En los últimos 10 años hemos observado cómo el cambio climático paso de ser un futuro lejano a una realidad que todos estamos viviendo. Este fenómeno será un desafío que no todos los países podrán afrontar de la misma manera, pero que poco a poco se convertirá en una problemática de la cual no podremos escapar y que tendrá consecuencias devastadoras para la flora y fauna del planeta.
Por Benjamin Alfonso Gilbert Ferj
Algunos de los principales desafíos no los verán países desarrollados directamente, como Estados Unidos, China, Rusia u otros europeos, sino que serán enfrentados por las naciones más pobres del planeta, con mayor énfasis en las africanas. Lo anterior, debido a que sus instituciones no tendrán la capacidad de mantener un nivel de vida digno para sus ciudadanos.
Si la escasez de agua se mantiene, estos ciudadanos no tendrán otra alternativa que emigrar a naciones donde estén más preparados para afrontar estos cambios. Además de las sequías, falta de agua para consumo humano y cultivos; aumento del nivel de agua en mares por derretimiento de hielos milenarios, tanto del polo sur como norte; la desertificación y aumento de castástrofes naturales como tornados, huracanes o aluviones, entre otros, la flora y fauna disminuirá drásticamente, en cuento a su población, dentro de los próximos 20 años, o menos, si es que como humanidad no tomamos medidas al respecto.
Por otro lado, veremos aún más migraciones masivas en todo el mundo con la intención de asentare en territorios los cuales sean más prósperos, lo que provocará sobrepoblació y sobreexplotación de recursos naturales, que derivará en escasez de alimentos y, por extensión, incremento en enfermedades graves. Algo que podría reducir la población humana en un 10%, según estudios internacionales.
Otro de los problemas asociados con el cambio climático es que los países dependientes de producciones agrícolas verán mermada su capacidad de producir sustento para su propia nación o exportarla a otras naciones, lo que generaría una reducción considerable de su Producto Interno Bruto (PIB), haciendo que estos países tengan menor capacidad de recaudación de impuestos, y una suerte de retroalimentación negativa, donde los ciudadanos al no ver una solución sus problemas inmediatos optaran por emigrar a naciones mucho más preparadas para afrontar esta crisis climática.
Estas naciones subdesarrolladas -o tercermundistas, como Chile- verán de golpe frenada su capacidad de crecimiento al no poder obtener un recurso tan esencial como el agua, debido a que si bien este es un elemento común en nuestros días, si este recurso vital disminuye gradualmente, puede afectar a sectores económicos de estos país, que entrarían en recesión y los condenaría a una pobreza permanente.
En cuanto a las naciones más preparadas, estarán viendo la llegada de cientos de miles de refugiados climáticos, quienes, si bien serán un aporte a las respectivas naciones, también es posible que los propios ciudadanos sientan que en los estados están favoreciendo a los inmigrantes, en lugar de a sus ciudadanos. Los mismos migrantes que de no hacer eso estarían condenando a ellos y a sus familias a una vida de mísera.






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