En La Fontana entrevistamos al sociólogo de la Universidad Católica y doctor en sociología de la Universidad de Heidelberg (Alemania), Ernesto Moreno, para que nos cuente sobre el significado profundo de conmemorar en Chile el Golpe de Estado de 1973, a 50 años de ocurrido.
El también exconcejal de Recoleta y camarada de la Democracia Cristiana (DC) da respuestas amplias a consultas que le realizamos.
-¿Por qué sigue generando tanta división entre los chilenos, recordar el golpe militar?
-Porque se trata de un momento y etapa muy dramático de nuestra historia, sobre el cual no se ha podido encontrar una lógica que lleve a compartir, horizontalmente, un análisis básico y mínimo sobre lo sucedido. Además, es un episodio que está atravesado por la emotividad de todos los sectores, particularmente, aún está presente ese factor lacerante que pende sobre cientos de personas que siguen esperando saber qué pasó con sus seres queridos.
En la medida que haya un poco de humildad y auto crítica de todos, la que prevalezca sobre el culpar a otros, se estará en un buen camino de reencuentro. Eso sí, quisiera señalar algo de lo que me parece que hay que hacer absoluta claridad, sobre todo a propósito de declaraciones que han hecho diferentes personajes y actores sociales en estos días. Aclarar y/o explicar algo, No es sinónimo de dispensarlo o condonarlo. Con los antecedentes que hoy manejamos, con el tiempo transcurrido y la reflexión que todos hemos hecho, habría que reiterar que entender o explicar el golpe de Estado, es muy diferente a justificarlo.
-¿Se puede llegar a un consenso político transversal de condenar las violaciones a los Derechos Humanos y el que el "nunca más" sea una consigna generalizada o está muy fracturada la sociedad chilena para eso?
-No solo se puede, sino que se debe. Es una condición absolutamente necesaria para cualquier intento de sanear nuestra convivencia y de construir una democracia sólida. El llamado del Gobierno a suscribir un acuerdo en este sentido y la actitud y posición que asuman los actores políticos, permitirá saber, en los hechos, quiénes están de verdad en una búsqueda de dicho consenso.
-¿Esta herida de país sanará tal vez en el futuro cuando las próximas generaciones ya no porten esa "carga emotiva" de haber vivido esa época o que sus padres la sufrieron, o es algo que no se olvidará jamás?
-Mire, en Alemania después de 70 años del holocausto, el tema es el centro de la memoria, lo que se expresa sistemática y pedagógicamente en ceremonias, difusiones, aspectos constitucionales y un diálogo generacional, entre otros. Ello ha permitido que la inmensa mayoría del país haya procesado y asumido esta sombra de su historia, pero, a la vez, sus implicancias la haya convertido en una enseñanza y sentido en el devenir de su sociedad, reivindicándolo y definitivamente sobrepasándolo con la construcción de una democracia sólida, no solo en lo socio-económico, sino también en lo valórico-cultural.
-Pero estamos en Chile...
-Es cierto que las experiencias de cada país y los tiempos son diferentes, pero siempre hay enseñanzas en esta línea que Chile podría implementar, especialmente en lo referente a la construcción de una democracia con justicia social, valores comunitarios y prevalencia del bien común. En esto, aún estamos muy lejos.
-¿Cómo cree que el poderes Ejecutivo y el Legislativo deben conmemorar los 50 años del Golpe, sin que eso genere divisiones?
-Bueno, aquí correspondería implementar algo de lo señalado en mi respuesta a la primera pregunta. Esto es, que los parlamentarios sean capaces, a pesar de sus diferencias, de objetivar un set de elementos en común, que contenga un acuerdo sobre los "por qué" del 11 de septiembre y la evaluación de algunas de sus consecuencias. No se trata de un trabajo de investigación o ensayo al respecto, sino de un esfuerzo de instalar dos o tres elementos y considerandos, en los que el Congreso de Chile comunica que ha coincidido como un primer paso. Las acciones provocativas como traer declaraciones del 73', realizadas en momentos y contextos particularmente perturbadores, termina siendo una provocación que en nada ayuda a desmalezar las situaciones vividas hace 50 años.
-¿No hay motivos que justificaran el Golpe, o desde la mirada sociológica existieron ciertos procesos sociales e inestabilidades que iban a terminar y desencadenar este proceso?
-Aquí hay que separar. Para ser honesto en la respuesta, lo que fue mi sensación y posición en ese momento y lo que es el análisis más sociológico del momento. Este último, creo que lo suscribo hoy igual como era mi percepción hace 50 años, solo que mucho más ratificado con todos los nuevos antecedentes que he leído y estudiadio estos años.
Permítame, aún a riesgo de simplificar en exceso, precisar un mínimo de antecedentes:
El país entró en un espiral de conflicto por una controversia en la que convergieron cuatro perspectivas y/o miradas sobre la sociedad chilena: la del Gobierno y su coalición llamada Unidad Popular, que quería transformar profunda y rápidamente la estructura social chilena dentro de la democracia, los grupos representados por el MIR y el Partido Socialista de Altamirano que querían la revolución y toma del poder por las armas, la Democracia Cristiana y otros sectores que querían que el país siguiera cambiando, prolongando la exitosa revolución en libertad, pero con cierta prudencia y gradualidad y la derecha política y económica, que desde el día uno comenzaron a complotar y sembrar el golpe de Estado con la complicidad de la CIA y los mal recordados políticos norteamericanos Nixon y Kissinger. A ello habría que agregar los distintos actores que también jugaron un rol y tomaron partido en esta controversia político-social, me refiero al movimiento sindical, los gremios, los estudiantes (secundarios y universitarios), la Iglesia, el empresariado y, por cierto, las Fuerzas Armadas, entre los más significativos.
Por lo tanto. sobre una parte de su pregunta, la respuesta es sí, es decir, ciertamente hubo un proceso social y profundas contradicciones en la sociedad chilena que derivaron en su inestabilidad. Concretamente, las relaciones y dinámica como resultado de estas diferentes posiciones y actores, no podía más que generar un efecto combustión en que el conflicto, sustentado en legítimas opciones ideológicas, escaló hasta un nivel crítico, sin que la solución del mismo se guiara por el principio de que "los problemas de la democracia se solucionan con más democracia". En esto, fallamos todos, especialmente quienes tenían algún poder en los diferentes ámbitos de la sociedad.
-¿Y desde su mirada más personal del asunto qué opina?
-En lo personal, y ciertamente desde la ingenuidad y falta de experiencia de quienes estábamos entre los 20 y 25 años, fui de los que creía que con la llegadalos militares se iban a crear las condiciones para un rápido proceso electoral que permitiera que el país se pronunciara ante nuevas alternativas de Gobierno. Me equivoqué rotundamente y hoy, con la perspectiva del tiempo y los estudios y reflexiones de estos años, estoy absolutamente convencido que el golpe en sí mismo fue una violación a los Derechos Humanos y a la democracia, aún más, tal cual lo ha revelado la Comisión Valech, el Golpe de Estado atentó contra las personas inhumanamente desde el primer momento. La democracia debía haber salvado y perseverado en la democracia. //ELF






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