Por Eduardo Reveco
y Carmen María del Picó
La opinión pública ha visto las declaraciones de algunos y algunas militantes de la Democracia Cristiana y también de otros partidos de centro izquierda, a propósito de la Convención Constitucional, de sus discusiones de comisión y también acerca de la propuesta constitucional. Desde el momento primero, diversos militantes del partido y muchos otros que ya no siéndolo, comenzaron a emitir opiniones con mucha cobertura comunicacional, en contra del trabajo de la convención y manifestándose muchos abiertamente por la opción del rechazo y otros de manera elíptica.
Sin embargo, no se han preguntado por qué razón, la mirada, la cosmovisión y el sentimiento Demócrata Cristiano, quedó afuera de la discusión constitucional y del mayor hito democrático desde la recuperación de la democracia. Ha faltado una autocrítica y análisis franca del origen de este problema. Desde nuestro punto de vista, los candidatos a convencionales que llevamos como Partido, en su mayoría, ellos no creían en la idea de transformar la lógica neoliberal de un Estado Subsidiario, hacia un Estado Social de derechos.
Ante esta situación la ciudadanía nos dio la espalda y apenas el expresidente logró salir electo, quedando en una completa soledad. Por lo tanto, no tenemos la fuerza para que los contenidos de nuestro ideario estén presentes en las discusiones. Nada, al respecto, han dicho los diputados y Senadores del partido, que han ocupado espacios en los medios (no porqué estén a favor) y en las redes dando a conocer su preocupación y a veces estupor ante las “destempladas” discusiones generadas al interior de las comisiones. Solo están porque los poderes fácticos, dueños de los medios, que orientan y digitan tras bastidores la opción por el rechazo, buscan otros rostros que puedan liderar el rechazo. Ahí desafortunadamente aparecen algunos de los nuestros.
Es cierto que en el trabajo de las comisiones de la convención, hubo frenesí, más que pausa elaborada; es cierto que a ratos la desmesura (la voluntad ebria de sí misma) se apoderaba de la discusión; es cierto que a ratos las propuestas generaban incertidumbres y a veces miedos; es cierto que a veces, las propuestas parecía más una cuenta por cobrar que la redacción de una “casa de todos”; es cierto que en el ámbito de los discursos se privilegiara el sentido de refundar la República, más que de expandir sus capacidades de inclusión; es cierto también que el concepto de multinacionalidad genera confusiones, lo mismo que las autonomías judiciales.
Pero, también es necesario decir lo con la misma fuerza, que muchas de estas conversaciones y propuestas quedaron solo en el seno de la comisión respectiva, Incluso más, algunas de ellas sirvieron y han servido como “fake news” para distorsionar el trabajo de la convención y descalificar finalmente el propósito de reemplazar la constitución del 80.
Sin embargo, nadie podrá negar que el grueso de lo aprobado nos hace sentido y mucho, que no deseamos más un modelo que solo colme de privilegios y buenaventuras solo a unos pocos elegidos; que deseamos un modelo de seguridad social y no uno de capitalización individual, que solo genera pensiones de miseria; que a gritos clama por el reemplazo de un modelo de mercado que no permite que se exprese la solidaridad y la cooperación, ni menos la comunidad.
🔴Ver columna previa de Eduardo Teveco: La vigencia del cooperativismo
Es justamente esta comunidad de hombre y mujeres libres que desea que se reconozca a las mujeres, campesinos (que recién, después de 155 años de iniciada la República, pasaron a ser personas a través del proceso de reforma Agraria iniciado por nuestro Presidente Eduardo Frei Montalva) a los pueblos originarios, particularmente al pueblo mapuche al que nuestro Estado ha condenado a 200 años de soledad y discriminación.
Es este mismo pueblo militante, que sigue la huella progresista de nuestros padres fundadores y del humanismo cristiano, que aprueba sin dilaciones los contenidos de la propuesta de nueva constitución, para que pongan todo el esfuerzo, pensando en el bien común, y logren estructurar una acogedora casa para todos.
En virtud de lo anterior, es que, como militantes de la Democracia Cristiana y siguiendo el llamado que hiciera el presidente Frei Montalva en el Teatro Caupolicán el año 1980, para tener una nueva constitución, lo que finalmente le cuesta la vida, es que invitamos a nuestros camaradas delegados a la Junta Nacional que hoy se realizará a Aprobar la nueva constitución. //ELF








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