“Cuando un sistema ha sido totalmente definido, y todas sus posibles derivaciones exploradas, algún investigador aficionado, independiente o inexperto, descubrirá algo que, o elimina la utilidad del sistema, o la expande mas allá de la comprensión humana", dice el columnista en nuestro medio.
Por Mario Peñailillo
No eran 30 pesos.
Eran 30 años.
Así, tal cual.
Y nosotros no nos dimos cuenta, miramos para el costado o pensamos que nunca nos afectaría. Y aquí estamos: tristes, solitarios y final. La historia nos pasó por el lado con la ira de tanta injusticia contenida, de tanta esperanza pisoteada y de tanto esperar y esperar.
Fueron otros, no fuimos nosotros. Nuestras medallas recordatorias y nuestro pasado heroico y testimonial de nada sirvieron. No logramos leer los tiempos, el descontento acumulado y la crisis del sistema que estaba latente. Ya nos habíamos acostumbrado a los placeres de la burocracia estatal, a los cupos parlamentarios, a creer que esta democracia y sus mecanismos eran los suficientes y necesario para responder a las necesidades de un país y de su gente, de la cual ya poco sabíamos y conocíamos.
Y entonces quedamos perplejos, atónitos, sin saber qué hacer.
No fue suficiente el espacio de acuerdos y negociaciones. Menos un conjunto de parlamentarios que poco o nada entendían que estaba ocurriendo y para que decir un partido político que alguna vez se definió como “la espada y el escudo de los pobres” y que hoy navega con cierto tufillo de acuerdo con la llamada centro derecha.
Mientras los muertos, los mutilados, los heridos y los abusados pasaban por las calles y plazas; nosotros mirábamos desde un cómodo televisor las imágenes que nos llegaban y nos dedicábamos a comentar por chat o por las redes sociales el octubre rojo que nos llevaba a la verdadera realidad: el sistema se cae a pedazos, completo, entero, con todo y todos. El desplome es total.
El estallido llego para quedarse. Nos exige dejar de una vez por todas las viejas coordenadas del poder del siglo XX para construir nuevos ejes a la luz de los verdaderos desafíos de esta sociedad del 2020. La democracia que conocimos y que construimos esta agotada, el sistema neoliberal que nos oprimió hasta estrujarnos por completo no da el ancho y los arcaicos valores y perspectivas de la modernidad se esfuman.
Si no somo capaces de darnos cuenta de esto y de lo que el pueblo de una por todas implora, grita, anhela; poco quedará por hacer. Solo esperar a ver quien cierra el local por fuera y pone el letrero: SE VENDE.






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