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octubre 20, 2019
/
Admin Istrador

Declaración pública de la JDC, llamando a la Paz Social en Chile, haciéndonos cargo de las legítimas demandas ciudadanas

Chile está pasando por su crisis más profunda desde el retorno de la democracia, el llamado a concurrir a un Pacto Social amplio, es una cuestión imperante para tratar de resolver desde la profundidad que se requiere este malestar que hoy la sociedad chilena expresa.

Es un error reducir lo que sucede en las calles a un problema meramente de seguridad pública, la democracia que creíamos estaba asegurada y que gozaba de una robustez institucional, no era tal.

Si bien Chile ha avanzado en muchas áreas los últimos 30 años, fue a costa de profundizar un modelo que escondió debajo de Chile está pasando por su crisis más profunda desde el retorno de la democracia, el llamado a concurrir a un Pacto Social amplio, es una cuestión imperante para tratar de resolver desde la profundidad que se requiere este malestar que hoy la sociedad chilena expresa.

Es un error reducir lo que sucede en las calles a un problema meramente de seguridad pública, la democracia que creíamos estaba asegurada y que gozaba de una robustez institucional, no era tal.

Si bien Chile ha avanzado en muchas áreas los últimos 30 años, fue a costa de profundizar un modelo que escondió debajo de la alfombra todos sus dolores, que tomaron rostro en la desigualdad social, en los abusos y en la violencia
estructural que la ciudadanía vive día a día.

El problema que vemos es mucho más profundo que la desconfianza en la figura del Presidente, al que
sin dobleces responsabilizamos políticamente de todo los hechos ocurridos, ni a los partidos políticos o en el congreso, lo que existe es una desconfianza profunda con nuestro sistema democrático, que genuinamente iba a estallar.

Desde la política tenemos el deber de cuidar la democracia, pero esto requiere más que voluntarismo y frases que llamen a la cordura, se requiere urgentemente una autocrítica respecto a cómo la clase política ha sido responsable de este escenario.

La gente asocia privilegios innecesarios en la realización de esta función, condena con fuerza la corrupción, y no nos exime de responsabilidades a la hora de evaluar como las medidas
que se toman, parecieran ir siempre en protección del más poderoso y a costo de los más débiles, como hemos
visto con nuestros propios ojos.

En ese sentido la autocrítica debe ser honesta y profunda, por un lado sectores de izquierda representados por el Frente Amplio y el Partido Comunista deben asumir que no han sido capaces de proponer un rumbo certero a la ciudadanía en materia de crecimiento económico, generación de empleos y seguridad ciudadana; por otro lado, los partidos como el nuestro (PDC) y de Convergencia Progresista (PS - PPD - PR), no hemos sido capaces de superar nuestras divisiones internas y hacer una reflexión sobre los errores que
cometimos, a fin de poder ofrecer una alternativa al país; y, la centro derecha representada por el gobierno no
ha sido capaz de superar la ortodoxia neoliberal que han defendido desde los años 80, siendo incapaces de
hacer una autocrítica sobre el modelo económico y social impuesto por la dictadura.

Tenemos el deber de hacernos cargo de esa demanda social, dejar de lado la soberbia y entender que no habrá mejor práctica política, que simplemente hacer todos los esfuerzos necesarios para dialogar ye la alfombra todos sus dolores, que tomaron rostro en la desigualdad social, en los abusos y en la violencia estructural que la ciudadanía vive día a día.

El problema que vemos es mucho más profundo que la desconfianza en la figura del Presidente, al que sin dobleces responsabilizamos políticamente de todo los hechos ocurridos, ni a los partidos políticos o en el congreso, lo que existe es una desconfianza profunda con nuestro sistema democrático, que genuinamente iba a estallar.

Desde la política tenemos el deber de cuidar la democracia, pero esto requiere más que voluntarismo y frases que llamen a la cordura, se requiere urgentemente una autocrítica respecto a cómo la clase política ha sido responsable de este escenario.

La gente asocia privilegios innecesarios en la realización de esta función, condena con fuerza la corrupción, y no nos exime de responsabilidades a la hora de evaluar como las medidas que se toman, parecieran ir siempre en protección del más poderoso y a costo de los más débiles, como hemos visto con nuestros propios ojos.

En ese sentido la autocrítica debe ser honesta y profunda, por un lado sectores de izquierda representados por el Frente Amplio y el Partido Comunista deben asumir que no han sido capaces de proponer un rumbo certero a la ciudadanía en materia de crecimiento económico, generación de empleos y seguridad  ciudadana; por otro lado, los partidos como el nuestro (PDC) y de Convergencia Progresista (PS - PPD - PR), no hemos sido capaces de superar nuestras divisiones internas y hacer una reflexión sobre los errores que cometimos, a fin de poder ofrecer una alternativa al país; y, la centro derecha representada por el gobierno no ha sido capaz de superar la ortodoxia neoliberal que han defendido desde los años 80, siendo incapaces de hacer una autocrítica sobre el modelo económico y social impuesto por la dictadura.

Tenemos el deber de hacernos cargo de esa demanda social, dejar de lado la soberbia y entender que no habrá mejor práctica política, que simplemente hacer todos los esfuerzos necesarios para dialogar habrá mejor práctica política, que simplemente hacer todos los esfuerzos necesarios para dialogar y
sintonizar con sinceridad con aquellos que pretendemos representar.

La democracia no es legítima únicamente por la legalidad de su sistema, sino que esta legitimidad implica necesariamente una confianza ciudadana. Justamente esa confianza de la que abusamos y que perdimos, es la que debemos recuperar.

Urge dar garantías inmediatas a los ciudadanos, por eso es que cualquier intento de salida de esta crisis, es mucho más que un acuerdo entre el Gobierno y la Oposición, no podemos permitirnos el solo llamado a una mesa técnica que implique una foto de todos los sectores levantando los brazos, ya no basta.

Para enfrentar esta crisis, se requiere tomar medidas inmediatas que vayan orientadas a reducir el abuso en la cotidianidad de las personas: revisar el alza de las cuentas de la luz, el monopolio en los servicios básicos, los precios del transporte público, el costo de los medicamentos, el acceso garantizado al agua, etc.

Estás acciones concretas requieren de un compromiso político transversal, por lo que hoy exigimos a nuestros representantes entrar en una fase que nos permita realizar cambios profundos, y esos cambios requieren necesariamente de una agenda social que enfrente los principales yugos que este modelo tiene, que agobian a las familias chilenas y que han hecho que se pierda la confianza en el sistema democrático: Reforma al sistema de pensiones que asegure mejores jubilaciones, reforma al sistema de salud que no discrimine entre los chilenos que pueden o no pagar por este derecho, reformas políticas constitucionales que permitan recobrar la confianza en las instituciones.

Cambios profundos que permitan la urgente redistribución del ingreso a fin de poder aumentar los salarios de esa gran mayoría de la población que no le alcanza el dinero para vivir.

Lo anterior no es un ejercicio simple, y por supuesto que nos obliga a pensar en nuevas formas de actuar que le den legitimidad a este proceso, por eso creemos que nuestro deber como dirigentes políticos jóvenes, es cooperar en la unidad, reflexión y deliberación sobre las decisiones y acciones que debe ir tomando la Democracia Cristiana, a fin de aportar desde la humildad y la autocrítica a este ejercicio nacional que se debe desarrollar para salvar nuestra democracia. Vivimos tiempos complejos, y por lo tanto las soluciones no son fáciles. Se debe valorar la movilización social pacífica, condenar los actos de violencia que poco tienen que ver con las legítimas demandas ciudadana, y por sobre todo, debemos dar todos los gestos que sean necesarios para restablecer la Paz Social en Chile, esa Paz Social que no tiene que ver con la seguridad pública, sino con el sanar esas heridas profundas que producto de la desigualdad viven las familias chilenas.

En fraternidad en estos momentos complejos.

Directiva Nacional

Juventud Demócrata Cristiana

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