Por David Pellizzari Ossa
¿Dónde está el Estado? La pregunta parece algo absurda, pero cuando miles de chilenos se sienten desamparados ante una pandemia implacable, la falta o ausencia del Estado se hace tan evidente como apremiante. Sin embargo, incluso sin pandemia o estallido social, el Estado chileno simplemente no existe para miles de compatriotas que terminan buscando en la solidaridad, la caridad, la organización social, pero también en el narcotráfico y la delincuencia, un sentido de pertenencia y protección.
¿Dónde estaba el Estado cuando se planificaron ciudades segregadas y desiguales?, ¿Dónde estaba el Estado cuando los chilenos se sentían estafados y abusados en casi cada área de la economía y la vida en sociedad?...¿Dónde?
En salud, quizás una de las mas sensibles áreas para la población, la incapacidad del Estado para responder a los requerimientos mínimos de los chilenos es dolorosamente patente en estos tiempos de calamidad sanitaria, y, es también, la oportunidad para el heroísmo de funcionarios y profesionales de la salud que hacen mucho mas de lo humanamente exigible, es la oportunidad de la solidaridad de un pueblo acostumbrado a hacer frente a la adversidad apoyándose mutuamente, pero, también es la zona gris en que se mueven quienes buscan sacar provecho personal de las carencias de los demás.
No faltan, ni faltaran, quienes ante la impotencia del Estado construyan una imagen de solidaridad como estrategia política, o peor, quienes se aprovechen de los mas necesitados para su provecho material.
La carencia de un Estado presente en la vida de los chilenos hace aparecer “viejos pascueros” de barrio, cumplidores de sueños infantiles, “doctores del pueblo” y un sin fin de figuras “alternativas” que buscan suplir precisamente esas falencias. A priori, no parece negativo, sin embargo, aunque se trate de iniciativas bien intencionadas, todo este sucedáneo de tejido social termina por empobrecer la organización real y subvencionar al verdadero responsable de satisfacer las necesidades de la población, o, al menos, generar las condiciones para ello: El Estado.
Cuando vemos en televisión a un médico, autodenominado “doctor del pueblo”, realizar atenciones aparentemente gratuitas, la nota periodística nos lo presenta como un desinteresado ejercicio de la profesión basado en la vocación, sin embargo, durante el “publireportaje” se distingue en la “clínica móvil” que el galeno promociona (un microbús acondicionado al efecto), una foto del profesional y su nombre con una tipografía propia de una campaña política, y descubrimos, desencantados, que se trata de un concejal de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, y, entonces, su actividad, y particularmente la publicidad de ésta, deja de parecer tan desinteresada.
El mismo personaje aparece luego, en otro reportaje televisivo, emitiendo órdenes para atenciones kinesiológicas, con profesionales que el propio concejal lleva a un centro comunitario al efecto, las que luego de atender efectivamente gratis a los vecinos, con sus datos compran centenares de bonos de atención en FONASA, en circunstancias que las atenciones no superan la decena, realizando así, a la luz del informe de la televisora estatal, y los testimonios de los afectados, un fraude por varios millones de pesos, lo que está siendo investigado por el Fondo Nacional de Salud.
En resumen, una carencia social y sanitaria de un Estado indolente y burocrático, termina siendo un peligroso vacío legal y ético que puede perjudicar doblemente a una ciudadanía ávida de soluciones y atención digna.
¿Es ético que un médico use su profesión y la necesidad de las personas como plataforma política?, ¿Es recomendable que la salud de las personas dependa de la caridad de personas bien o mal intencionadas?
El Estado deconstruído que nos legó la dictadura cívico militar parece ser solo una cáscara de autoridad y funcionalidad, en cada área que sea observada con detenimiento nos encontramos con falencias caricaturescas, fiscalizadores sin atribuciones o recursos para su labor, regulación de mercados centradas en que las empresas que prestan servicios tengan menos trabas, pero no en los ciudadanos que son abusados por éstas, y un larguísimo y patético etc. //ELF







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