En La Fontana conversamos con el abogado constitucionalista y académico de la Universidad de Chile, Fernando Atria. Aspirante a ganar un escaño como delegado constituyente, de los 155 disponibles. Compite en el distrito 10: La Granja, San Joaquín, Santiago, Ñuñoa, Macul y Providencia.
Incluso, se habló de que iba de candidato presidencial por el Frente Amplio (FA), apoyado por el partido Comunes. Pero la Convención Constituyente: "Es el lugar donde tengo que estar", dice.
Con la pandemia no alcanzó su partido en formación, Fuerza Común, a juntar las firmas necesarias para constituirse legalmente. Va, entonces, como independiente por el FA y en lista de Revolución Democrática (RD).
"Veo este proceso como una gran oportunidad (…) Va a cambiar algo importante en el país: No va a solucionar todos los problemas, pero va a cambiar el modo en el que vivimos. Soy optimista pensar que eso efectivamente ocurrirá. En los medios se refleja que hay muchas diferencias, pero sé que sabremos llegar a consensos para redactar una nueva constitución en democracia y que nos represente a todos", comenta.
Y añade: "Cuando uno se candidatea presenta un conjunto de ideas, pero también presenta una trayectoria. Y eso lo juzgará el votante. Mi trayectoria ha sido clara en instalar la necesidad de una nueva constitución en Chile. Necesitamos que el poder vuelva al pueblo. Una constitución que permita hacer las reformas que el país necesita".
Consultado sobre si ve real unidad en la oposición, hoy fraccionada entre Unidad Constituyente, Unidad por el Cambio e independientes, responde: "El problema de la unidad no tiene que ser pensada como la unidad entre partidos políticos. Hubo más de 500 mil firmas para apoyar a candidatos independientes; eso es algo mayúsculo. Hay una demanda social que, al mismo tiempo, tiene una enorme suspicacia y desconfianza hacia la clase política. Es cierto que la dispersión puede traer consecuencias electorales, pero espero que la ciudadanía tenga ganas de participar de verdad, como ocurrió con el triunfo del Apruebo (…) Tengo la impresión que vamos a tener un gran resultado", expresa.

-¿Cómo debe ser la Convención?
-Va a ser fundamental que la Convención sea abierta y quienes resulten electos asuman la responsabilidad de querer cambiar la forma de cómo se hace política y funcionan las instituciones.
-¿Qué se debe suprimir de la actual carta fundamental?
-Hoy, tenemos un Estado subsidiario que entiende que su función en materia de derechos sociales es asegurar las condiciones del mercado. Lo que nosotros necesitamos, y es lo que espero que la nueva constitución contenga, es un Estado social, cuyo deber fundamental es realizar esos derechos sociales (…) La política que conocemos es incapaz de procesar las demandas de los ciudadanos. Es incapaz de hacer transformaciones sociales (…) Hay que hacer una política que las personas sientan que es de ellas y no de los políticos.
-¿Debe surgir una nueva forma de hacer política?
-Hay que ver cómo será el proceso político después de la proceso constituyente, porque hoy las personas sienten que los políticos representan intereses de los políticos y empresarios, pero no de ellos (…) La idea es que la nueva constitución sea reconocida por todos como nuestra, legitimada de bases y desde el origen.
-¿Apoyaría demandas de manifestantes que rodeen la convención?
-Hay espacios, en un sistema democrático, para que a través de la manifestación el pueblo pueda tener influencia en las decisiones que los constituyentes tomen. Hay otros que creen que eso es un problema. Algunos creen que la democracia es ir a votar cada cuatro años y que los elegidos tomen decisiones por otros y hagan lo que les parezca. Yo no comparto eso.
-¿La convención debe ser completamente pública y transparente?
-Claro que sí. Una receta para el fracaso sería que la deliberación en la Convención sea secreta. Esa no es la manera de entender la democracia. Dispuesta y abierta a la presión social de la gente que se manifiesta pacíficamente. Ahora bien, tampoco avalo la manifestación con antorchas, armas y balas rodeando la Convención. Por supuesto, que no. La presión social pacífica, por ejemplo, hizo posible el retiro del 10%. //ELF






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