Por Cristian Gutiérrez Pangui
En estos días ha estado en la agenda de la discusión política el ¨peligro¨ que sería para nuestro sistema democrático el optar por un Estado Plurinacional.
Indigenismo, le ha llegado a llamar un exSenador.
Flaco favor se le hace, con esta propaganda intencionada, a los avances de tener una sociedad más justa e inclusiva, y sobre lo cual se estaba avanzado, con la irrupción de la agenda de reparación a los pueblos originarios. Basta recordar el peso simbólico de tener a la primera Presidenta Diaguita del Senado, Yasna Provoste, a la par de la Presidenta Mapuche de la Convención Constitucional, Elisa Loncón.
Precisamente una de las pocas banderas que cobijó transversalmente la necesidad de contar con una nueva constitución (no cualquier constitución, estamos de acuerdo), fue el reconocimiento a la exclusión y despojo vivido por las comunidades indígenas, ya sea desde el punto de vista material, como de la incidencia en la vida cívica del país.
Hasta la indiferenciación entre los conceptos de Estado y Nación han llegado a utilizar quienes por alguna razón sienten un temor infundado a que Chile legítimamente se reconozca a sí mismo como un Estado Plurinacional (¨preferiría llamarme Estado Mestizo¨ llegó a decir un parlamentario, como si aquella denominación tuviera consecuencias jurídicas).
No se trata de ser alarmistas como señalan quienes nos dicen que vamos directo al indigenismo, pero tampoco debemos ser ingenuos y mantener la situación en el estado actual, un espacio folclórico, como les gustaría a quienes prefieren hablar sólo de la multiculturalidad. Aislando de nuevo la integridad que significa lo plurinacional.
Es evidente que el miedo a la plurinacionalidad es más bien el miedo a los modelos fracasados de la izquierda en Latinoamérica. Por eso es tan importante señalar que No es cierto que la izquierda haya llevado la vanguardia en la incorporación de los pueblos indígenas a la vida constituyente, como nos quieren hacer creer mencionando a Ecuador y Bolivia como el camino no deseado por nuestros camaradas más de derecha.
Colombia, cuyo país se caracterizó históricamente por gobiernos conservadores y liberales, posee desde 1991 en su Constitución un sistema no proporcional de representación para minoría étnicas, indígenas y negritudes. En el Chile del 2022, aun se nos pretende vender que este es un sesgo de color político, cuando en verdad es un tema de inclusión y justicia reparadora, para tener en nuestra vida cívica, en el debate de los tres poderes del estado, la voz de los pueblos originarios, y no sólo la de los herederos de una patria que ¨pacificó¨ su territorio a sangre y fuego.
Y ya que nos gusta mirar a Europa, es bueno recordar que el artículo 2 de la Constitución Española señala que ¨garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas¨ ¿Y por qué ocurre esto? Porque precisamente los partidos políticos de la transición española (en especial, la Unión de Centro Democrático liderada por Adolfo Suárez) entendieron, en 1978, que el uso del plurinacionalismo contribuye a evitar la división de las sociedades en estados o en países. Esa es, por ejemplo, la experiencia española con la Comunidad Autonómica del País Vasco. A Esukadi no se le entiende como otro Estado, lo que se hace es reconocerlo territorialmente, con sus rasgos autonómicos, en muchas materias. Aquí no hay separatismo, ni un Estado dentro de otro Estado (como sí ocurre con el Vaticano). Y digamos que no ha sido precisamente la izquierda quien ha desarrollado mejor su potencial electoral en este escenario, sino más bien el Partido Nacionalista Vasco EAJ-PNV, partido aliado de la Democracia Cristiana Chilena.
Y si de decisiones políticas se trata, el tratamiento de un Estado Plurinacional ha sido debatido con ahínco y generosidad en los órganos partidarios de todos los colores desde hace varios años. En su Junta Nacional del 26 de septiembre del 2020, su máximo órgano decisor, el Partido Demócrata Cristiano aprobó por una amplísima mayoría, que ¨se compromete con nuestros pueblos originarios, en su reivindicación de avanzar hacia un Estado Plurinacional¨ (punto 9 del voto político), ratificando con ello un acuerdo anterior de su Consejo Nacional. El PDC no habla de multiculturalidad, se compromete explícitamente con un Estado Plurinacional.
De hecho, en esos mismos días la Senadora Ximena Rincón y el Senador Francisco Huenchumilla acudieron con su firma para la presentación de las indicaciones en Comisión, y lograr tener, por fin, escaños reservados para los pueblos originarios. Este proyecto se resolvió en Comisión Mixta, donde uno de sus mejores defensores fue, el entonces Diputado, Matías Walker. Todo un trabajo que prestigió a la Democracia Cristiana y del cual fue un incesante impulsor el Frente Indígena del mismo Partido.
Por tanto, lo que queda es honrar la palabra y no seguir desprestigiando una actividad política a la que se le conoce por decir una cosa y hacer otra. Tampoco a usar la Plurinacionalidad como un fantasma para la democracia. Más bien es un valor y un acto de fortalecimiento de ella. //ELF






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