En La Fontana publicamos discurso del Presidente Nacional del PDC, Alberto Undurraga Inauguración del Monumento Conmemorativo del Presidente Patricio Aylwin.
"Estimadas amigas y amigos:
Siento una profunda emoción al compartir con cada uno de ustedes esta ceremonia. Una mezcla de gratitud, orgullo, respeto, agradecimiento, solemnidad y cercanía recuperada.
Volvemos a sentir próxima la figura y el semblante inconfundible de un hombre grande, justo y bueno. Nos llegan los ecos de las gestas compartidas, de los encuentros fraternos, de los momentos decisivos de nuestra historia donde Patricio Aylwin fue la voz vibrante y recuperada del Chile libre. De un Chile que volvía a ser la patria para todos que tanto soñamos, por la que luchamos, por la que tantos y tantas entregaron su vida y nosotros tenemos ahora la responsabilidad de sostener y proyectar.
La democracia tiene sus héroes y Patricio Aylwin es uno de ellos. Fue un político integral, un estadista y es un referente compartido por todos los humanistas cristianos. Don Patricio fue constructor de partido, constructor de coalición, constructor de acuerdos y constructor de democracia. Todo en una persona.
Hay que recordarlo ahora que tantos se permiten denostar a los partidos, tal vez porque tienen siempre mucho más presente los malos ejemplos que los mejores.
Don Patricio fue siete veces presidente del Partido Demócrata Cristiano y nos sentimos orgullosos de contarlo entre nuestros camaradas. Se formó y aprendió a servir a los demás en política integrado en esa comunidad extraordinaria que fue la Falange Nacional.
Es bueno recordarlo hoy. Patricio Aylwin se incorporó a la Falange cuando hacer política era cuesta arriba. Cuando, mucho tiempo después, trasmitía su legado a los más jóvenes, siempre recordaba que, durante muchos años, para sus fundadores lo propio de la Falange era y seguiría siendo, no el ejercicio del poder, sino el dar testimonio de los principios y valores del humanismo cristiano.
Tuvieron tiempo para formarse y prepararse como ninguna otra generación la ha tenido antes y después de ellos y ellas. Llegaron al poder después de estar preparados para el poder. Aportaron la experiencia ganada en la madurez, sin perder los ideales de la juventud y por eso lograron tanto. Frei, Leigthon, Tomic, Aylwin y muchos otros, primero fueron una comunidad y por eso pudieron convencer de que el Chile fraterno de la Revolución en Libertad era un sueño posible.
Fue un constructor de coalición. Habiendo vivido la crisis de la democracia desde la primera línea, sabía que las democracias se pueden enfermar con la división, el sectarismo y la violencia. Sabía que esta tragedia nunca más se debía repetir, que para eso se necesitaba la unidad de los demócratas y, cuando tuvo la oportunidad, se destacó entre aquellos hombres y mujeres que estuvieron a la altura de los anhelos de nuestro pueblo.
Sin Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Gabriel Valdés y , así como sin Clodomiro Almeyda y sin Ricardo Lagos no hubiera existido Concertación y sin Concertación, sin la centroizquierda unida, no hubiéramos derrotado al dictador. La historia une en lo grande lo que los seguidores de los líderes no siempre saben ver en medio de los acontecimientos.
Cada generación construye para su tiempo, con los materiales de su tiempo y Aylwin, entre otros, supo dotar de cuerpo político a aquello que el Cardenal Raúl Silva Henríquez llamó “el alma de Chile”. Un alma que vive de la voluntad de entendimiento, no de la confrontación. Por eso Patricio Aylwin fue un incansable constructor de acuerdos. Por eso tuvo adversarios, pero no tuvo enemigos. Supo ser el Presidente de todo un país y por eso al salir de La Moneda era más querido, apoyado y respetado que cuando entro a ella. Hasta el fin de sus días fue siempre y para todos “don Patricio”.
Aylwin fue un hombre de fe profunda y fue esa fe la que le permitió superar unos momentos muy difíciles. Venía de una familia ejemplar y formo una familia a la que quiso entrañablemente. Sin la señora Leonor el Aylwin que conocemos no hubiera existido.
Don Patricio lo quiso todo para Chile y por eso fue un constructor de democracia, una democracia “justa y buena para todos”, como el decía. En el empeño de darle forma a un mejor país puso toda su firme voluntad. Porque don Patricio fue un valiente, pero nunca confundió la valentía con la irresponsabilidad. Poseía el coraje de los que se atreven a construir lo perdurable.
Chile no olvidará a Patricio Aylwin porque su proyecto de país sigue estando en el corazón de nuestra patria y en cada tiempo encontrará una forma nueva de expresarse. Podemos llamarla “crecimiento con equidad”, “revolución en libertad”, “desarrollo con dignidad”, pero la matriz será siempre la misma.
Los que queremos lo mejor para Chile, no aceptamos sacrificar la libertad a la justicia como los totalitarios, ni ganar seguridad a costa del sometimiento a un iluminado como quieren los populistas, ni creemos que a un país fraterno se llegue a balazos. No buscamos soluciones promedio, componendas para dejarlo todo igual, castillos de palabras sin cambios perdurables. Lo que buscamos es el diálogo que construye mayor dignidad para todos, porque ese es el legado y el ejemplo que recibimos de Aylwin.
Los símbolos importan. Este monumento importa. Las obras que llevan su nombre importan. Lo digo pensando en lo orgulloso que me siendo de haber definido como ministro de obras públicas que, en Concepción, el puente bicentenario lleve el nombre “Presidente Patricio Aylwin Azócar”. Nada más apropiado para un estadista cuya vida es un puente con nuestro futuro.
Recuerdo los días que siguieron al fallecimiento de don Patricio y el homenaje multitudinario, silencioso y reverente que le brindó nuestro pueblo. Recuerdo en especial a un padre que entró a la Catedral con su hijo pequeño a entregar su saludo. A la salida, un periodista de televisión le preguntó al niño por qué estaba ahí y el niño contestó: “mi padre me dijo que yo tenía que conocer nuestra historia”.
Sí, amigas y amigos, de eso se trata. Se trata de conocer nuestra historia, lo mejor de nuestra historia y de trasmitirla más allá de nosotros, más allá de nuestro tiempo, más allá de las actuales generaciones. Por eso estamos aquí.
Integrado en metal al paisaje, sobre un firme pedestal, se yergue la figura de un gran líder, en el centro cívico de la República, en este lugar de honor, como homenaje de la democracia a un demócrata.
Pasarán las estaciones y los años, y entonces, un día un niño o una niña señalará con su mano extendida en esta dirección y su madre le dirá: “Ese es Patricio Aylwin, fue un estadista, un hombre bueno, con él recuperamos la democracia y derrotamos al
dictador. Sí hija, junto a él empezamos a construir una patria justa y buena para todos, gracias a Dios”.
En eso estamos don Patricio. Muchas gracias." //ELF
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