Jaime Correa Díaz
Licenciado en Historia – Universidad de Chile
El concejo municipal de la capital del país, Santiago, ha decidido rebautizar el nombre de algunas calles para conmemorar los 50 años del Golpe de Estado. Ello no ha estado exento de polémicas, dimes y diretes, en el concejo, la prensa y las redes sociales.
Si bien la conmemoración de dicho trágico acontecimiento no ha estado tan cargado como se suponía, al acercarse la fecha, las posturas se rigidizan y los actores toman posición. Las descalificaciones y acusaciones de uno y otro lado se confunden con ataques personales, y todo tipo de diatribas en todos los espacios públicos. Por uno y otro lado se responsabilizan del quiebre democrático. Todos apuntan al frente, al contendor. No hay autocriticas de lado y lado.
Asimismo, las redes sociales se inundan de discursos, ataques, rememoraciones sobre el acontecimiento, ensalzando o atacando a los personajes más relevantes de esa historia: Allende y Pinochet.
Y en medio de esa polémica, resalta un nombre, una historia, un humanista, inspirado en los valores del cristianismo, Jaime Castillo Velasco (1914 – 2003), el jurista, el abogado defensor de los derechos humanos de sus adversarios y polemistas del hasta entonces fatídico martes 11 de septiembre de 1973.
El maestro Castillo Velasco fue hasta el mismo 11 de septiembre un adversario de la Unidad Popular. Escribió libros, columnas y artículos. Tuvo grandes polémicas con sus contradictores en la izquierda y también con la derecha. Defendió a Maritain frente al conservadurismo católico. Estuvo en posiciones muy cercanas al ex presidente Frei Montalva, de quien fue Ministro de Tierras y Colonización. Compartían ambos opiniones y juicios sobre la UP, sobre la radicalización política de la izquierda de esos años y su poca adhesión al régimen democrático que catalogaban de “burgués”.
No obstante lo anterior, su vocación de humanista y filósofo, no trepido un segundo en abrazar la causa de los derechos humanos. Se puso a disposición de sus contradictores y adversarios del ayer. No tuvo dudas. Dicha defensa la valió el exilio de su patria en dos oportunidades. Llevó adelante juicios en medio de una Corte Suprema que guardo silenció cómplice en la dictadura, abogado en el caso Letelier.
Pero el maestro Castillo Velasco, a casi 20 años de su muerte, no merecía que dicho justo reconocimiento se viera envuelto en polémicas. Por un lado, con la alcaldesa PC de Santiago, acogiendo la propuesta de destacados militantes DC de Santiago, pero mezclándolo con víctimas de la dictadura, y por otro lado, los radicales de derecha, promotores de campañas llena de odiosidades y revanchismos que no le hacen bien a nuestro país y democracia.
Pero frente a eso, no obstante las adversidades, se erige un reconocimiento, un merecido homenaje, que su partido no lo ha hecho. El monumento aprobado en el Congreso el año 2015 sigue pendiente, lo que es una tremenda deuda con su principal ideológico. La calle viene a subsanar en parte esa omisión y olvido.
El maestro Castillo Velasco, como le decían sus amigos y discípulos, debe ser conocido por las nuevas generaciones y reconocido por quienes lo conocieron o fueron sus cercanos. Su legado no tiene fronteras. Sin duda, el mejor reconocimiento a don Jaime, no es tanto una calle o un monumento en sí mismo, sino que su memoria persista en cada mujer y hombre de nuestra patria en la defensa del régimen democrático y la plena vigencia de los Derechos Humanos. //ELF







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