Por Jorge Lindemann
Profesor de Estado y camarada DC
Durante 24 años estuve comprometido con una ONG colaboradora del Sename, se de tema, se de lo graves atropellos, vejaciones, maltrato y perversidad del Estado en contra de los "beneficiarios, usuarios o clientes" del Sename, se del negocio empresarial y conseciones políticas de los niños como mercadería económica subvencional.
Se de la ceguera inexplicable y cómplice de los gobiernos, agentes públicos y medios de comunicación. Se de la impresionante ignorancia y silencios de políticos y humanistas pensantes sobre derechos infanto-juveniles.
Ahora, si hoy, se está terminando de cocinar y ornamental una ley que deja todo igual, solo más maquillado y presentable. A ese Frankinstein que se armó a pedazos y parches desde la dictadura, ahora entra con un nuevo traje a la medida de esta sociedad neoliberal; pero es el mismo monstruo.
Los niños, niñas y adolescentes seguirán siendo una mercadería de transacciones políticas, religiosas y de control social. Seguirán siendo la escoria a la que hay que tapar, ignorar y contener.
Lamentable, mientras no tengamos un gobierno y un parlamento que entienda lo que es humanismo integral y justicia social como un digno derecho vital no hay nada más que hacer por hoy.
Chile es y seguirá siendo una vergüenza mundial en políticas de infancia.
Espero, como algunos dicen, que luego de esta pandemia cambiarán los paradigmas sociales, en que las cuarentenas nos harán pensar en el carnaval de mentiras en que vivíamos, pueda nacer una nueva ley de infancia y adolescencia, pero nacida desde una concepción inclusiva, de una infancia que es considerada persona y ciudadana, en una responsabilidad y no una carga. //ELF






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