El abogado y militante de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Felipe Ward, dice que “no ha hecho nada”. Al menos, al interior de los pasillos del Congreso Nacional, su propia premisa sobre su gestión, aplica con creces.
De hecho, Ward negó que haya hecho gestiones en Chile Vamos para que se impusiera la opción de "rechazo" en el plebiscito 26 de abril, para una nueva constitución, como lo acusó el senador de RN, Manuel José Ossandón.
"Le entrego garantías absolutas de que el mandato que recibimos del Presidente de la República es el de prescindencia y eso lo vamos a cumplir", aseguró.
También ha sido acusado por la diputada de la Democracia Cristiana (DC), Joanna Pérez, de haber obstaculizado la aprobación del voto obligatorio en la cámara.
Fuentes ligadas a la Cámara de Diputados, dicen que el ministro, que asumió hace dos meses en la Secretaría General de la Presidencia (Segpres), en reemplazo de Gonzalo Blumel, no tiene capacidad de relacionarse con sus pares.
Ni con parlamentarios de Chile Vamos ni menos con diputados de oposición ha establecido contactos sólidos. Salvo saludos protocolares en el hemiciclo o antes del ingreso a una comisión, pero no hace gestiones políticas para que tal o cual proyecto de Ley, sea del oficialismo o de oposición, avance en tramitación legislativa.
Es decir, en su labor de colegislador, brilla por su ausencia. Es una especie de “fantasma”, que transita por el Congreso Nacional, sin pena ni gloria.
Y en la interpelación, ayer, al ministro de Salud, Jaime Mañalich, se sumó al circo de las corbatas amarillas. Un animado Mañalich, minutos antes de su interpelación en la Cámara se dio el tiempo para repartir esta prenda a los parlamentarios oficialistas, que se ha convertido en uno de los símbolos de la campaña por la rebaja de los medicamentos, que ha impulsado el Minsal.
Ward asiste a las sesiones del Congreso de observador. No le da indicaciones a diputados y senadores de cómo se debe votar. Al contrario de su par de Interior, Gonzalo Blumel, quien cuando era de Segpres sí hacia las gestiones atribuidas a su cargo para negociar y llegar a acuerdos con la oposición para sacar adelante proyectos del Gobierno, o establecer lazos políticos.
Después del 18-O, el Gobierno dejó de gobernar. No tiene programa. Y eso, sin duda, afecta a sus ministros. Así como Piñera llamó a la presidencia de sus parlamentarios para que voten en libertad el plebiscito por nueva carta fundamental, parece que el mandatario “prescindió” de Ward. Lo tiene con bajo perfil. Es un mero actor que deambula por el parlamento, sin pena ni gloria, que no gestiona “nada” y solo acompaña a otros colegas en interpelaciones o comisiones. Su peso específico, en definitiva, es de observador fantasma del Ejecutivo.








Interacciones con los lectores