Por Rodolfo Fortunatti
Se dibujó la figura maldiciente de líder de una banda criminal y la imputación se consolidó en los medios y en la opinión, fue medida por las encuestas y volvió a los medios como decisión ciudadana, ahora como cosa juzgada, como hecho real, concreto e irrefutable.
El proceso constitucional en curso fracasará, y lo hará a causa de la mentira, la injuria y la calumnia, esa siembra de irracionalidad política, de rencor y odio que ocasionó la caída de Giorgio Jackson.
La manipulación de las comunicaciones llevó muy lejos —ya durante la anterior convención— el empleo del envilecimiento, la banalización y la intriga como armas de debate público. Cayeron en la bajeza de la prensa, encuestadoras y redes sociales de la derecha política y económica, incluso referentes éticos que pudieron haber sorteado la crisis de convivencia y de diálogo en que nos hallamos. Y así mismo, el próximo 17 de diciembre se cosecharán las tempestades de estos vientos de ira.
Todo el poder de la derecha se volcó contra Jackson. Fue el chivo expiatorio contra quien apuntaron las culpas del estallido social, de la transición constitucional, del Frente Amplio y de la generación dorada que asumió el gobierno, aunque es el socialista Carlos Montes el jefe de la cartera donde ocurrió el eventual ilícito que se le atribuye a Democracia Viva, y aunque es el senador Juan Ignacio Latorre el timonel de Revolución Democrática. Jackson estaba distante del epicentro del conflicto difundido por un irrelevante medio local, pero amplificado eficazmente por las cadenas de diarios, radios, canales de televisión y redes de la derecha.
Y entonces, sobre la sospecha y el reconcomio instalados tras la fallida acusación constitucional de enero contra el ministro, se dibujó la figura maldiciente de líder de una banda criminal. Quien lo hizo no fueron los oportunistas republicanos, que lo utilizan todo para domesticar a su sector. Fue el senador socialista Fidel Espinoza, cuyo talante es abonado por la suspicacia y el prejuicio de otros parlamentarios de su partido. La imputación se consolidó en los medios y en la opinión, fue medida por las encuestas y volvió a los medios como decisión ciudadana, ahora como cosa juzgada, como hecho real, concreto e irrefutable. Tal cual lo dice de manera prosaica la tránsfuga Camila Avilés, «se fue porque su sector se está robando la plata de l@s chilen@s».
En la operación no interesan las instituciones, la moral ni los derechos. Lo importante es el poder que se consigue manipulando la voluntad colectiva. Por eso, la derecha de Kast, que amenazó con una segunda acusación constitucional a Jackson y se desistió de ella tan pronto éste dimitió, no frenará su ofensiva contra el gobierno, como no lo harán quienes necesitan de los neofascistas para sobrevivir. Quedará, además, mucho más claro que la presencia del ministro era sólo una excusa obstruccionista, y que las expectativas de diálogo que cifra Boric en una tregua legislativa, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. //ELF
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