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julio 15, 2024
/
Admin Istrador

POR UNA DEMOCRACIA CRISTIANA MAS ACTIVA, A FAVOR DE LOS TRABAJADORES_Y LOS MAS VULNERABLES DE NUESTRA PATRIA

La Democracia Cristiana, desde su fundación y en todos sus acuerdos sustantivos, ha señalado que su rol político tiene que ver con la capacidad de generar mecanismos para disminuir la inequidad existente y promover la Justicia Social, como elemento central de una política de inspiración cristiana.

Sin embargo, lamentablemente en la actualidad, las y los trabajadores junto a los sectores más vulnerables no lo están recibiendo de nuestro partido, ni de su directiva, ni de sus parlamentarios.

Ello es muy curioso, toda vez que al país le acompañan realidades que, durante décadas, fueron los temas que motivaron a la movilización de sus militantes, orientados por sus dirigentes. En paralelo, nuestro partido ha ido, paulatinamente perdiendo adhesión, tanto en su número de militantes, como en la adhesión electoral de los chilenos.

Muy probablemente, ello tenga que ver con nuestra falta de opinión y lucha, por aquellos temas que se han dejado de lado. Como asegurar la aplicación efectiva de los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Se ha olvidado que la libertad sindical y la negociación colectiva son sustanciales para la construcción y consolidación de los sistemas democráticos. No hemos visto a los representantes de nuestro partido defender la negociación colectiva por rama de actividad, que mejora las condiciones de negociación de los trabajadores del país.
Pareciera olvidarse que el respeto de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, la densidad sindical elevada y la cobertura de los convenios colectivos conducen a una distribución más equitativa de la riqueza y una mayor confianza de la población en las instituciones democráticas.

El trabajo no puede considerarse como una mercancía ni un mero instrumento en la cadena productiva de bienes y servicios, sino que, al ser primordial para el desarrollo, tiene preferencia sobre cualquier otro factor de producción, incluyendo al capital. De allí el imperativo ético de preservar las fuentes de trabajo, de crear otras nuevas a medida que aumenta la rentabilidad económica, como también se necesita garantizar la dignidad del mismo.
Nuestra dirección no ha tenido una propuesta concreta acerca de la enorme inequidad que significa que más del 50% de los trabajadores y trabajadoras tengan bajos salarios con los cuales no subsiste una familia de cuatro personas. Un sueldo vital que se mantenga sobre la línea de pobreza, que no se deteriore y que garantice poder vivir dignamente. Hoy un salario por sobre la línea de pobreza se encuentra en $630.000.

No vimos una defensa para que los empresarios respetaran la nueva jornada de trabajo de 40 horas.
No vemos un reconocimiento al rol de las y los trabajadores en la discusión de políticas públicas. Hubiésemos esperado de nuestros parlamentarios el reconocimiento al mundo del trabajo y a las últimas normativas aprobadas.
Vemos a nuestros dirigentes mayormente preocupados de temas que solo interesan a la élite política como el financiamiento del Servel, el apoyo a uno u otro candidato, para “no perder plata”, u otros temas que no producen ningún interés entre los y las trabajadores y los sectores más vulnerables.
Mientras tanto, no son capaces de tener una buena propuesta para enfrentar los temas de seguridad, que afectan a todo el país que, como siempre, los más afectados son los más pobres. Se destinan más carabineros en las comunas más ricas en desmedro de las más pobres, de las comunes donde viven mayoritariamente las y los trabajadores como ocurre en la actualidad.

Tampoco generan una respuesta rápida y firme, acerca del alza de las tarifas eléctricas, que tendrá efectos muy complejos en millones de familias y que incrementará la inflación.

Adicionalmente, cuesta entender algunas decisiones de la autoridad de gobierno, como la contratación de asesores que trabajan para empresas eléctricas para establecer la fórmula de cobro de las nuevas tarifas; la incapacidad para entregar los útiles escolares básicos para los niños más vulnerables o lo curioso tener que pagar precios cada vez más altos por los artículos de primera necesidad, indispensables para los más pobres, mientras nos señalan que el índice de inflación es particularmente bajo.

Más aún, no lideran la lucha por el levantamiento del secreto bancario. ¿Qué razón puede tener un partido que agoniza para no leer su historia y darse cuenta que fue grande cuando defendía los derechos de los hombres y mujeres trabajadoras y de los más vulnerables y, no cuando solo pregona la “necesidad de los acuerdos”, como si ello arreglara la situación miserable en que sigue viviendo una proporción muy alta de todas y todos los chilenos?
¿Por qué cuesta tanto decir, por ejemplo, en la discusión de pensiones que dada la ley que protege a las AFP se posibilite que su negocio permita que quienes ponen el dinero para ello (los trabajadores) puedan perder “como en la guerra” y, los que lo administran siempre ganen cifras impúdicas, dado que, independiente de la calidad de la administración de los fondos, ganan miles de millones de pesos pues, las comisiones se pagan independientemente de los resultados de sus decisiones de inversión?

Hoy, somos un partido pequeño y, ello nos debe llevar, con honestidad, a reconocer los errores que hemos cometido para que ello ocurra.

Algunos creen que ello ha ocurrido por lo que denominan “un acercamiento a la izquierda”, otros añorando “una alianza con Demócratas y Amarillo” y así conformar “un bloque de centro”.

Desgraciadamente no entienden que “el centro” desaparece en el mundo y, el mejor ejemplo, dado por uno de los últimos “centristas”, el Presidente Macron, es que, para resguardarse del triunfo de la derecha, que solo defiende los intereses de los privilegiados, es éticamente obligatorio buscar entendimiento con todos aquellos que están disponibles para impulsar los cambios que favorezcan a las grandes mayorías postergadas.

Dicho eso, en lo político, la DC ha sido siempre una fuerza democrática y democratizadora, pero eso es parte de su historia. Hoy hay que ser realistas. Como nos enseñaba don Jaime Castillo, la DC no puede declararse de centro, cuestión que, además, jamás ha hecho en alguna resolución oficial pues, como él decía “el centro tiende a mantener el statu quo y, la obligación de la DC es, precisamente, superarlo”. Por ello siempre habló del partido como uno “de vanguardia”.

Durante la dictadura militar, los liderazgos más significativos del partido asumieron una posición de defensa de los derechos humanos y de lucha por la recuperación democrática. La DC además, jugó un papel decisivo en la creación de espacios para pensar y discutir la redemocratización de los años noventa. Pareciera que, ahora, se nos olvidara desde que espacio luchábamos, por lo menos así lo hacíamos quienes no miramos para el lado mientras la mayoría de los chilenos se expresaba, de diversas maneras, para retornar a la democracia.
¿Acaso olvidamos que algún grado de avance en equidad solo se ha conseguido con la movilización activa de los trabajadores/as, los estudiantes, los vecinos, cosa que hoy se cuestiona, como si ello fuera un delito?

Hoy, en democracia, la gran lucha es por lograr políticas públicas que favorezcan a las grandes mayorías postergadas y no a favor de la mantención de un modelo, gestado en dictadura y que es, como observamos, fuertemente defendido por los empresarios y la derecha, pues ello permite mantener la desigualdad, contra la cual luchó siempre la Democracia Cristiana.

Llamamos a no conformarnos con lo que tenemos, y abrir más espacios de participación ciudadana. Desgraciadamente, por errores propios y, por el control de los medios de comunicación, por parte de la derecha, nos sigue rigiendo, básicamente, la constitución de Pinochet, que carece de la legitimidad suficiente. Habrá que retomar el camino para cambiarla definitivamente, pues sin ello, el camino hacia una sociedad más justa se hace inviable.

Si no volvemos a reencontrarnos con las ideas, valores y principios, nuestro partido desaparecerá, pareciera que ello solo es desconocido por nuestros dirigentes. Es deber de todos organizarse con propuestas, para tener justicia social, salarios decentes, salud con protección social, y con un sistema previsional con aporte patronal sin operaciones de un mercado incierto.

Esperamos que se pueda convocar a instancias más allá de lo formal, donde los militantes de base y, los trabajadores que aún creen en una “política comunitaria de inspiración cristiana”, vuelvan a creer en la posibilidad de encontrarse con un partido como el que construyeron Leighton, Tomic, Castillo y otros.

Frente de Trabajadores de la Democracia Cristiana.

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