*En La Fontana publicamos Declaración de la Red de Estudios Nueva Economía sobre las medidas para enfrentar el Covid-19.
Estamos en medio de una pandemia global, cuya magnitud traerá profundas consecuencias sociales y económicas. La Organización Internacional de Trabajadores (OIT) [1] proyecta que a nivel global se perderán cerca de 25 millones de empleos.
El Banco de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos vaticinó que su tasa de desempleo llegará al 30%
[2] y se ha estimado que el PIB de China, en estos dos primeros meses del año, se contrajo un 13% [3]. Se señala que, incluso, el virus no sólo traerá muertes, sino que aumentará notablemente la pobreza [4].
La crisis que enfrentamos es similar a un desastre natural: debido a su relación con una pandemia, el daño realizado a la economía se va a recuperar rápidamente una vez ésta pase. Pero al mismo tiempo es una crisis profunda, y a diferencia de un desastre natural, su finalización aún está lejos de verse.
Este tipo de crisis muestra las graves contradicciones de nuestro sistema: sin la masa trabajadora, crecientemente desprotegida, el sistema no se mueve. Los primeros efectos de las cuarentenas voluntarias se van a sentir por el lado de la demanda, con la reducción de ingresos, y la consecuente caída en consumo, con las industrias de servicios y transporte sintiendo de manera inmediata el efecto de la crisis. Pasadas las semanas, sin embargo, el efecto en el lado de la producción se va a empezar a sentir, lo que podría generar importantes cortes en suministros de bienes y servicios esenciales para la población. Por tanto, sin un fuerte impulso fiscal, y sin medidas de planificación económica, la economía y los sectores de menores ingresos en la población no podrán aguantar esta crisis sin verse profundamente perjudicados.
La otra contradicción presente es la referente a la crisis de los cuidados. Por un lado, mientras el resto del trabajo se repliega, el trabajo de cuidados remunerado y no remunerado, que recae principalmente en las mujeres, se va a ver especialmente presionado en condiciones en que una parte importante de la población está en riesgo de enfermar. Los y las trabajadores de la salud se ven en la vanguardia de la respuesta al virus, implicando condiciones óptimas y riesgosas de trabajo, y mayor explotación. Las trabajadoras de casa particular, más precarizadas que otros trabajos, enfrentan la mayor desprotección, viéndose en la disyuntiva entre elegir mantener su trabajo o perderlo para volver a sus hogares, arriesgando su salud en el proceso [5].
Frente a estas realidades, los países del mundo han reaccionado con medidas económicas sustanciales, aunque ocasionalmente muy tarde. En materia laboral, Italia ha establecido que no se podrá despedir trabajadores por dos meses. En Francia, las y los trabajadores independientes podrán recibir un fondo de solidaridad sostenido con fondos públicos. El gobierno danés anunció que temporalmente cubrirá el 75% del sueldo de las y los trabajadores de empresas privadas que podrían perder sus empleos como consecuencia de la crisis del coronavirus, bajo el compromiso de que no haya despidos [6].
Además, medios de todo el mundo se abren al debate de medidas como el Ingreso Básico Universal [7].En materia empresarial, se espera que las actividades económicas sufran una ralentización. El Reino Unido ha propuesto comprar sus aerolíneas [8]. Francia e Italia planean nacionalizar grandes empresas para protegerlas [9]. Alemania también planea comprar participaciones en empresas que lo requieran por falta de liquidez [10].
En comparación, el programa económico ofrecido por el gobierno hasta ahora es correcto en medidas impositivas transitorias para la crisis – esto es, en la protección del capital- y profundamente deficiente en todo lo demás. Especialmente en la protección de los ingresos y puestos de trabajo de los hogares, las medidas no están a la altura de lo necesario, dejando en desprotección especialmente a trabajadoras y trabajadores informales, gran parte de ellos inmigrantes, y a los sectores productivos más afectados por la crisis. Para peor, la aprobación de la ley de teletrabajo implica una mayor precarización de los trabajadores en momentos especialmente críticos para la población.
Chile ha propuesto un gasto del 5% del PIB, lo que ya en términos comparados resulta ser menor a lo que países como Francia (12%) o España (20%), en la frontera de la respuesta económica a la pandemia, están haciendo. A diferencia de estos países, y aún en estos momentos, Chile está en un punto de ventaja para tomar medidas más firmes, que comprendan una respuesta directa a la crisis. Por otro lado, hay medidas que se pueden y deben extender al largo plazo, una vez superada esta pandemia. No es la primera y, en este siglo, no va a ser la última vez que enfrentemos situaciones como la anterior.
En el anexo a esta declaración, dejamos una serie de medidas económicas para mantener el ingreso, la producción y distribución durante la contingencia, y también, medidas de largo plazo para estar estructuralmente mejor preparados frente a contingencias similares.
*Ver anexos y declaración completa acá:
DECLARACIÓN-DE-LA-RED-DE-ESTUDIOS-NUEVA-ECONOMÍA-SOBRE-LAS-MEDIDAS-PARA-ENFRENTAR-EL-COVID-19