El empresario chileno es como la barra brava de un equipo de fútbol de Chile, solo que con mucha plata y contactos, pero igual de intolerante a la frustración que ellos y lo que es más complejo, siempre en búsqueda del reconocimiento…
Por Patricio Gilbert
Viendo el desempeño de la Selección Chilena, adulta y sub 17; y recordando el magnífico desempeño de los equipos de fútbol en competencias internacionales (saludos a mis amigos chunchos), puedo ver las grandes similitudes entre el mundo empresarial chileno y el mundo del fútbol.
Aunque es lógico que existan grandes similitudes, son los mismos que son dueños de las empresas y de los clubes de fútbol, es un modelo de análisis que permite mostrar el errático comportamiento y la falta de convicción en el desarrollo sobre bases sólidas y no sobre el humo efectista de la inmediatez.
Como podemos ver en el fútbol, los empresarios tienen la tendencia a comprar “sandías caladas” con la certeza de que el jugador rendirá desde el minuto 1 en el primer amistoso y que la hinchada alabara su genialidad en la negociación para traer a este crack.
La más pura expresión del exitismo que nuestra sociedad espera de los “exitosos”, esas mismas expresiones que tan celebradas con la llamada “chispeza” del chileno, esa que te permite pasar por encima del otro (me cuelo en la fila), que justifica el robo (me roban tanto que les va a hacer una bebida en el super) y que celebra el quitar los recursos a los más pobres de este país (planificación tributaria le llaman).
Este empresario exitoso del fútbol, es intolerante a la frustración, necesita que todo resulte bien y a la primera; por eso cuando su equipo no gana, mete la mano al bolsillo y compra el equipo nuevo completo, ya que cambiando todo, todo debe cambiar y para bien, para eso gaste plata.
Una muestra más del exitismo anterior, ¿Qué forma más fácil de ser exitoso que destruir lo anterior? Si lo de antes era malo, por antología lo mío es bueno y, por lo tanto, soy exitoso. Esto nos tiene en toda nuestra sociedad, construir un país nuevo cada 4 años (como que no hay plata… cada 4 años hacemos Chile de nuevo).
Como “guinda de la torta” podemos ver como los procesos formativos en los clubes de fútbol, salvo el honroso caso de la UC, no existen, pero ¿Por qué no existen? La lógica nos indica que si formamos 100 jugadores tal ves 10 rindan los frutos esperados en el equipo adulto y aquí está la expresión del “empresario chileno” donde su análisis será “pero estamos invirtiendo en 90 que no van a servir, para que vamos a perder rentabilidad en el estado de resultados de este año, si no vamos a ver ganancias ahora?”; esa mentalidad pequeña, de corto plazo, de la ganancia rápida y fácil es la que tiene sumidos a los clubes de fútbol y a las empresas chilenas siguiendo el ejemplo, en la nula inversión en I+D que el país necesita (consideremos I+D algo que suponga un avance en la tecnología y en el desarrollo, invertir en copiar productos o tener presupuestos de investigación escuálidos que seguro no llevan a nada, no es I+D), ya que la tolerancia a la frustración, la capacidad de invertir en el futuro, no se llevan de la mano con la
enfermiza intolerancia a la frustración que vemos.
Ojala nuestros empresarios fueran como "La Cato", invertir en futuro, esperar los resultados y luego cosechar y disfrutar; en ese momento (si es que mejoran su relación con los trabajadores) podrían ser vitoreados en las calles, que digamos, es lo único que les falta tener, pero que se esmeran en alejar.






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