Por José Donoso Pacheco
Periodista y abogado
Renán Fuentealba fue un ejemplo de político y ciudadano. Muy joven comenzó a militar en la recién fundada Falange Nacional, antecesora del Partido Demócrata Cristiano (PDC), donde ocupó la presidencia de este en siete oportunidades. Algunas de ellas en épocas transcendentes en la historia nacional, como lo fueron las que ejerció cuando su partido, en la persona de Eduardo Frei Montalva, accedió por primera vez a la presidencia de la República, y luego desde diciembre de 1971 a mayo de 1973, durante el gobierno de la Unidad Popular, encabezado por el Presidente Salvador Allende. En esos momentos cruciales demostró su temple dd demócrata, estadista y servidor público, antes de cualquier otra consideración.
Sin ambicionar ningún cargo fue elegido diputado por Coquimbo, en los períodos que van desde 1957 a 1965, y como senador en la circunscripción del Bíobio, Malleco y Cautín, por los periodos que comenzaban en 1965 y 1973, interrumpiéndose este último por el Golde de Estado de 1973. También fue intendente de la región de Coquimbo entre 1990 y 2001, durante los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos Escobar.
Respecto de este último cargo, cabe mencionar que, establecido el primer gobierno democrático, el presidente Ayilwin le preguntó desde dónde quería colaborar con él, porque con su capacidad y trayectoria se le presentaba un abanico de posibilidades. Desde ya podría haber postulado a algún cargo en el Senado, o bien ocupar algunos de los ministerios de los que era especialista, Relaciones Exteriores, Minería o Trabajo. O de embajador de especial importancia para nuestro país. Cualquiera de esos cargos le habrían dado la visibilidad necesaria para postular en el próximo Gobierno a la presidencia de la República, porque tenía las condiciones especiales para serlo. Sin embargo, su respuesta fue que quería volver a su lugar de residencia cuando se recibió de abogado, en el lejano 1943, como intendente de Coquimbo. Esta decisión mostró nuevamente su generosidad, humildad y su decidida vocación de servicio público.
Un vez, terminada su gestión como primera autoridad regional se dedicó a su profesión como jefe de las direcciones jurídicas de las municipalidades de La Serena y Coquimbo, sucesivamente, jubilándose cuando estaba próximo a cumplir cien años, lo que fue una muestra evidente de que conservó su lucidez hasta sus últimos días.
Como presidente del Partido Demócrata Cristiano fue opositor leal al gobierno de Salvador Allende, pero por su compromiso y trayectoria democrática, lo llevaron a firmar una declaración, el 13 de septiembre de 1973, junto a otros dirigentes y otros parlamentarios de su partido, como Bernadro Leighton, Iganacio Palma, Mariano Ruiz Esquide, Belisario Velasco y otros, condenando categóricamente el Golpe de Estado que derrocó al presidente elegido democráticamente.
Ese hecho y declaraciones entregadas a un medio de comunicación extranjero, condenando las graves violaciones a los Derechos Humanos que ocurrían en ese tiempo en Chile, le valieron la expulsión del país, siendo sacado con violencia desde su oficina profesional, sin ningún tipo de documentación y solo lo que llevaba puesto en este momento.
Su exilio lo vivió en Costa Rica y Venezuela desde donde propició, junto con otras personalidades que se encontraban en igual condición, la unión de toda la oposición, lo que culminó en la llamada Declaración de Colonia Tovar (Venezuela), suscrita principalmente por dirigentes socialistas y demócrata cristianos y que para muchos es reconocida como el acta de bautismo de lo que más adelante sería la Concertación de partidos por la Democracia.
En lo personal, además de su humildad y espíritu solidario, era buen amigo, alegre, divertido, capaz de reírse de sí mismo, de hacer bromas y formular la observación precisa mediante una talla o una ironía. Siempre con la mejor intención.
Por su capacidad profesional, por su talante de político excepcional y sus condiciones personales lo vamos a echar de menos, pero también su ejemplo, su trayectoria y vida nos seguirán iluminando a muchos y esperamos también que nuestra juventud recoja su legado. //ELF
*Columna aparecida en Página19.cl.








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