Por Don Délano
Estaba todo listo para el domingo. El Líder de la esquina estaría abierto, porque se había suspendido la huelga.
Ya había pedido ampliar el cupo de la tarjeta de crédito y postergar la cuota 5 del auto, cuando quedan por pagar todavía 55 más, daba lo mismo.
Un asado como Dios manda, yo invito. Invito a los vecinos que nos desprecian, porque nunca hemos viajado a Miami. Invito a algunos compañeros de trabajo con los cuales el pacto de silencio de putas y cafés con piernas era a fuego y acero.
Invito a mis suegros que me odian, que su hija se vino a convivir con un pelafustán de media monta, cuando Andrés, el abogado, prometía un futuro que sí valía la pena. Invito a mi hermana, Magdalena, que nunca me perdonó que guardara silencio frente a la violencia de mi padre.
Invito a mi mujer y mis hijos, esa familia que no veo nunca, porque tengo que trabajar mucho, porque no tengo ganas de llegar a casa a ver nuestra mediocridad, nuestras peleas, nuestras miserias, nuestros silencios, el estar todo el día y la noche conectados al celular, al Facebook, al WhatsApp y al Instagram.
-¡¡¡¡Que perdimos!!!!
-Me están weveando
-Que nos ganaron esos peruanos cochinos, que dejan lleno de pichi nuestra Plaza de Armas. Sí pues, porque esa Plaza de Armas es chilena, de los chilenos.
-¡¡¡Que perdimos!!! Con ese pueblo de mierda que derrotamos en la guerra del Pacífico a punta de sables, violando mujeres, empalando peruanos cochinos, quitando tierras con nuestro ejército que nunca y jamás será vencido.
-Sí. Perdimos.
-Jugaron mejor. Punto
Y yo me quedo aquí sentado en este sofá que todavía no se termina de pagar.
Me quedo callado, inmutable, petrificado. Me quedo amarrado al deseo no cumplido.
Y asumo que tengo que volver a la realidad, a los tiempos mejores, al paro de los profesores, a la cesantía que va en aumento, a la parafina que sube y sube, a la triste claridad del asado del domingo no será.







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