Por Rodolfo Fortunatti
Sociólogo y demócrata cristiano
El escorpión sacrificará a la rana, así el acto comprometa su propia supervivencia. Está en su naturaleza. Porque es obvio que la Democracia Cristiana no puede impedir que el polo progresista se entienda con el resto de la oposición. Y, en cambio, ¿cuál sería el destino de la Democracia Cristiana si se alejara de la izquierda? El laberinto de la soledad. El mismo que ensayó con el mismo elenco de actores el año 2017, cuando su candidatura presidencial apenas consiguió el 5 por ciento de respaldo, y su bancada de diputados el 8 por ciento que actualmente representa en el Congreso.
Como una forma de desentrañar la identidad profunda de México, Octavio Paz escribió en 1950 el ensayo El laberinto de la soledad. ¿Por qué el laberinto? Porque se trataría de un asunto que nunca ha sido resuelto y que debería ser desentrañado e interpretado. ¿Y por qué de la soledad? Porque, en último término, éste sería el destino histórico del ser mexicano: la cualidad de estar sin nadie, sin compañía, solo en su persistente peregrinar.
El dilema que Paz veía en la identidad antropológica de México, podría, sin embargo, hallar su correlato en la disyuntiva ideológico-programática que alimenta el debate actual de la Democracia Cristiana con sus aliados y adversarios. Esto es, reivindicar la soledad política como sello de identidad del partido, aún a riesgo de tomar distancia de la voluntad pluralista, democrática y unitaria expresada en las urnas por la ciudadanía el pasado 25 de octubre.
Lo esencial es muy visible a los ojos
«La mesa nacional de la DC —afirma la vicepresidenta Joanna Pérez— se comprometió a devolver la identidad de nuestro partido, a trabajar en el respeto al partido y principalmente, a que si teníamos un pacto fuera solo electoral o táctico con el PC. Sin perjuicio de esto, por la unidad opositora hemos hecho muchas cosas y hemos estado disponibles a trabajar con el PC. Pero también tenemos mandatos: siempre con la identidad de la DC».
En aras de ese compromiso, Fuad Chahin, presidente de la colectividad, ha notificado a todo el mundo que la unidad opositora es imposible, porque no caben todos en una lista, y porque no queda tiempo para que quepan todos en una lista. Si se lee bien el mensaje se comprobará que el problema es estadístico, o sea, de cuántos cupos le tocan a cada quien; no de cuidar la identidad en los contenidos mínimos de la futura Constitución. En todo caso, si fuera un asunto de identidad, sería uno de identidad electoral. Chahín ha declarado concluyente que enfrentar a la derecha con una sola nómina de candidatos «no es posible, toda vez que con dieciocho partidos y fuerzas políticas de oposición más los independientes en una sola lista, no hay posibilidades físicas de que podamos concretarla, tanto así que estamos a dos semanas de la inscripción y todavía no se ha dado ningún paso.»
¿Se dará algún paso antes de la inscripción? ¿Quiénes podrían dar el primer paso? Hace algunas semanas, Convergencia Progresista, una alianza de los partidos Socialista, Por la Democracia y Radical, formada en 2018, dio a conocer su manifiesto constitucional y reafirmó su voluntad de concurrir a una lista unitaria. Con posterioridad, para concretar dicho acuerdo, las tres organizaciones de izquierda han mantenido conversaciones con el Frente Amplio y, evidentemente, con el Partido Comunista. Y, últimamente, han creado el nuevo polo socialdemócrata con el Pro, el Partido Liberal y exmilitantes del Frente Amplio, lo que ha recibido críticas desde la Democracia Cristiana, coaligada con ellos en Unidad Constituyente. Chahín les ha advertido que podría poner fin a la participación de la DC en el bloque, «si ese polo lo que busca básicamente es tratar de generar una táctica electoral de una duda lógica de todos contra uno».
Pero el escorpión sacrificará a la rana, así el acto comprometa su propia supervivencia. Está en su naturaleza. Porque es obvio que la Democracia Cristiana no puede impedir que el polo progresista se entienda con el resto de la oposición. Y, en cambio, ¿cuál sería el destino de la Democracia Cristiana si se alejara de la izquierda? El laberinto de la soledad. El mismo que ensayó con el mismo elenco de actores el año 2017, cuando su candidatura presidencial apenas consiguió el 5 por ciento de respaldo, y su bancada de diputados el 8 por ciento que actualmente representa en el Congreso.
Desde luego, cambiar de discurso a mitad de la escena, tampoco tiene efectos prácticos. Volver a poner la Guerra Fría en el lugar del Estallido Social y del Acuerdo por la Paz, como lo hace Chahín con el propósito de desalentar la búsqueda de acuerdo, acabaría nada más que en un juego de tronos. Pues, tan ficticio e inoficioso es sostener que tras su XXVI Congreso el Partido Comunista se volvió menos democrático y menos institucionalista, como afirmar que tras los vergonzantes reconocimientos y apoyos de personeros democratacristianos a las operaciones desestabilizadoras de los venezolanos Juan Guaidó y Guarequena Gutiérrez, la Democracia Cristiana se volvió menos respetuosa del derecho internacional y de la soberanía de los pueblos. Una golondrina no hace verano. Esta novelesca lucha de consignas no podría subordinar jamás la promesa de la centroizquierda de darle a Chile una nueva Constitución, una nueva estrategia de desarrollo y una nueva sociedad de derechos garantizados, que son los fines últimos perseguidos con una sola lista de convencionales.
Por cierto, hay testimonios éticos y políticos que avalan los caminos unitarios. Tiene valor que dos vicepresidentes de la Democracia Cristiana, Carmen Frei Ruiz-Tagle, hija del asesinado Presidente de la República, y Humberto Burotto, expresidente de la FECH, hayan participado del amplio abanico de voluntades que se dio cita en el Congreso.
Tiene valor que la diputada Maya Fernández, nieta del Presidente Allende, hubiera hablado con tanta profundidad y elocuencia del crucial trance en que nos encontramos.
Tiene valor que la senadora Adriana Muñoz, presidenta del Senado, hubiera recordado a las víctimas de la represión política, el precio que el país ha debido pagar por la libertad, la justicia y la dignidad. Como tiene valor el mensaje humanista, sólido y consecuente con todo lo que sido su vida política, de Luis Maira. //ELF







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