Por Tito Olavarría
Cientista político
Vivimos tiempos extraordinariamente difíciles, tiempos que nos convoca el espíritu de sacrificio, solidaridad, grandeza, humanismo y disciplina. Sin embargo estos valores civilizatorios en tiempos de crisis están amenazados y bajo un violento ataque autoritario, por ejemplo, durante días en el estado norteamericano de Michigan, un grupo de manifestante invadió la asamblea legislativa local, armados hasta los dientes para presionar los legisladores a rechazar la extensión de la cuarentana en ese estado.
Pero no existe ningún mejor ejemplo de la encarnación de la guerra a los valores civilizatorios como el actual presidente de Brasil Jair Bolsonaro, su gobierno desastroso está llevando a Brasil a convertirse en el nuevo epicentro mundial de la pandemia, mientras los cuerpos se apilan el gobierno actúa deliberadamente en contra las recomendaciones de la OMS y de la comunidad científica, su anti política de salud ha sufrido protestas como los Médicos Sin Fronteras y críticas de la comisión de DDHH de la ONU.
Tal la confusión que en un hecho sin precedentes en el mundo Occidental ha resultado en el despido de dos ministros de salud que se reusaron en autorizar un remedio (Hidroxicloroquina) que según el presidente sería eficaz en contra el COVID-19.
Bolsonaro mientras el caos se acerca ha declarado que “todos moriremos un día” y “no soy sepulturero” y que no podía hacer nada.
Como si ya no bastara estas posiciones en contra la ciencia y su rechazo al aislamiento social, el número de infectados y muertos crece de forma exponencial, hasta el 22 de mayo Brasil era el tercer país en números absolutos de infectados (310 mil) en el mundo, ultrapasando ya las mil muertes por día, 1.188 en el último conteo.
El país ya contabiliza 20.047. Mientras el país colecciona muertes y Bolsonaro niega la ciencia, el presidente encuentra otra forma de pasar el tiempo: desafiar las instituciones democráticas.
El hecho más grave ocurrido en los últimos días, fue el discurso del presidente Jair Bolsonaro en la puerta del cuartel general de Brasilia, donde se encontraba con un gran grupo de apoyadores que pedían el cierre del Congreso Federal y del Supremo Tribunal Federal, en el discurso Bolsonaro alentó a los manifestantes y declaró que no iba negociar nada con los políticos.
En ese contexto, sumado a los escándalos de corrupción que rondan a Bolsonaro y su familia, el Congreso ya ha recibido más de 35 pedidos de juicio político en su contra y ya hay una investigación en el STF en curso, los líderes políticos no saben cómo el presidente reaccionaria si es destituido, despertando el temor real de una ruptura constitucional y democrática, basándose en la actitud del presidente y los inúmeros militares que hacen parte de su gabinete.
El presidente ha defendido en la retórica una ruptura institucional del Estado de Derecho, los medios internacionales han noticiado ampliamente todas las faltas del presidente y sus ministros que hieren las formas y procedimientos democráticos en sus acciones como las agresiones verbales a periodistas y de sus apoyadores en las manifestaciones de apoyo convocadas por el gobierno acciones que fueron rechazadas por representantes de los otros dos poderes del Estado.
Estos graves hechos demuestran la falta de compromiso del presidente con la democracia y que debiesen ponernos en alerta, Brasil por ser el país con la primera economía de Sudamérica y con fronteras terrestres con todos los países sudamericanos (a excepción de Chile y Ecuador) con un situación política autoritaria influiría directamente en las relaciones políticas y económicas multilaterales con todos los Estados de la región.
El gobierno encabezado por un autoritario obscurantista presenta un riesgo a la seguridad sanitaria de la región y de la estabilidad política de la comunidad sudamericana, pudiendo agravar la lucha en contra el coronavírus en nuestros países y siendo una influencia autoritaria nefasta a la integridad democrática de nuestras instituciones, es imperativo que las fuerzas democráticas de nuestro país y de nuestros vecinos se empoderen y denuncien a la comunidad internacional los riesgos que representa el gobierno Bolsonaro. //ELF







Interacciones con los lectores