Con más de 20 minutos de retraso, el Presidente Gabriel Boric dio inicio en el Salón de Honor del Congreso Nacional su primera cuenta pública, luego de casi 80 días desde que asumió el cargo.
Luego de que se interpretara el Himno Nacional y de que el presidente del Senado, Álvaro Elizalde, abriera la sesión, el mandatario inició su discurso diciendo que “me corresponde hoy frente a este Honorable Congreso Nacional y ante la ciudadanía, rendir cuenta acerca del trabajo que hemos realizado en estos dos meses y medio de gobierno, y exponer los principales ejes de nuestro proyecto de cambios”.
Afirmó que “quiero hablarles sobre el sentido del presente, de las urgencias que estamos atendiendo y del futuro que debemos construir juntos. De ese futuro más equitativo y sostenible por el que se han movilizado millones de ciudadanos y que me han entregado el mandato de trabajar por él. Un honor y un deber que asumo con humildad y responsabilidad”.
“Este proceso de cambios no se inicia ni termina con este gobierno. Mejorar la patria en que vivimos es un desafío de largo aliento que no acepta promesas fáciles ni respuestas simples. Requiere de responsabilidad y conciencia histórica”, aseguró.
El jefe de Estado indicó que “al revisar los discursos inaugurales ante el Congreso de todos nuestros expresidentes, he podido apreciar la colosal tarea que significa lograr que Chile progrese. No es fácil, no es obvio, no es desde cero. Vale la pena hoy, desde el año 2022, pensar en las dificultades que enfrentaron quienes nos antecedieron, para aquilatar así la magna obra colectiva que es Chile”.
“Guerras, desastres naturales, crisis políticas y económicas, el dolor del pueblo en sus más diversas expresiones y conductas desestabilizadoras son algunas de las circunstancias que han enfrentado quienes se dirigieron a Chile desde esta testera antes que yo. Y sin embargo aquí estamos. Seguimos, siempre seguimos”, añadió.
En sus primeras palabras recordó que el país se ha enfrentado a distintas disyuntivas “en las que nos hemos jugado la oportunidad de empezar a construir una sociedad más inclusiva y cohesionada”.
Sostuvo que “las esperanzas populares por mayor justicia en más de una ocasión han sido opacadas, e incluso ahogadas a sangre y fuego, y esta es una historia que también tenemos el deber de contar. Es lo que pasó en 1851 y en 1859, cuando los deseos de las regiones, desde Copiapó a Concepción, de lograr mayor igualdad y autonomía, fueron acallados por la fuerza de las armas. También en 1907 en Iquique, Forrahue en 1912, 1920 en Punta Arenas o Ranquil en 1934, cuando obreros, campesinos o mapuche indistintamente fueron asesinados a mansalva por defender su derecho a una vida digna. Y más cercano en nuestra memoria durante la dictadura entre 1973 y 1990, donde la prisión, la tortura, la muerte y el exilio se impusieron a quienes pensaban distinto”.
Además, “hace solo tres años, las muertes de Manuel Rebolledo, Alex Núñez, Romario Veloz y Cristian Valdebenito en el marco del estallido social, nos obligaron a recordar que en nuestro país hay ocasiones en que protestar se termina pagando con la vida. Y no lo podemos seguir permitiendo. Verdad, justicia, memoria, reparación y no repetición son nuestros compromisos como gobierno”.
El mandatario salió del palacio presidencial de Cerro Castillo cerca de las 10:45 y arribó a la sede del Congreso a bordo del Ford Galaxie 500 XL junto a la ministra del Interior, Izkia Siches, y bajo los sones del Himno Nacional.
Vestido de terno oscuro, camisa azul y sin corbata, como es su costumbre, saludo uno por uno a los parlamentarios y autoridades que lo estaban esperando en la escalera de la sede del poder legislativo.
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