndose a sí mismo y al mundo.

Así es que, con todo, vuelven a no entender que esa hambre la sufren personas, que esas muertes son de chilenos, y son muchas; que no se puede vivir sin el apoyo del Estado de manera excepcional y profunda, que eso no significa populismo, dilapidación o despilfarro de riqueza. Es la lógica elemental ante una guerra, ante un terremoto o cualquier desgracia nacional. No pueden comprender, por su ortodoxia, que si no apoyan-con urgencia- la sobrevivencia de la gente, la economía no se recuperará sino que caerá en un letargo profundo y doloroso y, lo peor, habrán provocado una furia social que puede llevarse por los cuernos su mentado, desmentido, decrépito y fangoso “Oasis”. Todo esto por un miedo ideológico al pueblo, o un desprecio absoluto a la democracia. Como las vírgenes necias, pueden llegar tarde- otra vez- al paso de la historia.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Chile Vamos, columna, Columnista, Crisis, Derecha, derecha dividida, Gonzalo Blumel, Hugo Latorre Fuenzalida, Oficialismo, PIB, PNN

Pelea «chica» entre la UDI y Evópoli: El constante desgaste de Chile Vamos que perjudica a Piñera

julio 8, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Desde el inicio de la pandemia en Chile, es decir, a mediados de marzo. O incluso antes, tras el estallido social del 18-O, que dentro del oficialismo existen rencillas que se han ido reiterando y que podrían llegar a un punto de ebullición derivaría en la desintegración de Chile Vamos, como fuerza de la derecha y centroderecha, y dejaría al presidente de la República, Sebastián Piñera, en un abandono que complicaría aún más su desprolija y descuidada gobernanza. 

Las aguas no están tranquilas. Hay un roce permanente entre la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Evópoli. El primer partido, exige más protagonismo en decisiones del Ejecutivo, más presencia ministerial y que La Moneda no caiga fácilmente ante las presiones de la oposición. Por otro lado, tiene diferencias con Evópoli por considerar que al ministro del Interior, Gonzalo Blumel (de dicha colectividad), le falta más capacidad de liderazgo y gobernanza desde el Gobierno.

El fuego amigo es constante. A Piñera le puede pasar la cuenta. De hecho, en la comisión política del gremialismo se criticó ayer “la evidente falta de conducción por parte del Gobierno, y en especial del ministro del Interior”. Eso genera ruido en Chile Vamos.

Al respecto, la mandamás de la UDI, Jacqueline Van Rysselberghe, en negociaciones con el Gobierno planteó: “Que no nos mientan, que no nos digan que no hay plata cuando parece que sí había. Eso es lo que nos tiene cansados”. En directa alusión a Blumel, de quien explicó que sus críticas expuestas apuntan a que “es la forma de negociar la que nos molesta”.

La UDI va perdiendo peso específico en el Ejecutivo. Tiene tres ministros de renombre: el de Justicia y Derechos Humanso, Hernán Larraín Fernández; Vivienda y Urbanismo, Felipe Ward Edwards; y el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Claudio Alvarado (UDI). Pero le duele ya no tener Interior: echa de menos a Andrés Chadwick, acusado constitucionalmente y con prohibición de postular o ejercer cargos públicos durante cinco años. También le pesano liderar Hacienda. Ignacio Briones (Evópoli), está a cargo de las finanzas del país, algo que le provoca envidia, desidia y gran frustración, lo que implica  tener conflicto con este secretario de Estado, El Ejecutivo y con Evópoli.

Claudio Alvarado, en tanto, anunció ayer el veto presidencial a la ley que prohíbe el corte de servicios básicos durante la pandemia. La medida tiene como fin “alivianar la presión” que hay desde el gremialismo sobre Piñera, quien necesita -sobre todo, en tiempos de crisis- alinear al oficialismo con miras al plan de protección a la clase media que anunció La Moneda, y que discutirá el Congreso.

Proyectos de Ley

En estos momentos, en la Cámara de Diputados se discute y luego se votará proyecto que autoriza el retiro del 10% de los fondos de pensiones desde las AFP. El oficialismo espera bloquar el avance del proyecto, que se vota hoy en la Sala de la Cámara de Diputados. No conforme con ello, el gremialismo sigue pataleando en Palacio. Ayer en la tarde, hubo una nueva reunión de los ministros políticos con los jefes de bancada de Chile Vamos, para tratar de alinear a las fuerzas oficialistas. La tensión se mantiene. El gran ganador sigue siendo Evópoli.

El hecho de que se promulgara la Ley que limita la reelección a cargos públicos, tal como se despachó del Congreso, es un hecho que también molestó a la UDI. Cuestionaron la actitud del Ejecutivo en esta materia. Hay muchos alcaldes gremialistas que no podrán repostular a las respectivas alcaldías. Como por ejemplo, Rodrigo Delgado de Estación Central, quien ya en su tercer periodo como edil, no podrá postular a un cuarto periodos consecutivo y se conformaría a pelar un escaño en la Cámara. El liderazgo de Delgado, a nivel de gobiernos locales, es algo que no quieren perder en la UDI.

Por otro lado, desde el oficialismo han habido declaraciones cruzadas y divisiones internas en temas clave el postnatal de emergencia, y el veto a la ley de servicios básicos, del que esperaban en la UDI que el Ejecutivo concurriera al Tribunal Constitucional para que este declarar el proyecto como inconstitucional.

Izquerdización de Desbordes

Otro aspecto a considerar, es la postura que ha tomado el timonel de Renovación Nacional (RN), Mario Desbordes, por inclinarse a favor de iniciativas de la oposición, como el retiro del 10% de los fondos de las AFP (aunque hoy se desdijo y planteó que se abstendría), el postnatal de emergencia y que los esfuerzos del Gobierno en materia de ayuda a las familias chilenas por la pandemia ha sido insuficiente y que el Estado podría gastar más.

Desbordes, ha sigo acusado por la mandamás de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, de populista y populista por adherir a medidas de partidos de centroizquierda. Otro episodio más divide a Chile Vamos, lo cual complica al Ejecutivo, que necesita respaldo más que nunca para defender su ideario político y su agenda, pese a la pandemia. //ELF

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Chile Vamos, Derecha, Evópoli, La Moneda, oposición, UDI, Unión Demócrata Independiente

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